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Domingo, 22 de Octubre de 2017

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Opinión

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La emigración de los que ya se iban cambiaos

La emigración de los que ya se iban cambiaos
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Existe una nueva tribu de venezolanos. Esa que hoy emigra a otros países (sus nuevos paraísos, según sus imaginarios). Esa que merece una mirada maliciosa

1. Cómo ven…

Él, que ya no está aquí, quiere matar a Maduro y lo pone en su Facebook.


A Ella la entrevistan en Quito mientras vende una barquilla en una carretera y dice que los ecuatorianos son feos porque parecen indios y esta opinión se vuelve "viral" en YouTube. Ella misma después se arrepiente de lo que comentó y pide perdón a los ecuatorianos, llorando, y lo hace… otra vez por… YouTube.

El Otro maldice a los "muertos de hambre chavistas que apoyan el narcogobierno de Maduro por una cajita del CLAP", y también lo pone en su Facebook. El otro Otro filma con su teléfono una partecita de Bogotá (nunca filmaría en Soacha) y nos sugestiona como si fuera el total: "Miren esto: la gente bien bonita, la sociedad educada, te piden permiso… todo bonito… todo próspero… entonces, maldito Maduro…".

Ellos tienen un sinfín de espacios virtuales para sus vómitos constantes: "Venezolanos en Miami", "Venezolanos en Bogotá", "Venezolanos en Panamá", "Venezolanos en Chile", "Venezolanos en Perú"… Llenan estos muros con "informaciones" ciertas, medio ciertas, medio falsas y, sobre todo, totalmente falsas.

Ellos se van a Chile, allí se amontonan en una discoteca a mostrar sus necesidades, sus penurias, su desamparo y su tristeza. En medio del llanto por la lejanía de la patria, con un dolor supremo, entonan un coro para cebar la inquina con la que se nutren.

Se van, pero escupen sus gargajos sobre todo lo que aquí queda y sobre todos los que aquí nos quedamos. Están apresados en ese berrinche, en esa animadversión y en ese relato único. Solo existe una verdad suprema (física y metafísica): Venezuela es un desastre absoluto y todo es culpa de Chávez (ahora de Maduro). La oposición lo único que ha hecho es proponer proyectos, estimular al trabajo, generar riqueza, luchar por la tranquilidad y, jamás jamás, ha pedido sanciones a la "comunidad internacional" para que se nos haga la vida más cuesta arriba. Por eso ahora la gloria está en ir a ganar dólares a Panamá, a Chile, a Bogotá, a Madrid y, aunque sean unos poquitos, pensarlos siempre en bolívares a través de Dólar Today… y sentirse reconfortados. Cuando un relato de esta magnitud se hace tan insistente, de seguro estimula aberraciones…

Pues, así anda el cerebro de mucha de la "diáspora" venezolana; esa que vive todo su desamparo mediatizada por las redes sociales, como auténtica forma de vida perpetua.

2. Cómo se ven…

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) define la emigración como el "Acto de salir de un Estado con el propósito de asentarse en otro". Dentro del vocabulario jurídico internacional, queda diferenciado del concepto de migración, el cual se define como " un movimiento de personas en el que se observa la coacción, incluyendo la amenaza a la vida y su subsistencia, bien sea por causas naturales o humanas". Queda claro que cuando se usa uno u otra denominación se está avalando una u otra interpretación sobre los que se van.

Desde hace unas semanas para acá se viene gestando un escandalito sobre la percepción de esos venezolanos que han decidido emigrar a otros países y que se llevan a rastras todo un compendio de fatalidades para contar. El asunto no es tanto como los perciben (que sí es importante) sino cómo se muestran y se dejan percibir ellos mismos. Con ese relato a cuesta de que Venezuela es un infierno, que aquí nada se puede, de que todo aquí es bosta de vaca y poco más (remirar el video anterior), que nos estamos muriendo de hambre, que aquí te matan si te asomas a la puerta de tu casa, que no hay papel sanitario y que estamos todos con grilletes caminos a una crucifixión masiva (todoooo agenciado y facturado por la maldición del gobierno de Maduro), estos venezolanos no quieren ser vistos sino compadecidos. Han construidos el relato del apocalipsis venezolano como estampita de presentación nacional. En cada pedacito de tierra extrajera en que se paran desaguazan esa hiel con tal encono somático, que no dejan duda de nuestro sufrimiento (claro, de los que nos quedamos, porque ellos son ya son libres). Ellos mismos se autopresentan así: uno que es odontólogo trabaja en Santiago de Chile de camarero, sin prestaciones ni seguro médico, da las gracias por las oportunidades que le brinda el país. La muchacha que había dicho que los ecuatorianos son feos, vende barquillas en una carretera de Quito y está emocionada porque lo importante es ser emprendedora. Otros van, en familia, a un Show en una televisora privada, ponen a cantar a la hija pequeña (a la que le vendría bien aprender técnica vocal, es decir, a usar bien su voz), y mientras ella canta, el padre llora y se estremece detrás de las cámaras porque al fin van a realizar sus sueños… en Ecuador. Luego sale toda la familia en cámara y los padres hacen su relato de la miseria venezolana (aunque Ellos no se vean como miserables) y lamen el suelo dando las gracias porque los han salvado de la dictadura venezolana. Otro filma su paseo por un supermercado de Panamá y hace, en YouTube, un auténtico análisis económico mientras defeca sobre Venezuela y los que aquí nos quedamos. Un análisis de tipo "aquí en Panamá hay mucho papel sanitario, de muchas marcas y seis salchichas cuestan menos de dos dólares".

