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Martes, 12 de Diciembre de 2017

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A boca de urna (¿fiambre?)

A boca de urna (¿fiambre?)
- Foto: Reuters

En buena medida lo que hagas el domingo 15 dirá en el futuro cuál era tu posición en el entierro o la resurrección de la democracia venezolana, si paleabas para afuera o para adentro

Casi todas las mañanas voy adonde el chino en busca de queso de máquina –sí, muchachos, aquí hasta las máquinas dan leche–, jamón o salame para el desayuno, e invariablemente un flaco oriental y simpático, cuando me ve avanzar por el pasillo pregunta:

–¿Fiambre? –y no puedo evitar pensar que sí, pronto, si no empiezo a cambiar la dieta.

Estoy reciclando el título de una nota que escribí para Nelson a propósito de las elecciones fraudulentas para instalar la aún más fraudulenta ANC, que al final no se publicó. Lo retomo porque sigue teniendo más de un sentido para mí.

Estoy aproximándome a los sesenta sin seguro médico, sin pensión de jubilación, sin casa (excepto por Maite, que es mi hogar de cada día), sin oficio conocido o por conocer, recientemente sin país de origen y todavía sin saber si este será el de destino. Por eso es natural concluir que vivo a salto de mata, o a boca de urna.

Dada mi situación, ligeramente porteña, me tocará ver las elecciones regionales desde muy lejos (a unos 4.700 kilómetros de distancia en línea recta de la frontera sur, calculé una vez, o me lo dijo una página de internet que sirve para sacar esa clase de cálculos inútiles, pero interesantes), deseando estar allá, al menos por ese día, para votar por el candidato de la Mesa de la Unidad en Guayana y contribuir a evitar un posible fraude actuando como testigo en una mesa electoral, como me tocó hacer en las últimas elecciones legítimas que tuvimos, las de 2015, para elegir la Asamblea Nacional cuyos poderes Maduro y sus secuaces han pretendido desconocer y usurpar, a través del TSJ y de la ANC.

Porque huele a muerto, porque dependiendo del resultado de estas elecciones la dictadura de Maduro podría fortalecerse o comenzar la cuenta regresiva para su salida. La democracia en Venezuela, lo que queda de ella, se encuentra al borde de la fosa. Esta puede ser la última bocanada de aire democrático antes de que los sepultureros totalitaristas del PSUV y sus chacales de las fuerzas armadas terminen de cubrir con tierra el proyecto democrático iniciado en 1958, al caer la dictadura perezjimenista. Además, contando con el apoyo de aquellos del lado opositor que se han aliado con el gobierno al llamar a la abstención el 15 de octubre.

No voy a volver sobre las razones que apoyan la opción de ir a votar a pesar de todas las trampas y posibilidades de fraude, pues ya han sido enumeradas en montones de artículos y comentarios en la prensa y en las redes sociales; sólo recordar que en buena medida lo que hagas el domingo 15 dirá en el futuro cuál era tu posición en el entierro o la resurrección de la democracia venezolana, si paleabas para afuera o para adentro.

Como siempre, aunque el resultado sea a favor de la oposición esto no va a significar el fin de la lucha, pero sería un golpe serio al propósito cínico-militar de perpetuarse en el poder, y quizás un paso en la dirección correcta, la que debería llevarnos de nuevo, o por primera vez, a la construcción de un proyecto democrático basado en la ética, la equidad social, la división de poderes y el respeto a leyes con las que todos estemos de acuerdo, como en gran parte lo estamos con la Constitución del 99.

Volver a una democracia en la que puedas votar por la izquierda sin temor a que esta pueda ganar, porque de llegar a hacerlo actuará democráticamente, y no como presa de un enloquecido mesías, otro redentor uniformado de ego desmedido, rodeado de los carroñeros de costumbre.

Estas son mis ilusiones al pie de la fosa, mis proyecciones a boca de urna, y con el alma en vilo. ¿Fiambre? ¿O piensas votar?

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