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Viernes, 22 de Septiembre de 2017

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Diversidad en perspectiva

Arquetipos de la feminidad en la sociedad patriarcal

Arquetipos de la feminidad en la sociedad patriarcal
Le'invention de la vie. René Magritte. Foto: Google Images. -

La mujer estéril, la mujer que no quiere procrear y la mujer que ya no puede procrear desde esta perspectiva son disfuncionales y prescindibles...

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  • Esther Pineda G.
  • Miércoles, 30 de Septiembre de 2015 a las 5:46 a.m.

A las mujeres se les niega en las distintas etapas de su vida el derecho a ser mujer, conocer y disfrutar su cuerpo, pero al mismo tiempo desde la infancia se les enseña a ser madres y esposas, se les convierte en instrumento de reproducción

En nuestras sociedades el ser y quehacer de las mujeres se desarrolla en torno a lo permitido y lo sancionado; por un lado como afirmase Friedrich Nietzsche en su libro La gaya scienza “todo el mundo está de acuerdo en educarlas in erotics [en asuntos eróticos] lo más ignorantes que sea posible”, pero de manera contradictoria, por otra parte, se les exige ser seres sexuales, sexualizadas, disponibles para la satisfacción del deseo incontenible de los hombres.

A las mujeres se les socializa para la virtud, la cual solo es posible alcanzarla a través de la castidad y la renuncia de la sexualidad para el placer. A las mujeres se les niega sistemática y repetidamente a lo largo de las distintas etapas de su vida el derecho a ser mujer, conocer y disfrutar su cuerpo, pero al mismo tiempo desde la infancia se les enseña a ser madres y esposas, se les convierte en instrumento de reproducción.

Así mismo, a las mujeres en una estructura social patriarcal se les exigen pruebas de amor, pero se les obliga a cargar solas con esos hijos fruto de ese amor sexualizado y exigido. A las mujeres la iglesia las condena por usar anticonceptivos y evitar un embarazo no deseado para luego condenarlas por interrumpirlo; a las mujeres en nuestra sociedad se les toma por la fuerza, se les abusa, se violan y además se les condena a rememorar la vulnerabilidad y la humillación de haber sido violadas al obligárseles a tener los hijos de su violador.

En este contexto el condicionamiento de la naturaleza y la capacidad física-biológica de dar vida deja de ser una posibilidad para ser necesariamente una obligación; la mujer debe cumplir con la función biológica y social que se le ha asignado, esta es, ser madre, procrear. De no ser así, la mujer ha incumplido, transgredido el orden natural, biológico y social, es decir, no cumple ninguna función social, y por lo tanto carece de valor su existencia.

La mujer estéril, la mujer que no quiere procrear y la mujer que ya no puede procrear desde esta perspectiva son disfuncionales y prescindibles en la organización social, razón por la cual son frecuentemente desatendidas y obviadas en las políticas públicas.

La atención está permanentemente dirigida a las madres reales y las madres potenciales, es decir, aquellas que aún no son madres pero que tienen la posibilidad o desean serlo en el futuro. Gran proporción de estas madres potenciales son las niñas, quienes se les condiciona desde sus primeros años de vida para el rol que deberán desempeñar a lo largo de su vida, que no es ser mujer, sino ser madre.

La mujer en nuestra sociedad desconoce el ser mujer, y experimenta el ser mujer de acuerdo a la expectativa social, es decir, el ser madre, pues la maternidad se convierte en sinónimo y expresión del ser mujer, medio único e irrenunciable para la realización de la feminidad.

Es desde esta perspectiva que enarbolamos el empoderamiento como mecanismo único de la superación de la situación de subordinación de la mujer en la sociedad actual; empoderamiento social entendido como el poder de cuestionar, decidir y subvertir la expectativa social que sobre la mujer pesa, es decir, el empoderamiento como la capacidad de hacer ruptura, de tomar decisiones capaces de contravenir el orden social establecido.

Hacerse del poder de decidir sobre sí mismas, sus cuerpos, su sexualidad, su maternidad; un verdadero empoderamiento que surja como proceso de deconstrucción del femenino pensado, construido y legitimado desde la lógica patriarcal, aunado a la necesaria e imprescindible redefinición de las concepciones propias y colectivas sobre el ser mujer.

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