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Sábado, 20 de Octubre de 2018

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Arte y Cultura

"El testamento del dragón" reúne los aforismos del escritor y activista ambiental

El poeta Homero Aridjis: He trabajado con la muerte desde que tenía 10 años de edad

El poeta Homero Aridjis: He trabajado con la muerte desde que tenía 10 años de edad
"La poesía llega cuando quiere, y puede llegar como un diluvio de palabras, de imágenes; uno puede escribir cinco poemas juntos, y pueden pasar meses y uno no escribe nada", afirma Aridjis - Foto: EFE
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  • EFE
  • Domingo, 22 de Abril de 2018 a las 12:50 a.m.

El mexicano Aridjis relata que "despertó poeta" de un accidente que sufrió en su niñez, el cual también avivó su interés por la lectura, por los libros y por los versos

Cuando tenía 10 años, el poeta Homero Aridjis casi perdió la vida después de que se le disparara una escopeta en el vientre. Desde entonces, y sintiéndose un "resucitado", ha tejido una estrecha relación con la muerte, que ha desembocado en su obra El testamento del dragón.

"He trabajado con la muerte desde que tenía 10 años", afirma el escritor y activista ambiental mexicano (Contepec, Michoacán, 1940) en una entrevista con EFE.


Al igual que una persona hace su testamento con todas sus propiedades, Aridjis quiso en su nuevo libro aunar aquellas experiencias "vitales, intelectuales y espirituales" que ha ido recopilando, así como la "sabiduría prestada" de otros autores.

El testamento del dragón, nombre que recibe porque 1940 fue el año chino de esta criatura mitológica, está construido a base de aforismos, fragmentos de obras (entre ellas algunas de sus admirados San Juan de la Cruz y Dante) y apuntes personales, como un listado de vivencias que al poeta le habría gustado tener.

"Me propuse hacer tres libros antes de que llegue a la cima de mis 80 años: este de aforismos, uno de poesía y una novela", explica Aridjis, quien se ha basado para la escritura de este volumen en un documento en que, desde hace dos décadas, acumula los aforismos que se le van ocurriendo.

El responsable de títulos como Mirándola dormir o Memorias del Nuevo Mundo asegura que no hay forma de que la escritura de poesía o de aforismos sea sistemática, ni se puede encajonar en una rutina.

"La poesía llega cuando quiere, y puede llegar como un diluvio de palabras, de imágenes; uno puede escribir cinco poemas juntos, 10, o pueden pasar meses y uno no escribe nada", afirma.

Por eso, el escritor considera que vive "en un estado de poesía", siempre "preparado" para recibirla.

Este arte, además, ha sido una herramienta que ha utilizado para salir adelante en unos tiempos que califica como de "destrucción de la naturaleza".

Reconoce que siempre ha tenido el temor de que el apocalipsis sea obra del hombre, así como pánico de que comience una guerra nuclear como consecuencia de una "banalidad de la destrucción" como la que se ve en la película Dr. Strangelove de Stanley Kubrick.

"El hombre tiene que sobrevivir esas amenazas por espíritu", apunta el impulsor del Grupo de los Cien, movimiento para ayudar a la protección de la naturaleza mexicana y latinoamericana.

En estos momentos, el autor está escribiendo una novela "semiautobiográfica". No quiere que su libro acabe "preclasificado" como una novela autobiográfica ni contar al detalle una "cronología", sino que va a ser un relato "espiritual y novelado", en el que queden ficcionadas sus experiencias y las personas que ha conocido.

Dentro de esa narración, abundará en las que, para él, son las dos edades claves en la vida de una persona, la infancia y la juventud; es decir, el periodo de formación.

Aridjis relata que "despertó poeta" del accidente que sufrió en su niñez, el cual también avivó su interés por la lectura, por los libros que su padre le llevaba cuando estaba ingresado en el hospital de Toluca, en el centro de México.

Le regalaron Sandokan, de Emilio Salgari, y un libro de cuentos de los hermanos Grimm. Mi padre "los trajo y los devoré. Pedí más, me trajo más, pero al día siguiente se acabaron los libros en la papelería de Toluca", bromea.

Cuando regresó al pueblo, siguió leyendo de forma incansable, cruzándose con obras que le marcaron, como La Odisea, de Homero: "En una traducción atroz, argentina, pero en ese tiempo no me importó porque lo leí como un libro de aventuras, un libro fantástico de aventuras".

Años después, en un texto de El testamento del dragón incluye esta obra de Homero como uno de aquellos libros que leyó con tanto interés como si los estuviera escribiendo él mismo, como también le pasó con Los hermanos Karamazov, de Dostoievski, La metamorfosis, de Ovidio, o David Copperfield, de Dickens.

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