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Martes, 16 de Octubre de 2018

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No funcionó la de antes y no funciona la de ahora, enfatiza

José Rafael Herrera: “Hay que construir otra vez a Venezuela”

José Rafael Herrera: “Hay que construir otra vez a Venezuela”
- Foto: Mairet Chourio - Contrapunto
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  • Vanessa Davies
  • Domingo, 09 de Septiembre de 2018 a las medianoche

El filósofo y profesor jubilado de la UCV afirma que la miseria que enfrentamos los venezolanos es material y espiritual. Subraya que el país necesita una nueva constitución que se sustente en la civilidad y deje atrás la política cuartelaria

José Rafael Herrera desmenuza con una facilidad pasmosa lo que puede costar años leer y entender. Filósofo y profesor jubilado de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela (UCV), es dueño de una capacidad de disparar ideas propias de quien está acostumbrado a debatir, a argumentar, a pensar y a escuchar razonamientos contrarios sin sentir escozor. Fueron al menos 35 años de disertaciones frente a decenas de estudiantes, además de los de la militancia política y de "la pensadera", y esto no pasa en vano.

Se reivindica como miembro “de una generación irreverente, de una generación insurgente” que leyó y se preparó para edificar un mejor país. A los 13 años militaba en el Movimiento Al Socialismo (MAS), partido que abandonó años después. "Hoy milito en la filosofía", comenta entre sonrisas quien fue preparador de otro maestro en estas lides: José Rafael Núñez Tenorio.

Acicateado por una profesora que lo provocó para que estudiara Filosofía, y ya en la adolescencia ávido lector de otro pensador venezolano (Ludovico Silva), Herrera se formó en una Escuela de Filosofía (la de la UCV) que no duda en calificar como “del Primer Mundo”. Hoy, a este caraqueño de 59 años de edad, hijo de caraqueños y nieto de caraqueños le toca ver el fin de la Venezuela en la que se hizo a sí mismo y se formó como intelectual.

La conversación con Contrapunto transcurre el miércoles 5 de septiembre al atardecer en su residencia en Caracas. Son pocas horas de compartir con su familia, sus mascotas y la de sus hijas (entre otras, una perrita llamada Dolores) y algunos vestigios de la Venezuela que fue y que ya no es.

Herrera también exdirector de Cultura de la UCV considera que detrás del caos actual venezolano “hay un plan, un proyecto” con “premeditación y alevosía”, y que no se trata “de un plan hecho o diseñado por ignorantes, por personas neófitas”.

Para intentar describir el Gobierno venezolano, cita al pensador italiano Nicolás Maquiavelo y lo que plantea en su obra clásica El príncipe sobre dos formas de gobernar: el “modo de gobernar propio del turco” y “el modo propio de gobernar del rey de Francia”. En otras palabras, el contraste entre un ejercicio del gobierno personalísimo y sujeto al arbitrio de una persona, y un ejercicio del gobierno en el cual varios participan en la toma de decisiones clave.

Con el del turco que es el que observa en la Venezuela de hoy "se genera una autocracia”, uno manda y los demás son siervos, mientras con el del rey de Francia todos pueden sustituirlo. En definitiva, son dos concepciones del mandato que se contraponen.

Como conoce desde la adolescencia a varios de los altos personeros del Ejecutivo venezolano, Herrera sostiene que muchos de ellos “eran partidarios del marxismo oriental”, entendido como un gobierno autocrático, y no “del marxismo de Marx, que era muy occidental y europeo”. Según su análisis, hay una confrontación entre la autonomía (asumida como la capacidad de cada quien de decidir por sí mismo) y la heteronomía (entendida como que todos necesitamos que un papá no elegido nos diga qué podemos hacer y qué no).

Miseria espiritual

El Gobierno venezolano, estima, “quiere tener a todo el mundo controlado”. Esta es “una reedición del Big Brother", pero como se murió el líder, “ahora tenemos una especie de comité que me recuerda mucho el directorio de la Revolución Francesa: son unos cuantos que toman decisiones”.

