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Miércoles, 26 de Julio de 2017

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Opinión

Generación NoMo | Una mirada al universo de la mujer moderna

La fuerza del ícono: un nuevo tipo de rebeldía femenina

La fuerza del ícono: un nuevo tipo de rebeldía femenina
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La Mujer Maravilla de Jenkins lucha con precisión, eficacia y un enorme poder físico, pero también analiza y pondera dilemas morales que brindan al personaje una notoria complejidad

Cuando la Mujer Maravilla hizo su primera aparición en el mundo del cómic, se le consideró una rareza y no una que llamara demasiada la atención. No fue, por supuesto, un éxito inmediato: corría el año 1941 y el pesimismo de la Segunda Guerra Mundial estaba en todas partes, de manera que su aspecto saludable y su capacidad para luchar desde el amor (y no los puños) no entusiasmaron demasiado a un público habituado a los tradicionales superhéroes masculinos. Con todo, el personaje creado por el Dr. William Moulton Marston inventó también la prueba del detector de mentirasse convirtió con el correr de las décadas no solo en uno de los personajes más populares de DC COMIC, sino además en un ícono feminista de enorme poder alegórico. Fascinado por las implicaciones de los movimientos sufragistas y feministas, Marsten utilizó la estatura moral de su personaje para reflexionar sobre las nociones de género e identidad que obsesionaban a su generación. El resultado es un concepto tan novedoso que incluso sorprendió al veterano editor Max Gaines, quien le había encargado el proyecto. Con toda su evidente carga metafórica, la Mujer Maravilla representa una rebelión evidente contra la estructura que define su femenino y más allá de eso, la percepción de la mujer fuerte en la cultura popular.

A pesar de eso, la película basada en el icónico personaje que dirige Patty Jenkins despertó todo tipo de críticas justo por al parecer contradecir casi de manera directa esa versión de la superheroína que por años se celebró y sostuvo al personaje como ícono del imaginario femenino. Para un considerable número de feministas, la imagen edulcorada de la Mujer Maravilla encarnada por Gal Gadot no solo se aleja de la comprensión del valor y el poder que siempre encarnó Diana Prince en su versión cómic, sino que además la convierte en un producto sexualizado que la despoja de toda su simbología y su capacidad para la metáfora. A mitad de camino entre el prejuicio pero también la incredulidad, las opiniones sobre el filme de Jenkins señalan su incapacidad para resumir el poder histórico de la Mujer Maravilla pero, sobre todo, su importancia dentro de la percepción de lo femenino en un mundo tan machista como el del cómic y el género de los superhéroes.

No todo es tan simple, por supuesto. Aunque La Mujer Maravilla de Patty Jenkins cae en algunas convenciones sobre el héroe tradicional y la percepción sobre el heroísmo, se encuentra muy lejos de insistir en los clichés y lugares comunes que suelen definir a las mujeres en la pantalla grande. De la misma manera que la Diana del cómic, el personaje cinematográfico atraviesa un camino del héroe dotado de profundo significado moral y una contundente comprensión sobre la identidad y el propósito. El personaje no solo avanza a través de su trayecto íntimodesde la niña que quiere ser guerrera hasta la joven mujer que lo lograsino que además, asume un nítido y sentido deber con su sistema de creencias. El guion capta a la perfección la capacidad de Diana para construir una visión sobre sus principios tan sólida que puede enfrentarse al cinismo malogrado de un mundo golpeado por una guerra sangrienta. Una y otra vez, Diana representa el bien en estado puro y un tipo de convicción sobre los ideales y la forma de comprender el sentido del heroísmo que sorprende por su sinceridad. De la misma manera que Superman pero sin su callada resignación a la responsabilidad análoga al poderDiana supera los dolores y temores de la primera batalla y resurge con el espíritu intacto, llena de un optimismo conmovedor que supera con creces los torpes intentos de cualquier otra saga de explicary profundizaren la heroicidad. La Mujer Maravilla encarnada por Gadot brilla por su mirada firme sobre lo que parece obvio pero, sobre todo, en su análisis sobre la complejidad del espíritu humano y sus implicaciones más duras.

Jenkins insiste desde las primeras escenas de su película en dejar muy claro que se trata de una historia basada en un poder femenino que rara vez se analiza en la pantalla grande o en la pequeña. La directora muestra a la mítica isla de Themyscira en todo su esplendor: entre la realidad y un mundo alternativo, el hogar de las Amazonas tiene una apariencia onírica, flotando en mitad de un mar sin nombre. No obstante, Jenkins nos recuerda que no se trata de un lugar paradisiaco sino el origen de un raza de extraordinarias guerreras. La cámara observa los entrenamientos de las amazonas, los detalla y los contempla a la distancia como un paisaje poderoso y temible. Cada una de ellas encarna un tipo de fortaleza que va más allá de lo físico y que tiene una enorme relación con un tipo de valor mítico que domina la escena entera. Quizás se trate de uno de los momentos clave del filme entero: una visión sobre el poder desconocido, radiante y pleno que sin duda será el elemento más reconocible de la historia que conoceremos a continuación.