Todos Ellos se han ido, pero ocupan gran parte de su brío en la construcción de ese apocalipsis now con el que recorren los rincones donde pisan. Se fueron, pero han hecho de las gorras y franelas tricolor una especie de marca a lo Nike con la que anuncian, en todo momento, su destierro. Son unos pocos pero quieren hacerse pasar por todos los que estamos adentro. Viven allá y venden todo lo que se pueden llevar de aquí.

3. Como los ven…

En las últimas semanas también se viene agrietando la agradabilidad de presencia de venezolanos en esos paraísos. Comienzan a brotar el disgusto de los nativos contra ellos. Xenofobia, lo llaman. Los que ya se fueron cambiaos no entienden el porqué de tanta saña. No recuerdan que ellos mismos han puesto a circular tanta porquería sobre Venezuela que de seguro se han embarrado de la hedentina.

Sin embargo, ¿qué tan "incomoda" es esa emigración venezolana que ha salido huyendo de la feroz dictadura de Maduro y nos la ha dejado para nosotros solito (los casi treinta millones restantes), los que nos quedamos?

Desde Colombia, mi amigo bogotano Miguel (preparadísimo especialista en literatura que tuvo que interrumpir su doctorado por los altísimos costos de los estudios universitarios en Colombia), él me dice que ha estado en contacto con algunos de estos venezolanos que han ido para allá a expulsar su baba. Recuerda en especial a una que trabajó en la universidad donde él trabajaba. Era de un prepotenteeee, se quejaba de todo, hablaba peste de lo que aquí sucede, aunque no se veía ni hambrienta ni necesitada. Era tanto su toxina que él llegó a preguntarse si era humana. Desde Madrid, otro amigo (Alexandro) ha estado en contacto con muchos venezolanos. Todos dicen que se han ido para allá huyendo de la dictadura de Maduro, aunque ninguno parece haber padecido los estragos de una dictadura. Alexandro trabaja de vigilante en una discoteca (no penséis mal: está próximo a graduarse en Ciencias Políticas y hace su tesis sobre la aplicación de Gene Sharp en Venezuela). Me dice que se le contraen las tripas cuando los ve. Van a la discoteca los fines de semana y se gastan en una noche de juerga lo que él gana en un mes. Desde Ecuador, Ana me cuenta que allá ha conocido a diversos tipos de venezolanos. Por ejemplo, a ese venezolano que cree que debe llegar allá a generar pena por él, a mostrar que Venezuela es un charco. Esos que van a centros comerciales y se la pasan hablando en voz alta diciendo que aquí no se puede esto o no se puede aquello. O los que se montan en los autobuses (a muchos de estos los conocí yo mismo en carne propia) y cuentan un relato que ni el Infierno de Dante se le acerca. Ana (española), desde Madrid, me cuenta que su lectura de los venezolanos que va conociendo es de clase (social). Los que ella ha tratado se ven como unos burguesitos que tienen miedo de que le quiten su apartamento, su estatus, su cachifa… Ana me insiste en su interpretación: Ellos sienten mucha rabia porque su análisis los lleva hasta la conclusión de que unos pobres, incultos, monos, resentidos sociales e ignorantes se han puesto a gestionar un país (a Venezuela). Sin embargo, han sido ellos los educados (por siempre) para eso. Pablo (mexicano) me cuenta que él si ha conocido a verdaderos perseguidos políticos, personas realmente amenazadas de muerte, no como esos venezolanos que no son más que emigrantes económicos, buscando más platica para comprar el mejor papel sanitario de la estantería (esto último si es sobreinterpretación mía). Así la trama, las televisoras (por ejemplo) peruana, chilena o colombiana, no se cansan de "especiales" con las "historias" de los pobres venezolanos que han tenido que ir allá a salvar sus vidas. Y esas televisoras no pierden, entonces, la oportunidad de vender sus sistemas políticos y económicos (¡el capitalista, claro!) como los auténticamente idóneos para la eterna felicidad.

Y así… de apocalipsis en apocalipsis… de catástrofe en hecatombe…

4. ¿Para qué ver más?

Esos que se fueron, ya se iban cambiaos… Se iban con su wasap, su Facebook, su Instagram y su YouTube. No a vivir relaciones sino a desbaratarse en cada video que suben para convencerse, convencer y convencernos de que la calidad de la existencia humana se mide por la existencia de las marcas comerciales de papel sanitario presentes en la estantería de un supermercado. Como en este video, solo digno de ver a partir del minuto 9. Hasta ahí se llega en el discernimiento, pues.

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