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Sábado, 24 de Junio de 2017

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Contrapunteo ambiental | Alternativa para combatir la pérdida de la biodiversidad venezolana

Escasez de gas doméstico, una catástrofe en ciernes

Escasez de gas doméstico, una catástrofe en ciernes
Frontera entre Haití y República Dominicana -
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  • Provita
  • Lunes, 19 de Junio de 2017 a las 11:10 a.m.

La falta de gas debido a la crisis actual podría llevar a Venezuela a una grave deforestación y pérdida de biodiversidad como la que padece Haití

Carlos Peláez.- La historia de Haití es compleja y dramática, y una enorme parte de sus desgracias se deben a la deforestación de su isla. El tema es largo para desarrollarlo acá, pero se resume en que sin bosques, Haití no tiene agua dulce, no tiene hidroeléctricas, perdió sus suelos fértiles y sus arrecifes de coral.

Las razones por las cuales Haití perdió sus bosques son varias, pero la principal es el déficit energético. Una serie de eventos históricos hiperconcentraron a su enorme población en ciudades, donde la energía era escasa y muy cara. Por lo tanto la gente recurrió al carbón vegetal como fuente de energía (principalmente para la cocina, pues el carbón genera menos humo que la leña). La demanda de carbón fue tal, que después de talar el 98% de los árboles del país, los carboneros desenterraron los tocones y las raíces, impidiendo definitivamente la regeneración del bosque.

El legado de esta triste historia es terrible. La pérdida de biodiversidad haitiana es uno de las catástrofes ambientales más notables del siglo XX, pero para los haitianos, haber quemado sus bosques no solo les trajo miseria, sino que los condena a ella hasta muy lejos en el futuro. Sin energía y agua no hay desarrollo económico posible.

Recientemente, la crisis económica venezolana, que según todos los analistas serios es resultado de oscuros manejos administrativos y no de causas externas ni naturales, nos está enrumbando por el camino haitiano. La escasez de alimentos procedentes de la agricultura industrializada (ni hablar de la sostenible) ha obligado a las personas de las ciudades a recurrir a los botaderos de basura para procurar alimentos, situación dramática y muy peligrosa que podemos ver en las calles de Caracas todos los días. En el interior del país, en los pueblos que hoy están rodeados por la décima biodiversidad más alta del planeta, los ciudadanos han recurrido a la caza de especies que ni siquiera son un rubro tradicional de cacería. Con frecuencia escuchamos reportes de perezas, flamingos, delfines y hasta rabipelados que son capturados como fuente de proteína. La falta de fiscalización e información oficial hace que la situación sea difícil de evaluar, lo cual hace temer por las poblaciones que siempre han estado bajo altas presiones de cacería furtiva como las dantas y venados.

Pero a medida que la crisis se profundiza y comienza a ser una crisis energética, empiezan a surgir reportajes sobre las vicisitudes de ciudadanos que hacen largas colas en poblaciones de Anzoátegui, Falcón y Delta Amacuro para conseguir bombonas de gas para cocina. La electricidad es un mal sustituto porque con frecuencia no existe el servicio o no pueden comprar cocinas eléctricas, y los pobladores confiesan que deben acudir a los cerros a buscar madera para los fogones. Esto les ha causado problemas respiratorios por inhalación de humo, pero es imposible imaginar que la gente deje de cocinar sus alimentos, por lo que es de suponer que si esta escasez persiste, pronto comenzarán a operar carboneros, extrayendo madera de nuestros bosques para quemarla en las casas.

Una crisis energética de estas magnitudes es absurda en un país petrolero como Venezuela. Sobre todo considerando que Punta de Mata en el estado Monagas es el punto de emisiones de metano más intenso del planeta, pues las operaciones de Pdvsa en la zona simplemente ventean a la atmósfera millones de metros cúbicos del gas al año. Esta es una de nuestras contribuciones más graves al calentamiento global, por cierto, y si empezamos a quemar nuestros bosques para hacer arepas, no solo nos estamos condenando a la pobreza, sino que aumentaremos aún más nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. Esta situación de escasez de gas se convierte entonces en una irresponsabilidad imperdonable con la biodiversidad, con los venezolanos y con el planeta entero.

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