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Miércoles, 29 de Marzo de 2017

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#AlgoNoTerminaDeCuadrar en este carnaval de demagogias

#AlgoNoTerminaDeCuadrar en este carnaval de demagogias
- elvenezolanonews

Y de pronto, entre miércoles de ceniza y sábado de octavita, llueven las piadosas intenciones de cuidar de nuestros pobres viejitos. ¿Qué dios Momo une a los que no soportan ni oírse pero tanto ríen?

Si fuese cosa de chiste, podría decirse que ahora todo mundo en Venezuela querrá ser viejo. Pero no, no es cosa de risa.

Es asunto muy serio el que la respetable Asamblea Nacional, unánimemente y de un solo plumazo de media tarde, le haya dado primera aprobación a la proyectada Ley de Bono de Alimentos y Medicamentos para Pensionados y Jubilados, que –supuestamente, y permítase por ahora sólo remarcar la cursiva– beneficiará a los tres y tantos millones de personas que hoy se inscriben en esa categoria.

Como serio es también, serísimo, que el no menos respetable Poder Ejecutivo responda a tan loable y cristiana iniciativa con la intención de –supuestamente– decretar atención gratuita y obligatoria en las instituciones médicas privadas para los 3.614.214 venezolanos que se encuentran en edad de merecer, o dígase de jubilación.

Más serio, señores, imposible.

La primera de esas medidas la promueve una oposición –o valga decir: el gobierno del Parlamento, del Poder Legislativo– que muy acertadamente insiste en recordarnos que el país está quebrado y Pdvsa –nuestra gallina de los huevos de oro– en bancarrota, y que ante esas dos realidades sostiene que no queda más opción que acudir al FMI y, en consecuencia, eliminar subsidios, acabar con los controles, reducir drásticamente lo que ese simpático organismo financiero llama "gasto social".Y sin embargo, hela ahí, propone y defiende una erogación adicional que, a razón de Bs 10.000 mensuales por jubilado, equivale anualmente a una de esas cifras difíciles de leer: un 360 seguido de nueve ceros. Detallito insignificante: que vea a ver el gobierno de dónde saca esa barahunda de ceros: que imprima el BCV más dinéro inorgánico.

La segunda, la contrapropuesta, la formula un oficialismo –o valga decir: la oposición del Parlamento: el gobierno del Ejecutivo– que con no menor acierto admite finalmente que esos riales no los tiene, como no ha tenido nunca manera de garantizarle a sus propios empleados –amparados todos por pólizas privadas– un medianamente decente sistema de salud pública, y que ante esas dos realidades sostiene que no queda más opción que acudir a Dios y, en consecuencia, limitar de hecho pero sin decirlo las pregonadas garantías de inclusión y de toda vaina –acetaminofén incluido–, olvidar un tantico la sacralidad de la Constitución Nacional y de sus derechos básicos, reducir –pues sí: drásticamente– aquello que el simpático discurso oficial llama “socialismo”. Y sin embargo, helo ahí, propone y defiende en contrarréplica una erogación adicional que, promediada en Bs 50.000 mensuales per cápita (según la Alianza Nacional de Usuarios y Consumidores, Anauco, eso o más es lo que cobra una empresa como Sanitas por brindar atención médica integral a un viejo de sesenta pa’lante), presupone al año otra cifra de aún más imposible lectura: Bs 2.168.545.200.000. Detallito de nada: eso que lo cubran las clínicas privadas: que le cobren más caro a los no pensionados.

¿O acaso no es serio todo esto? ¿O acaso es casual que los honorables diputados y los honorables ejecutivo-gobernantes, tan serísimos ellos que son, hayan esperado hasta después del miércoles de ceniza, se hayan precavido de adelantarse al sábado de octavita, para lanzar como de consuno –dijo alguien acaso que en la polarización no se unen los talibano-extremistas– este su verdadero carnaval de la demagogia?

Es en serio, señores. La honorable Asamblea sabe perfectamente bien que el Ejecutivo no tiene ni manera ni con qué honrar la bendita ley que se propone aprobar. El Ejecutivo sabe muy de sobra que su propuesta de atención gratuita es sencillamente inviable, pues significaría la inmediata debacle del último reducto donde, siquiera a cambio de un ojo de la cara, es posible sanar de una conjuntivitis simple.

¿Es usted viejo? ¿Le arden a usted los ojos por algún bicho-bacteria o nomás de tanto ver la misma falsedad en tantas bocas? Jódade. Ni que pague ni que no pague: jódase.

Queríamos separación de poderes. Bue, ahí los tenemos, ahí están, pues. Y tan democráticamente, que ahí están puesticos juntos, uniditos juntos, entendiditos juntos y con un solo y mismito mensaje: Los viejos que se jodan, señores, que sólo para burla sirven.

Los viejos –3.614.214 venezolanos al decir del INE 2015, tan trabajadores o flojos como somos todos, pero mayorcitos ya y desvalidos muchos– no son sino el baratillo de la piñata: el bichito plástico, el papelillo: palo con ellos, señores: que se jodan. Vamos juntos a burlarnos de sus bastones, de sus cataratas, de sus canas y calvicies y dolencias y desgracias.

¿Seriedad? Seriedad la de la Fania, que hasta lo cantaba: Quítate tú/ pa’ pone’me yo,/ quítate tú.

Desesperanza. Vaina tan peligrosa. Diga alguien luego si está pa’ chiste la cosa.

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