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Miércoles, 29 de Marzo de 2017

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

¡Ay, Carmina!

¡Ay, Carmina!
- Foto: Cortesía Euroscopio

En el Festival de Cine Europeo 2017, Euroscopio, España está representada por la ópera prima del actor Paco León, “Carmina o revienta”, una tragicomedia que retrata a un país matriarcal

Hace ya cinco años, el actor y comediante español Paco León, que se hizo famoso por sus imitaciones de la animadora de televisión Raquel Revueltas, sumó a su hoja de vida los oficios de productor y director de cine. Lo hizo con Carmina o revienta, título que por mera similitud recuerda a aquella película que dirigió Vicente Aranda en 1987, El Lute: camina o revienta, en la que Imanol Arias encarna a un hombre extremeño que es detenido por robar unas gallinas y al salir de la cárcel hace lo propio en una joyería, por lo que es sentenciado a la pena de muerte, condena que luego se le conmuta a cadena perpetua hasta que escapa de prisión y termina perseguido por la Guardia Civil.

No hay conexión posible entre la ópera prima de León y ese cruel retrato de la crisis social y moral en la España posfranquista que captó Aranda, mientras a Almodóvar le daba por sacar historias de la movida madrileña. Eran dos Españas distintas: una totalmente degradada y empobrecida y otra que gozaba hasta el desvarío de la naciente democracia, de la libertad en un rango que iba de lo más excelso a lo más soez.

En esas Españas no encaja la historia de Carmina o revienta. No, por lo menos de manera evidente, pues Paco León logra exponer desde una óptica ficticia pero con claros coqueteos formales con el documental, la realidad de un país que en 2012 todavía conservaba (ayer y hoy, igual) un carácter provinciano, pueblerino, propio del filme de Aranda, y una inexistente visión de futuro en las nuevas generaciones, característica de los personajes almodovarianos.

Carmina o revienta cuenta la historia de una mujer de 58 años, pasada de peso y que fuma en exceso. Ella, que es interpretada por Carmina Barrios, en la realidad, la madre del cineasta, es propietaria de un modesto bar en las afueras de Sevilla. Mirando directamente a la cámara, desde la mesa de su pequeño apartamento, Carmina le cuenta –más bien, rumia– al espectador algunos aspectos de su vida, sus angustias: desde su adicción al cigarrillo que comenzó a consumir a los siete años porque su abuelo le enseñó; hasta los dolores de cabeza que le causa su hija María (María León, hermana del director), a la que le critica todo, su forma de vestir, la amiga con la que habla por teléfono y, especialmente, su falta de expectativas; pasando por un esposo que la ayuda en el negocio, pero que prácticamente es inexistente.

Varios flashbacks a tiempos recientes, dan cuenta de un problema que está afectando el sustento de Carmina y su familia: el bar ha sido robado varias veces. Y con respecto al seguro, lo dice la misma protagonista: “Siempre me toca bailar con el más feo. La que se jode siempre soy yo”; es decir, no puede recibir una indemnización porque o le faltan las facturas de los artículos robados o porque la puerta de su negocio no ha sido forzada.

Una mujer sola contra un mundo lleno de calamidades. Pero esta matriarca no se amilana y sabe cómo salir ilesa de los entuertos: si chocan su destartalado vehículo, por ejemplo, Carmina recurre a su firme convicción de que más le creerán las autoridades de tránsito a una mujer sesentona que al responsable de la colisión, aunque el coche lo manejara María, quien no tiene licencia de conducir. “¡A ve’ si vamos arreglando esto, mi arma, porque ya estoy sintiendo los latigazos der golpe!”, dice segurísima de que saldrá favorecida.

Y hasta es capaz de romper una botella en su frente para amenazar al cobrador de una factura de que lo acusará ante los representantes de la ley de haberla agredido.

Así, pues, esta España que retrata Paco León en su ópera prima –por cierto, de esta cinta se realizó una segunda y última parte titulada Carmina y amén, de 2014– sigue siendo tan tragicómica como la que explayó en el cine el gran José Luis García Berlanga. Pueblerina y alegre. Desenfadada. Acostumbrada al agobio de la precariedad. Astuta para zafarse de los problemas de la cotidianidad. Cutre, pero entrañable. Siempre en el último peldaño del ascenso al primer mundo. A veces truhana, a veces rebelde. Fumadora empedernida. Apasionada y dominante como la Carmina que hace lo que sea por los suyos.


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