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Lunes, 24 de Septiembre de 2018

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

Dos perseguidos

Dos perseguidos
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A principios de noviembre se estrenará “Bárbara”, segundo filme de ficción de John Petrizzelli, en el que un viejo travesti y un joven campesino se alían para huir de un mundo que los persigue

El segundo largometraje de John Petrizzelli, después de Er relajo der loro, está atravesado por la necesidad del cineasta de contar la historia de la amistad entre dos seres rechazados por la sociedad, perseguidos por sus circunstancias. Se llama Bárbara, y en él seguimos en una especie de viaje imprevisto y urgente a Bárbara, un travesti a las puertas de la tercera edad, y a Sixto, un joven del llano obligado a huir de los traficantes de drogas que lo han dejado sin familia.

La premisa que facilita el encuentro entre Bárbara y Sixto es más que revelador. Por una parte, el travesti es un hombre que ya no encaja en los clubes cuya nocturnidad le permite ser como se siente: ella, diva y divina. Sus carnes ya no son firmes y la competencia de las más jóvenes es brutal. Es un ser humano rechazado por el inexorable paso del tiempo y, por ello, decide vengarse del dueño del local en el que era la estrella robándole un maletín muy preciado para él.

Por la otra, Sixto, un muchacho retraído y hasta inocente que lo pierde todo, incluida su familia, y hasta debe escapar de la persecución de unos narcotraficantes que operan con toda libertad por esos pueblos perdidos del país.

Planteada la situación de los dos protagonistas de Bárbara, John Petrizzelli se sumerge en el planteamiento que más le interesa: el de dos hombres que el destino hace coincidir para que uno y otro se curen las heridas que les ha dejado la sociedad. Y lo hace con una estructura de road movie que no está bien plasmada en el guion, quizás por falta de secuencias en las que se vayan revelando las experiencias que, finalmente, harán evolucionar a los personajes.

Evoluciona, eso sí, la relación entre ellos: de tirantez a desconfianza, de desconfianza a compañía, de compañía a complicidad… Eso está en Bárbara, un filme de gran valor humanista que coloca a estas dos criaturas en el mismo plano, sin superioridades ni pequeños liderazgos, sino empecinadas en procurarse una mejor vida de la que les ha tocado.

Decía el propio Petrizzelli al periodista Fernando Javier Carrero: “En esta película hay un elemento importante porque Bárbara es gay, pero el mundo donde se mueve no es gay, a mí me interesaba más cómo ese personaje que es un ave que se supone que es toda multicolor y vistosa, va perdiendo el plumaje a lo largo de la película y va quedando desnuda”.

Y ese contrapunto que termina siendo una unidad está muy bien reflejado por los actores Alberto Alifa, como Bárbara, y el debutante Ray García, como Sixto. Con su veteranía en la actuación, Alifa sabe cómo intimidar a su contraparte sin que se malinterpreten sus intentos por acercarse al esquivo campesino, que muy sutilmente entiende que él y su afeminado compañero son, en realidad, iguales.

En cuanto a las locaciones del filme, estas se ajustan a lo que la historia precisa, pero, repito, el trayecto espacial de los personajes resulta aquí un poco desorientador, lo cual entorpece un tanto la fluidez narrativa y discursiva de la historia. Aun así, la sensibilidad de Petrizzelli no solo es capaz de hacer un guiño a Priscilla, la reina del desierto sin que la atención del espectador se queda anclada en la famosa cinta queer australiana, sino de convertir a esta peculiar Bárbara en una reencarnación del personaje por antonomasia con el que Rómulo Gallegos contrapuso la barbarie y la civilización.

Hubiese sido muy interesante que, más allá de la peripecia de Bárbara y Sixto, el guion y la puesta en escena de Petrizzelli reservaran algunos momentos del filme a representar con imágenes ese tenue reacomodo que se advierte en el personaje que encarna Alifa: de frágil queer a digna “hembra” masculinizada.


@juanchi62

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