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Martes, 25 de Septiembre de 2018

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En seis meses la iglesia Renacer pasó de repartir de 300 a 1.500 almuerzos diarios

En la Iglesia Renacer se hacen milagros: evangélicos alimentan cada día a 1.500 personas

En la Iglesia Renacer se hacen milagros: evangélicos alimentan cada día a 1.500 personas
Muchos de los asistentes, cuando no comen en la iglesia, buscan en la basura - Fotos: Rafael Briceño - Contrapunto
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  • Luna Perdomo | @LunaPerdomo
  • Domingo, 18 de Marzo de 2018 a las 12:55 p.m.

La iglesia Renacer, ubicada en la Candelaria, no solo brinda el servicio de comida, sino que también dona ropa y medicinas

Las colas en la iglesia Renacer por un plato de comida comienzan a las 5:00 am. Hace seis meses se hacía una sola fila y las personas se formaban desde las 10:00 am. Ahora se organizan en distintas filas por todos los costados del centro cristiano ubicado en la parroquia Candelaria, en Caracas.

Antes la mayoría de los asistentes eran adultos mayores. En la actualidad, la diversidad puede notarse: hombres y mujeres jóvenes, abuelos, niños, trabajadores, pensionados y familias enteras acuden a la iglesia en busca de un almuerzo para llenar sus estómagos, aunque sea una sola vez en el día.

William José, un señor de 65 años, siempre procura ser el primero en la fila para poder asegurarse la comida. De lunes a viernes sale de madrugada de La Vega, donde vive, para llegar a la Candelaria antes de que salga el sol. “Llego a las 5:00 am porque vienen más de 1.500 personas a comer”, contó.

“Lo que no hace el Gobierno, lo hace la iglesia”, celebra William porque es la única forma que tiene de alimentarse y de llevarle algo a su madre de más de 80 años, único familiar que tiene.

William José no tiene trabajo porque -según asevera- a su edad nadie lo emplea. Cuenta que antes tenía una parcela en Carayaca y "sembraba yuca, cambur y ocumo, pero me invadieron hace 10 años y desde entonces no tengo trabajo. Gracias a Dios no tengo hijos porque ¡cómo sufrieran!”.

La única comida completa que hace William es el almuerzo que recibe en la iglesia. De resto, come “bollitos de pan” que compra a 3 mil o 4 mil bolívares cada uno, o registra bolsas de basura para ver qué consigue. Sin embargo, no ha hurgado más las bolsas de desechos porque hace poco le dieron un machetazo en el brazo derecho cuando revisaba bolsas en San Juan. “Este machetazo me lo dieron los colectivos un día a las 3:00 de la tarde cuando registraba una bolsa de basura”, acusó William.

Los fines de semana acude a otras iglesias cristianas que también reparten comida, ubicadas en La Pastora o Montalbán.

William José perdió todas las esperanzas en las autoridades. “¿Qué llamado le puedo hacer al Gobierno? He firmado para ver si sacan a ese hombre, porque aquí no se consigue nada”, agregó.

Proyecto José

Este proyecto de la Catedral Renacer se llama "José" y “abarca muchas cosas: no solo la necesidad de comida, sino también de ropa, medicinas, de techo, porque muchos viven en la calle y queremos ir alcanzando otras cosas”, explicó el pastor Paul Flandinette, quien está a cargo de la congregación.

En septiembre de 2017, el pastor y su esposa, Luisa de Flandinette, contaron que esta actividad de socorro la llevaban con discreción porque no tenían capacidad para satisfacer a “un montón de gente”. En ese momento, repartían 316 almuerzos cada día.

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Ahora atienden a diario a 1.500 personas. “El punto más alto al que hemos llegado es 1.600 personas en un día, pero no bajamos de 1.000”, dijo Flandinette. “No siento temor de quedarnos cortos con la comida porque cuando le creemos al Señor, las cosas sobrenaturales pasan”.

Gran parte de la comida que se prepara en esta iglesia es enviada por el obispo Jesús Pérez, responsable de la iglesia. “Ahorita nos están mandando de los Estados Unidos el mayor volumen de comida. También estamos esperando un hermano que viene de Barinas y de Los Andes y trae papas, zanahoria, cebollín y otras cosas”, detalló el pastor.

De EEUU les envían pasta, arroz, azúcar, tomates en lata y tomates pelados. El diezmo y las ofrendas también se usan para comprar alimentos en el mercado de Coche, casi siempre aliños y verduras.

El obispo Pérez también envió un lote de ropa nueva y otro de ropa usada que ya está siendo seleccionada para entregarla el Día de las Madres en una celebración especial.

Paul Flandinette afirmó que esta es la única iglesia con este proyecto, a pesar de que el obispo Pérez asesora otras del país. “Esta es la única con este programa, pero pretendemos abrir otras iglesias que sean nuestras, en el interior del país y en el exterior”, reveló.

