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Viernes, 09 de Diciembre de 2016

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Opinión

Politeia | Visión histórica de la sociopolítica venezolana

El diálogo de Maslow

El diálogo de Maslow
Imagen tomada de http://ceiformacion.blogspot.com/ -

Maslow sostuvo que sólo las necesidades no satisfechas influyen en el comportamiento de todas personas, pues la necesidad satisfecha no genera comportamiento alguno. ¿Por qué razón, entonces, tienen que sorprendernos tanto los resultados de la última encuesta de Datincorp?

Si además de psicólogo, Abraham Maslow hubiese sido un líder político venezolano de nuestro tiempo, seguramente la realidad nos habría deparado la insólita ironía de verlo conducir victoriosamente los primeros 6 meses de lucha de la Asamblea Nacional

Abraham Maslow fue el psicólogo que expuso la célebre teoría sobre la jerarquía de las necesidades humanas, mejor conocida como la Pirámide de Maslow. En su obra, Una teoría sobre la motivación humana, sostiene que los seres humanos se mueven conforme a una serie de necesidades que van de menor a mayor grado; a las de menor grado las llamó necesidades básicas y, a las de mayor grado, las llamó necesidades de autorealización. Estas necesidades están organizadas en una pirámide de cinco niveles y expuso que los seres humanos, conforme satisfacen las necesidades más básicas de los niveles bajos, avanzan hacia la satisfacción de necesidades y deseos más complejos y del nivel más elevado. Los cuatro primeros niveles pueden ser agrupados como necesidades de déficit que resultan primordiales para todo ser humano. Al nivel superior lo denominó motivación de crecimiento, o necesidad de ser. La idea central es que los seres humanos sólo atienden necesidades superiores cuando han satisfecho las necesidades inferiores. Todos aspiramos a la elevación, pero sólo después que hemos pasado por la satisfacción de los aspectos más básicos de la existencia. Las fuerzas de crecimiento dan lugar a un movimiento ascendente en la jerarquía, mientras que las fuerzas regresivas empujan las necesidades prepotentes hacia abajo en la jerarquía.

¿Y cuáles son esas necesidades básicas? Las necesidades fisiológicas (respirar, beber agua y alimentarse, en primer lugar), dormir o descansar, evitar el dolor y mantener la temperatura corporal, a través de la vestimenta. Una vez satisfechas las necesidades fisiológicas surgen las de seguridad y protección, que son las que se refieren a la integridad del propio cuerpo, a su salud y buen funcionamiento. Y sólo cuando estas también han sido satisfechas, aparecen en el escenario de las preocupaciones humanas las necesidades sociales que refieren a la amistad, pareja, colegas y familia, pues estas tienen que ver con la aceptación social. Este grupo de necesidades satisfechas es el que empuja hacia el nivel de la estima, o reconocimiento, el respeto, la reputación, la dignidad, la confianza, la independencia y la libertad, el sentido de vida y la valoración como individuo que puede escalonar y avanzar hacia la necesidad de la autorrealización, es decir, hacia una necesidad ya no fisiológica, sino psicológica y que constituye la necesidad más elevada del ser humano, se halla en la cima de las jerarquías, y es a través de su satisfacción que se encuentra una justificación o un sentido válido a la vida, mediante el desarrollo potencial de una actividad. Se llega a ésta cuando todos los niveles anteriores han sido alcanzados y completados.

La principal característica de estas personas que Maslow llamó “Autorrealizadas” es el de ser personas “Centradas”. Centradas en la realidad, que enfrentan los problemas enfocados en sus soluciones, sus significados y sus objetivos. Por último, Maslow sostuvo que sólo las necesidades no satisfechas influyen en el comportamiento de todas personas, pues la necesidad satisfecha no genera comportamiento alguno.

¿Por qué razón, entonces, tienen que sorprendernos tanto los resultados de la última encuesta de Datincorp? Ese espectacular trabajo de campo revela que más del 80% de los venezolanos cree que el diálogo es necesario, y dentro de ese universo, un 56% cree que los principales temas que deberían ser abordados en las Mesas de Diálogo deberían referirse a la inseguridad y a la escasez de alimentos. Resulta revelador que un 89% piense que la responsabilidad de la horrible crisis recae exclusivamente sobre el gobierno, pero sin embargo, sólo un 22% cree que la Mesa de Diálogo debería darle especial relevancia al tema de la salida de Nicolás Maduro. Y en esa línea de revelaciones, sorprende también que sólo un 2% de los venezolanos crea que el Diálogo deba preponderar el delicado asunto de los presos políticos, sin que nadie, en honor a la verdad, crea que los venezolanos sean insensibles a ese tema que atañe a los derechos humanos; lo que puede ser probado, además, con el sensible crecimiento como partido político de Voluntad Popular, la organización más atacada por el gobierno y la que sufre la mayor cantidad de presos políticos y detenciones arbitrarias.

Sin que nadie pretenda ocultar los errores que haya cometido la MUD en la conducción de la resistencia (errores, no traiciones, como injustamente pretende hacer ver un sector de la oposición), el resultado de la encuesta de Datincorp también revela que fue acertado presionar al gobierno para que en el Diálogo se le diera especial importancia al asunto de la apertura de un canal humanitario con el cual enfrentar la escasez de alimentos y medicinas, dos de las necesidades de déficit más sensibles al sufrimiento actual de los venezolanos. La resolución de esa necesidad es un asunto que corresponde por lógica al gobierno, pero como ha fracasado allí, debió serle particularmente chocante tener que aceptar que la odiada oposición los obligara a compartir el tema y sus posibles soluciones en una Mesa que debería dar resultados positivos.

Los números de la encuesta de Datincorp revelan, de manera contundente, que las bases sociales venezolanas, conmovidas por la terrible crisis, se alejan decididamente de los extremos radicales, tanto de los que aspiran a una guerra civil desde el gobierno, como de los que juegan a un todo o nada desde las trincheras de la oposición democrática. Ese centro democrático, cuya ruta está siendo señalada por la propia ciudadanía, en medio de su sufrimiento, debería ser la señal que adopten los líderes políticos más sensatos de ambos bandos, antes de que la misma desesperación que hoy lo aconseja, borre su delimitación y se incline hacia alguno de sus extremos, empujado por la no resolución de las necesidades crónicamente deficitarias.

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