El filósofo no cree “que sea una cosa de Maduro”, porque evalúa que el presidente “no tiene las características del líder carismático que tenía Chávez”. Lo que se mantiene en Venezuela, insiste, es un directorio que decide, y probablemente lo hace con base en los consejos “de algunos aliados de rigor, como los cubanos”.

¿Qué consecuencias tiene eso para nuestra vida?

Las hemos vivido en el pasado, las hemos tenido en los países de Europa Central, en África, en China durante el periodo de la Revolución Cultural de Mao. Las consecuencias son terribles, especialmente desde lo que Marx llamaba las necesidades fundamentales o básicas de la sociedad, que comienzan por el desarrollo de la producción. Es una sociedad que está totalmente controlada, que ha perdido la capacidad del mérito y de la competencia. Bajo esa perspectiva, la miseria a la que nos vamos a enfrentar y la que ya hemos enfrentado es una miseria no solamente de carácter material, sino una miseria peor, que es la espiritual.

¿En qué la ve?

—Desde el punto de vista estrictamente instrumental, uno puede captar cómo se va empobreciendo una nación a través del empobrecimiento de su lenguaje. Cada vez que el lenguaje y las manifestaciones estéticas son confrontadas y progresivamente depauperadas, eso tiene una incidencia enorme sobre la pérdida de toda riqueza cultural e incide en un aceleramiento cada vez mayor de la pobreza espiritual.

¿Usted no definiría este régimen o gobierno como marxista?

—Diría que, desde el punto de vista estrictamente marxista, desde el marxismo de Marx, esto no es marxismo. Como no fue marxismo la Unión Soviética, ni la China de Mao y compañía, ni lo fue nunca Cuba. Para mí, eso no es marxismo.

Carlos Marx planteaba una sociedad en la que el desarrollo educativo y productivo fuesen tan grandes “que la gente no necesitaba un gobierno, sino que se autogobernaba”, remarca Herrera. Por el contrario, en Venezuela hay —de acuerdo con su apreciación— “un régimen de corte totalitario, similar al fascismo y no al marxismo” en el cual el socialismo “se usa como una gran fachada de que ‘somos los libertarios, somos el pueblo, nos ocupamos de los humildes’ pero es una gran fachada”.

Rehenes todos

El sistema que se implanta en Venezuela se le parece, sobre todo, al de Cuba. En China “hay un capitalismo verdaderamente salvaje” que no existe en Venezuela “porque no hay productividad”, diferencia.

“Uno de los grandes defectos de este gobierno que nos ha tocado es que no hay productividad, no han sabido desarrollar una forma productiva, y donde han tratado de desarrollar alguna política de producción lo que han hecho es fracasar”, razona.

Usted habla del empobrecimiento material y que nos va a llevar a un empobrecimiento espiritual. ¿Eso es adrede?

—Por supuesto. Mientras más pobres espiritualmente seamos, más fáciles somos de dominar. Somos más rebaño y pueden hacer sobre nosotros cualquier carnetización de la patria, cualquier cola de caja de CLAP o cualquier cola para cobrar la pensión en los bancos con una enorme paciencia y una enorme disciplina que, incluso, algo de lástima da.

¿Usted ve el empobrecimiento en la aceptación de un orden de cosas?

—En la medida en que soy más culto soy mejor persona, estoy más presto para la bondad y la solidaridad. En la medida en que soy más ignorante me convierto en una persona más egoísta, más primitiva, más cobarde, más temerosa.

¿Estamos así en Venezuela?

—Estamos haciendo méritos como para calificar como una sociedad que se ha vuelto muy ignorante, muy temerosa, muy poco capaz de reaccionar.

¿No parece una consecuencia lógica de lo que ha ocurrido?

—Hay una visión de que este es un gobierno de ignorantes que no saben lo que están haciendo. No creo que sea verdad.

