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Lunes, 16 de Julio de 2018

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Opinión

El clima mental

Irse

Irse
- Foto: Anthony AsCer Aparicio - Contrapunto

Independientemente de quienes se acrediten el triunfo, el gobierno o los abstencionistas militantes, el derrotado ha sido el país, la gente que sigue en Venezuela

Una de las más funestas consecuencias del debacle electoral del pasado 20-M en Venezuela es que el flujo migratorio seguirá incrementándose sin parar por tiempo indefinido. Habrá más tristeza en quienes se vayan, en las familias, el país.

Los días que han seguido a las elecciones son peores que los que antecedieron: hay más carencias, más dificultades y más desesperanza. “Siento melancolía”, decía un obrero porque ahora se le va la hija y los dos nietos por el puente. Van buscando futuro, acotó. Un deshijado y un desnietado más entre los muchos.

El clima post elecciones es tan pesado que hasta los que creen haber ganado, gobierno y abstencionistas militantes, ven el panorama preocupante, sombrío. En la gente se oye: Hay que irse.

El 20-M, en Venezuela hubo un acto masivo de desobediencia civil, sí. Pero la misma conducta no siempre tiene la misma explicación.

Los militantes de la oposición radical y de la oficial se abstuvieron por razones principistas, éticas, legales, políticas, entre las dichas en las redes.

En los de “a pie” o que siguen usando el metro, no tienen internet, ni wi fi, las razones tienen que ver con la desesperanza aprendida o el derrotismo: El sentimiento de que no hay nada qué hacer. “Más de lo mismo” “Todo está arreglado”, “pase lo que pase, será igual”, “¿para qué?”, se oía en el por qué no votar. Malo, malo.

Mucho abstencionista lo fue por desidia, por hastío, por decepción con el gobierno y los grupos opositores, por incredulidad o desconfianza en las instituciones, en los líderes, en los candidatos. Muchas razones habían para no votar como también para votar.

En todo caso, la rabia, el desconocimiento, el descontento, el desgano y la desazón se impusieron el domingo 20 M.

Independientemente de quienes se acrediten el triunfo, el gobierno o los abstencionistas militantes, el derrotado ha sido el país, la gente que sigue en Venezuela: una semana después hay más desencanto, más preocupación, más desesperanza, más temor en el futuro, más ganas de irse.

Y la larga cola en las fronteras, la del sur y la de occidente, aumentará. El mar solo tentará a los más desesperados. El cielo -en avión- pasa a ser lo ansiado. Pero ahora es más difícil conseguir cupo en los pocos vuelos, hace rato se acabaron los dólares de CADIVI y no hay tanta gente con un millón de bolívares por dólar. Sin embargo, se irán, se seguirán yendo.

Habrá que pensar en eso que está de moda y llaman resiliencia, la capacidad de salir fortalecido de los embastes, pero será después. Por ahora, a una semana de las elecciones, el clima mental nacional es de incertidumbre, desespero, agotamiento. Así de duro, así de simple.

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