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Jueves, 08 de Diciembre de 2016

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

El país de los intentos

El país de los intentos
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El nuevo documental de Carlos Oteyza, CAP 2 intentos, con más de mil imágenes de archivo, revisa los dos gobiernos del expresidente Carlos Andrés Pérez, y con ello, expone dos Venezuela distintas: la saudita y la del “Caracazo”

Venezuela es el país de las coyunturas. En toda su historia contemporánea, o precisemos, en su etapa democrática, ha sido imposible que quienes han conducido los destinos de la nación estructuren un modelo político, social y económico duradero, más o menos ajeno a los vaivenes del mercado petrolero, el Dios y el Diablo de nuestra historia reciente. Mucho de ello está en el nuevo documental de Carlos Oteyza, CAP 2 intentos, que se estrena hoy en 24 salas de todo el territorio nacional.

El filme -sustentado en más de mil imágenes de archivo y en testimonios de expertos como Arístides Hospedales, Arnoldo José Gabaldón, Carlos Blanco, Diego Arria, Eduardo Fernández, Miguel Rodríguez, Moisés Naím, Oswaldo Álvarez Paz, Reinaldo Figueredo, Felipe González, Enrique V. Iglesias, Oscar Arias y Terry Lynn Karl- muestra dos países totalmente opuestos.

El primero de ellos corresponde a la Venezuela que gobernó Pérez entre 1974 y 1979, la de la nacionalización de las industrias básicas (el hierro y el petróleo), cuyos inmensos y súbitos ingresos instalaron una ceguera colectiva que se hizo patente dentro y fuera de las fronteras nacionales. Era el país más rico del continente (y cuidado si no del mundo, eso creíamos). El país de las fiestas con abundante escocés y langosta de pasapalo. El país al que venían las estrellas del momento. Y, quizás, la imagen que mejor supimos dar de nosotros mismos: la del país consumista, la del “tá barato, dame dos”, la de los constantes viajes a la meca del consumismo, Miami.

La otra Venezuela, por el contrario, no sólo fue la de las vacas flacas, la del descenso de los precios del barril de petróleo, sino la que en cuestión de una década (el segundo mandato de CAP se inició en 1989 y duró hasta 1993) mostró al mundo una insólita cara del país, ahora empobrecido, hambreado, quebrado, sin reservas internacionales y, por añadidura, con una democracia que de sólida pasó a inestable, un sistema político añorado antes por muchos latinoamericanos, pero ahora acosado por intentonas golpistas.

Ese es el contraste más inquietante que Oteyza logra mostrar en su documental. De la Venezuela rica a la Venezuela pobre. Y en ambas, como protagonista, un hombre que pasó de líder mundial, enérgico y carismático, a un político desprestigiado, acusado de corrupción, separado del poder por un antejuicio de mérito. Porque eso fue Carlos Andrés Pérez: la cara del triunfo y la de la derrota. La del adeco que llegó al gobierno por el voto apasionado, irracional y mayoritario de los venezolanos, siempre anhelantes de un mesías que resolviera sus problemas, y la del presidente que no supo cómo manejar una desbordada situación de caos y violencia social como el “Caracazo”, y a la que esa misma masa de votantes repudió luego de haber, prácticamente, idolatrado.

Carlos Oteyza (guión y dirección), Lorena González Di Totto (productora general y asistente de dirección), Giuliano Ferrioli Minardi (montaje), Branimir Caleta (fotografía), Israel García y Giuliano Ferrioli (postproducción), Daniel Espinoza (música original), Orlando Andersen (mezcla y banda sonora) y Gladys Rodríguez (locución) se acoplaron de manera bastante orgánica para ofrecer una obra que, dada su cercanía identitaria con el espectador, sugiere un viaje en una montaña rusa en la que la gente, todo un país, se dejó llevar a ciegas: del optimismo a la decepción, del amor al odio, del delirio de ser lo que no éramos a la verdad de lo que somos.

Como dice el propio Carlos Oteyza: “La Gran Venezuela fue una ilusión”. Lástima que los ciudadanos de este país nos dejamos obnubilar por ella, nos entregamos a sus falsas bondades y nos dejamos embriagar para luego despertar con una resaca que todavía hoy no se quita.

Justo y necesario es que con obras como CAP 2 intentos se nos invite a la reflexión. El pasado hay que contarlo para entender lo que nos sucede en el presente. En años recientes, el barril de petróleo superó la barrera de los 100 dólares. Hoy difícilmente logra colocarse por encima de los 40 dólares. Y, de nuevo, el Estado paternalista, demagogo y todopoderoso, somete a toda la nación a los rigores de una efímera bonanza y una pobreza real de la que, ¡peor aún!, no quiere darse cuenta.

Así, seguimos siendo los habitantes de la vieja casona de la obra teatral Profundo, de José Ignacio Cabrujas, a la que una pitonisa/gobierno les augura una riqueza fácil e inmediata que se halla en el subsuelo de la casa. Prestos a llegar hasta el “cofre de las morocotas”, los dueños/país abren un boquete inmenso en su casa, sin importarles el daño que causan a la estructura, y cavan, cavan, cavan hasta que llegan a una tubería de aguas sucias de la que surge una sustancia viscosa y putrefacta… como el petróleo.


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