¿Es un gobierno de inteligentes?

—Creo que es un gobierno de gente con mucha capacidad y que si su concepto no fuese la heteronomía pudiese haber desarrollado una política mucho más inteligente. Pero no van a salir de ese esquema. Creo que, además, hay una situación internacional que los afecta terriblemente: no tienen alternativa, no tienen otra manera de comportarse.

¿Por qué? ¿No podrían abrir un cauce institucional para dirimir las diferencias?

—Tal vez en otra oportunidad pudieron haberlo hecho, pero las cosas se han enconado de tal forma con los países vecinos, con EEUU, con la Unión Europea, que a estas alturas se lo están jugando todo.

¿Somos rehenes nosotros y quienes nos gobiernan?

—Totalmente. Es una cosa terrible.

¿Qué responsabilidad tiene esa comunidad internacional para resolver eso?

—Pienso que en un determinado momento pudo haberse producido un diálogo importante. No estoy en contra de los diálogos, me parece que es una necedad que en política no se dialogue, pero en esta circunstancia estamos viviendo en una doble situación de rehenes, de secuestro.

¿Todos somos rehenes?

—En niveles distintos, pero la cosa funciona así. Nosotros somos rehenes del régimen, y el régimen está entrampado en una situación internacional en la que pareciera no tener otra salida que continuar con el esquema que tiene.

¿Qué desenlace puede tener eso?

—Veo las cosas, en este momento, muy complicadas para nosotros. Y no es por casualidad que tengamos 4 millones de venezolanos fuera del país. Si no hay una reacción importante de la sociedad civil, y no hay una organización sustancial con fundamento en una unidad orgánica —y no de formalismos o sumatoria de siglas— para un proyecto de país, no vamos a tener salida.

Lo mejor del pensamiento venezolano

Del pensamiento venezolano, de los intelectuales venezolanos, ¿tenemos a qué aferrarnos como sociedad? ¿Tenemos cómo hacerle frente a esto?

—Una de mis grandes preocupaciones es que tengo la sospecha de que nuestros políticos hace mucho tiempo dejaron de formarse intelectualmente, son unos pragmáticos. A muchos de los jóvenes diputados que estudiaron en la UCV, y los conozco, les reclamaría la necesidad de formarse. Un político que no lee, que no conoce conceptos fundamentales del desarrollo científico de la política y de la sociedad, está condenado a seguir haciendo la política de “como vaya viviendo, vamos viendo”.

¿Es lo que está ocurriendo?

—Es lo que parece, tanto de un lado como de otro, que está ocurriendo. No porque tengas un proyecto general eso significa que tienes una formación sólida. No creo que en ninguno de los lados la haya.

¿Qué sería lo venezolano a lo que podamos aferrarnos en este momento?

—Hay que hacer una revisión de nuestros clásicos, comenzando por el Libertador, por los textos de José María Vargas. Soy un admirador de Cecilio Acosta. Luego hay que hacer una revisión no solamente de los textos de Rómulo Betancourt, sino de políticos que se han dedicado al análisis de lo que hemos sido. Hay que hacer una relectura del desarrollo del itinerario político-conceptual de la sociedad venezolana.

Herrera agrega a Mario Briceño Iragorry y Mariano Picón Salas. También, a Laureano Vallenilla Lanz, a Arturo Uslar Pietri. Llama a “una revisión completa de nuestros intelectuales” porque “se trata, sobre todo, de reivindicar el mundo civil frente al mundo militar”.

¿Le parece que esta es la disyuntiva en la que estamos?

—Me parece que sí.

Pero en el Gobierno hay civiles, en la oposición hay militares.

—Pero en el gobierno tienen una concepción militar, militarista. No necesariamente tienes que ser un tipo de uniforme para ser militarista.

En este momento el filósofo abordaría como tarea insoslayable “el reivindicar la condición occidental de Venezuela”, que está en riesgo.

