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Miércoles, 28 de Junio de 2017

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Arte y Cultura

La curadora Sofía Hernández recomienda programas en los que arte y educación vayan de la mano

"Un proyecto clave para 2020: la formación de nuevos públicos para los museos"

Sofía Hernández Chong Cuy es venezolana y lleva actualmente la gestión de la Colección de Arte Patricia Phelps de Cisneros - Fotos: Ernesto García
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  • Valentina Rodríguez
  • Lunes, 20 de Marzo de 2017 a las 9:16 a.m.

La especialista, exdirectora del Museo Tamayo de México y curadora del Art in General y del Americas Society de Nueva York, está en el país con motivo del Seminario "Muestra, cuenta" que se realizó en Caracas

Para la curadora de arte contemporáneo de la Colección Patricia Phelps de Cisneros (CPPC), Sofía Hernández Chong Cuy, a la producción artística se le tiene que dar más visibilidad, y los proyectos artísticos de la próxima década deben conseguir que el arte y la educación vayan de la mano.

La especialista, exdirectora del Museo Tamayo en Ciudad de México y curadora del Art in General y del Americas Society de Nueva York, se encuentra en Caracas con motivo del Seminario Colección Cisneros "Muestra, cuenta", que se realizó el pasado viernes en el Centro Cultural Chacao y que tenía como tema central examinar la gestión cultural de personalidades y exhibiciones realizadas en América Latina, en los años 60 y 90, además de presentar propuestas culturales para la Venezuela de 2020.

Contrapunto conversó con Hernández Chong Cuy sobre el seminario, las instituciones y la producción artística venezolana, y los posibles proyectos para el próximo decenio.

–¿Por qué tomaron la gestión de los 60 y las exposiciones de los 90 para pensar en las propuestas del 2020? ¿Cuáles son las particularidades de estas décadas?

–Esta edición ("Muestra, cuenta") utiliza el caso de estudio como una estructura de presentación. Durante los 60, por razones políticas y por el impulso y relaciones internacionales que se desarrollaron, se revolucionaron las instituciones y en muchos casos se crearon nuevos modelos de instituciones, y esto sucedió en toda la región. Los 60 fue una época de gran experimentación, cuando se produce un quiebre con las ideas modernistas que se venían presentado. Nos enfocamos en los 60 para reconocer cuáles son los legados que aún disfrutamos, qué tipos de formatos institucionales de esa época siguen funcionando hoy, qué se aprendió durante esa década y qué podríamos reconsiderar.

"En los 90 hubo un cambio radical también en la metodología de trabajo, investigación y sobre cómo se empieza a producir e interpretar el arte. Esto tiene que ver con los frutos de las semillas filosóficas que se plantaron en los 80. Hay un nuevo pensar, tanto en semiótica como en la historia del arte y la introducción de las metodologías comparativas provenientes del diseño y la literatura que invitaron a pensar de una manera descolonizante. En los 90 se empieza a pensar en crear un discurso desde lo local. Hay un análisis muy amplio sobre la objetualidad y espacialidad del arte; las instalaciones toman un gran peso en ese momento. Las exposiciones de los 90 comienzan a trabajar temas políticos como género, clases sociales, raza, educación. Es otro tipo de exposición que arraiga el arte a lo social", explica.

"El análisis de las exposiciones de los 90 es también para reconocer que se presentan nuevas herramientas de trabajo, que se pueden utilizar hoy en día o replantear, para que nos ayuden a avanzar y crear una mejor producción artística e institucional", acota.

–En la presentación del seminario hicieron énfasis en imaginar escenarios distintos el 2020”. ¿Qué tan distintos deben o pueden ser los proyectos para esa década?

–Siempre tenemos que pensar que se puede mejorar. Las instituciones se tienen que fortalecer y buscar cuáles son las maneras de hacerlo. A la producción artística se le tiene que dar más visibilidad. El arte siempre ha sido un espacio de pensamiento crítico, hay que buscar cómo incorporar un público más amplio, para que aprenda dentro de ese contexto. Todo eso puede surgir si nos preparamos mejor para un futuro cercano.

–¿Cuáles exposiciones o proyectos culturales desarrollados en Venezuela en estos últimos 17 años podrán resaltarse en el futuro?

–Hay varios. Por ejemplo, los tipos de instituciones y espacios expositivos que se gestaron a principios del siglo XXI. Está el caso de la Sala TAC (Trasnocho Cultural), Los Galpones y también Maracaibo; ver cómo y por qué Maracaibo ha estado, de alguna manera, liderando una escena incipiente en el arte contemporáneo a través de espacios independientes, de artistas y de sus museos. Creo que de estas dos décadas una de las cosas que podríamos ver en el futuro es reconocer por qué hubo tantas iniciativas independientes y qué fue lo que hicieron, qué estaban aportando a un contexto, cuáles eran las necesidades que habían identificado y los públicos que crearon.

–¿Cuáles proyectos podrían realizarse en la Venezuela de 2020?

–Muchos, y hay voluntad y ganas de hacerlo bien. Un proyecto en el que el arte y la educación vayan más de la mano, podría ser un gran proyecto. La formación de un programa estratégico en museos es tan importante como un programa estratégico de formación de públicos para los museos sería clave.

–¿Lo que se presenta actualmente en las salas expositivas del país está en sintonía con las principales capitales del arte?

–La calidad del trabajo que se está produciendo aquí está al nivel de la producción internacional. Si algo le falta es más visibilidad, que se generen más puentes para que haya intercambio cultural, para que los artistas puedan tener más oportunidades. La calidad de producción intelectual y artística del país es altísima y está contribuyendo de manera significativa.

–¿Los artista venezolanos están registrando el presente del país?

–Se está haciendo una gran recepción del presente. Los jóvenes están interesados en pensar su presente y eso se está viendo en las artes, a veces es más representativo; otras, más complejas, no tan directas. Pero al final de cuentas, los temas y las modalidades son contemporáneas.

–¿Cuál fue el mayor aporte de Imagen de Caracas (1968) y cómo puede influir en los proyectos del futuro?

Imagen de Caracas fue importante por varias razones, pero lo más clave, y que nos interesaba en "Muestra, cuenta", es el hecho de que fue un proyecto que reunió en un momento muy temprano a un grupo de artistas interdisciplinarios, para presentar una obra a gran escala, con lo que eran los nuevos medios del momento. Imagen de Caracas fue una propuesta de mucha experimentación en la que el espectador se encontró con un ambiente multidisciplinario, multimedia, donde se topó con una historia con múltiples narrativas que se estaban proyectando simultáneamente. También en lo político tenía mucho que decir.

En cuanto a cómo podría influir en proyectos futuros, Sofía Hernández señaló su carácter interdisciplinario. Y una de las contribuciones reales que se podrían tomar hoy día es cómo la obra fue abarcadora y apostó por la diversidad de visiones.

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