“No teníamos qué comer y vinimos”

Scarlet González (23 años) y Jonathan Yoendri (25 años) son esposos y tienen dos hijos: una niña de un año y un recién nacido de un mes. La pareja conocía de la actividad en la iglesia, pero nunca había acudido. “No habíamos venido porque no nos había faltado comida, pero como hoy no teníamos qué comer, vinimos”, contó Scarlet mientras esperaba en la cola su turno para comer.

Jonathan trabaja en el área de mantenimiento en una panadería en la Candelaria, pero su salario no le alcanza para mucho. “Gano sueldo mínimo y sin cestaticket, porque me lo quitaron hace dos meses, y no me alcanza para nada”, contó el joven, con la mirada cabizbaja.

Los alimentos básicos de esta familia son el fororo y el pan. “En la mañana la niña come fororo y, si compramos pan, le damos. En la noche, si tengo harina le hago arepa. A mediodía también comemos pan”, relató la madre.

Esta familia come diferente cuando le llega la caja CLAP. El único kilo de leche que trae la caja lo rinden para poder hacerle tetero por dos meses a la pequeñita de un año. “Al fororo le pongo azúcar y un poquititico de leche para rendirla, porque la caja llega cada dos meses. Ahorita la pagamos a principios de marzo y la estamos esperando”, indicó la mamá.

No obstante, Scarlet afirmó que no sienten que hayan perdido peso porque “cuando llega la caja comemos bastante. Ni siquiera salimos a trabajar: nos quedamos comiendo como para reparar lo que no hemos comido antes”.

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En la basura buscan para desayunar y cenar

Seis jóvenes -cuatro hombres y dos mujeres- asisten a la iglesia desde hace dos meses para comer, pero también para acudir a los servicios religiosos. Todos están en situación de calle y duermen “en un escondite en Catia que hemos preparado poco a poco”, dijo uno de ellos.

Brayan Rojas es una chica de 27 años que se vino hace tres meses de oriente en busca de trabajo “porque allá no se consigue nada”, afirmó.

Rojas vive con sus amigos en la calle y en oriente dejó a dos hijos a cargo de su abuela: uno de 10 años y uno de 9. “Ellos comen de las verduras de la hacienda de mi abuela. Comen ocumo chino, ñame y pescado de la playa”, relató.

Para desayunar y cenar, los seis jóvenes -todos menores de 30 años- buscan en la basura. “Reciclamos de la basura y eso lo cocinamos para la noche y para la mañana. Los sábados salimos bien temprano a reciclar para poder conseguir y comer”, dijo Jeison Rojas. Le gusta asistir a la iglesia “porque con las oraciones siento que me libero”.

Adquirir la canasta básica alimentaria familiar se ha hecho imposible para la mayoría de los venezolanos. En enero de este año, pasó a costar 24,4 millones de bolívares y 18 de los 58 productos que la integran presentan problemas de escasez.

José Colmenares, de 77 años de edad, trabaja como vigilante, pero “tengo que hacer la cola aquí para poder comer porque no me alcanza ni la pensión ni el sueldo”.

Colmenares trabaja unas veces de día y otras de noche. "Yo salgo de la guardia a las 6:00 de la mañana y me vengo para acá para estar entre los primeros. Cuando me toca trabajar en el día no puedo venir a comer”, lamentó.

Lo que gana lo invierte en su alimentación, “pero cuando cobro ya lo debo todo, porque pido fiado o compro bachaqueado. No te creas, la cosa está dura”, expresó el vigilante.

Para desayunar y cenar Colmenares acude a “sitios solidarios que venden empanadas baratas: a 10 bolívares en un barrio en Artigas”.

No es secreto que en Venezuela el hambre y la desnutrición han ido creciendo. De acuerdo con la Fundación Bengoa para la Alimentación y la Nutrición, en 2017 los venezolanos perdieron hasta 14 kilos y la desnutrición creció 30%.

Hasta trabajadores de la alcaldía de Caracas hacen cola en la Iglesia Renacer para garantizar un plato de comida al día.


El pastor Paul Flandinette y los integrantes de la iglesia alimentan a la gente para aportar una solución a la crisis de alimentación que enfrenta Venezuela. A las 8:00 am los voluntarios se adentran en la cocina para que a las 11:45 am se comience a servir el almuerzo. Otras veces preparan algunas cosas desde la noche, como los granos.

Además de comida, en la iglesia también llevan la palabra de Dios para cambiar las vidas de quienes son más vulnerables.

Los viernes, "para que se vayan con un mejor sabor, se les hace algo especial, algo más suculento para crearles la expectativa para que el lunes vengan con más ganas", contó el pastor Flandinette.

Este viernes 16 de marzo en la iglesia sirvieron pabellón: arroz, carne guisada, caraotas negras y yuca. Para quienes no alcanzó este plato seco, se preparó una sopa. Nadie se quedó sin comer.

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