“La fundación del concepto de república bolivariana, de independencia bolivariana está fraguada en el pensamiento europeo, en el pensamiento occidental, y nosotros somos herederos de ese pensamiento, somos hijos de ese pensamiento y eso hay que reivindicarlo frente a las formas orientales, asiáticas de gobierno, que es lo que tristemente tenemos en Venezuela desde hace 20 años”.

Una nueva constitución

¿Usted ve al presidente Maduro como un accidente, como una figura necesaria?

—Maduro llega al poder por accidente, pero eso no es lo importante, porque se trata de seguir manteniendo el ritmo y control y el poder que ya se tenía desde los tiempos del comandante.

¿La responsabilidad mayor usted se la adjudicaría a Chávez?

—Claro. A partir de los años 2001 o 2002 hubo un cambio radical en la política de Chávez, que comienza a aproximarse al Foro de Sao Paulo, a Fidel Castro, y comienza la estrategia del ALBA, que tuvo unas consecuencias que terminaron por estructurar una concepción oriental de gobierno en América Latina.

El deslave que implica la migración para nuestra sociedad, ¿qué consecuencias va a tener?

—Es muy triste, es terrible, se nos va una importante cantidad de técnicos, profesionales, especialistas. Mis compañeros de trabajo de la UCV se han ido de una manera sumamente terrible. Las consecuencias las estamos viviendo en este momento en la UCV.

Lo que viene, augura, es “el desplome del sistema educativo nacional”, que se expresa en el cambio de un médico formado en la Escuela Razzetti por un médico integral comunitario “con una formación deficiente”. El desarrollo de un país, la riqueza de una nación “dependen del conocimiento”, y por ende en Venezuela “empezaremos a entrar en la cola de las sociedades menos formadas, con menor conocimiento” y más pobres.

¿El país es viable sin esa generación que se está marchando?

—Necesitamos de ellos; necesitamos que, si no vuelven, por lo menos participen en la construcción de un nuevo país. Porque no creo que podamos reconstruir el país que teníamos. No soy partidario de la idea de que vamos a volver a la gran Venezuela de CAP. No es posible. Tenemos otra realidad, completamente distinta. Hay que construir otra vez a Venezuela.

¿De cero?

—Hay que construirla.

¿Quiénes?

—Los que quedamos, con la ayuda de las personas que formamos muy bien y que están dispuestas a hacerlo, a volver.

El país no estaba bien antes de Chávez, y tampoco ahora. Cuando usted habla de construir a Venezuela otra vez, ¿bajo qué premisas?

—La construimos sobre las bases de la civilidad y la autonomía. Por eso la importancia de afianzar la lectura, la relectura de esos autores nuestros, sobre la base de la recuperación de la condición autonómica y civilista que es absolutamente necesaria para esa visión de país.

¿Qué rol cumplen los militares?

—Deben entender que su papel está en los cuarteles, en la vigilancia de la frontera. El militar tiene que volver a ser militar y dejar de ser militarista.

¿Pueden votar?

—Creo que sí. No se trata de eso. Se trata de esa concepción controladora, cuartelaria aplicada a la sociedad y que es sumamente dañina.

¿Construir otra vez a Venezuela implicaría una nueva constitución?

—Mis amigos politólogos se van a molestar mucho, porque yo sí creo que hay que hacer una nueva constitución. Hay que hacer el país a fondo, rediseñar absolutamente toda la sociedad venezolana.

¿Cómo hacemos para que nos incluya a todos?

—El factor clave, el nervio central de la inclusión es la educación; no la mala educación, no la educación ideologizada, no la perspectiva de que si pienso distinto a ti eres mi enemigo. Se trata de discutir, no de impedir la discusión, no de impedir la crítica, no de impedir el disenso. La pluralidad viene porque soy capaz de decir lo que quiero decir. La visión de que si dices algo por un programa de radio te cierro el programa de radio no puede ser, porque eso no es democrático, no es civil.

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