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Jueves, 23 de Noviembre de 2017

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Opinión

Por la libre | Donde lo libérrimo es el límite

La (Des)esperanza

La (Des)esperanza
- Foto: Ernesto García/ Archivo

Después de las últimas elecciones regionales, a los venezolanos parece solo quedarles la esperanza o la deseperanza, de acuerdo con el bando que apoye

Después de las elecciones del 15-O, el amigo que referí en "El espíritu de Chacumbele" dice que ahora sí se va de Venezuela, que no lo para nadie porque a esto se lo llevó quien lo trajo. Como él, si lo cumple, muchos lo harán.

Otra amiga, chavista de corazón (que trabaja sin parar, tiene su carro inutilizado desde hace meses por falta de repuestos y vive en una modesta urbanización), dice que ahora sí, que ahora, más que nunca hay que meterle el pecho al proceso. Inclusive, dijo: “resurge la esperanza” y “rectificar”. Como ella, muchos lo creen.

Otros, ni de un polo ni del otro, se ven cabizbajos, arrastrando los pies, viendo cómo hacen para enfrentar esta incertidumbre de soluciones, particularmente el aprieto económico. No hay resuelve que valga. La nevera cada vez más vacía, más miedo a enfermarse, a salir a la calle.

Después del 15-O, la gente quedó como turulata. No esperaba lo que se veía venir. Mientras dirigentes de la oposición aseguraban ganar cerca de 20 gobernaciones si votaba 60% de los electores; el gobierno las cantaba igualito: “vamos con todo”, decía.

Todos sabíamos que el fantasma de la abstención recorría al país ya fuese porque se siguiera línea dictada en las redes, se respondiera a un llamado de conciencia o no importaran los resultados. Suceda lo que suceda, la vaina seguirá igual, se oía.

Mientras en las redes el debate era entre votar o no votar por parte de la oposición e insultos iban y venían cual sables; mi amiga, chavista de corazón, me hablaba de cómo afinaban la maquinaria, de cómo se organizaban para ganar. No dudaban del triunfo como tampoco la oposición pero, por los vientos que soplan, parece que el espíritu de Chacumbele hizo de las suyas con los opositores.

Resulta que la abstención no fue tan alta. Inclusive, en algunos regiones se llegó al porcentaje deseado por la oposición y aun así, allí, no ganó. No solo porque haya habido artimañas, triquiñuelas, obstáculos intencionales de cualquier tipo que dificultaran o impidieran ese voto, sino que el grueso de la relativamente baja abstención parece haber sido de potenciales votantes opositores. Así de simple y trágico para ese sector. Y cada región tiene su nombre. La del 15-O no fue una elección nacional.

Aun cuando un posible fraude fuese la causa de la derrota a la oposición, más preocupante es el sentimiento de defraude que sienten muchos opositores por los resultados del 15-O. Sin haber elaborado el duelo por la suspensión de las largas, duras y sangrientas protestas que cesaron con las elecciones de la constituyente hace pocos meses, ahora, aumenta su decepción, su duelo, su frustración. Para algunos aparece la desesperanza al menos en algunas vías de solución.

También, un vasto sector del país pudiera estar peligrosamente sumiéndose en la desesperanza aprendida, lo que en psicología social se entiende como un sentimiento personal o colectivo de pérdida de control sobre la situación. Por más que hagas, será inútil; nada valdrá la pena, piensan los que aprendieron a desesperanzarse. Desaliento, lo llamaba mi abuela.

Esa pérdida de motivación a buscar soluciones puede llevar a la resignación, a la parálisis o a la huida, como la anunciada por mi amigo, en inconsecuente. Por otro lado, mi amiga chavista reafirma sus esperanzas en lo que defiende como también lo hace gente de la oposición.

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