Más allá de eso, Jenkins parece profundamente interesada en construir un discurso dinámico sobre la capacidad y el talento de la mujer que sorprende por su eficacia. El personaje abandona los límites habituales del prejuicio y avanza hacia el contexto de un guerrero clásico, llevado a una nueva dimensión de seguro poder y un propósito heroico que conmueve por su interpretación emocional. Diana de Themyscira no es solo una mujer fuerte y con capacidades sobrehumanas, sino un espíritu íntegro y honesto. La estructura del personaje analiza la entereza, el valor moral y la solidez de los principios como una forma de expresión de fuerza y lo hace con tanta precisión, que el guion no necesita extenderse demasiado en explicaciones y tampoco en una justificación a las motivaciones de Diana para erigirse como superhéroe. Sí, el personaje lleva un traje diminuto que muestra piel. Sí, la actriz que lo encarna es una mujer esbelta y con una belleza física muy ajustada al canon sobre la exigencia estética de nuestra época. Sin embargo, ni el cuerpo o el atuendo que usa son una forma de cosificación ni tampoco de ataque estético. En realidad se trata de un reajuste cultural: Diana de Themyscira tiene un aspecto saludable y, de hecho, son sus cualidades como guerrera la que justifican su aspecto, lo cual es un hecho feminista. También lo es su cualidades para el combate que no se atiene a género, sino a un constante y sucesivo entrenamientoy su considerable inteligencia. Se trata de una mirada por completo novedosa sobre el héroe que no se atiene a su sexo sino íntegramente a su talento y poder personal. Y no desde una perspectiva edulcorada, sermoneadora o mucho menos culpabilizante. La Mujer Maravilla es un personaje concebido desde la fortaleza sin las implicaciones del juicio moralque analiza el bien y la moral desde una concepción casi arcaica sobre el concepto. Una rara complejidad que convierte los conflictos morales y personales del personaje en una alegoría sobre el tránsito del concepto de la bondad hacia algo más duro de analizar.

Claro está, la mujer que puede luchar no es una novedad para la cultura popular. Desde Ripley en Alien (Ridley Scott -1979) encarnada por Sigourney Weaver hasta la Sarah Connor de Linda Hamilton en The Terminator (James Cameron1991) la percepción sobre la mujer como una figura de poder ha venido madurando para asumir una nueva noción sobre lo femenino que se desmarca de todo tipo de clichés morales y estéticos. Eso, a pesar de que Connor era una figura ambivalente que basaba su propósito para luchar en un confuso amor maternal y Ripley fue masculinizada en las sucesivas entregas de la saga. Aún así, ambos personajes refundaron la comprensión del personaje que asume la fortaleza como una percepción neutra e incluso un atributo que parecía más relacionado con sus padecimientos personales que en cualquier otra cosa. Incluso la reciente encarnación de la mujer fuerte en Los Juegos del Hambre el ícono mesiánico y la doncella que lucha por el idealapuntó hacia una reflexión sobre la identidad femenina mucho más cercano al poder como atributo y una expresión de voluntad y capacidad moral. Todo un paso adelante después de décadas de Damiselas en desgracia y frágiles, aterrorizadas por su propia debilidad.

El concepto de la heroicidad desde el punto de vista del cine, la televisión y la literatura siempre ha tenido que lidiar con la versión masculina de lo que se considera una batalla moral: desde Superman hasta Bruce Willis, el héroe siempre se analiza a través de un ideal cultural mucho más cercano a una confrontación física que a una argumentación de valores. Cuando la mujer participa a menudo es convertida en objeto sexual o llevada a esa percepción elemental que la convierte en una idea secundaria dentro del universo de las grandes proezas imaginarias. Como ocurrió con la Lara Croft interpretada por Angelina Jolie en la película del mismo nombre del director Simon West (estrenada en el año 2001), la mujer fuerte en ocasiones se percibe como una imagen irreal y casi onírica. Y a pesar de que Jolie brindó al personaje una tridimensionalidad que se agradece, su extraña concepción dentro de la fantasía masculinizada y el deseo sexual que explota, la alejan de una identidad propia. La cámara de West parecía mucho más interesada en las nalgas y las curvas de Jolie que en la fortaleza del personaje, lo cual terminó convirtiendo la película en la encarnación de una seudofantasía erótica más que cualquier otra cosa.

Jenkins parece muy consciente de esa noción y por ese motivo se esfuerza por mostrar la estatura heroica del personaje sin sexualizarla jamás. Se trata de un logro argumental que combina la emoción y la acción para crear una comprensión sobre la fuerza mucho más dúctil y mutable que cualquier otra película al estilo. La Mujer Maravilla de Jenkins lucha con precisión, eficacia y un enorme poder físico, pero también analiza y pondera dilemas morales que brindan al personaje una notoria complejidad en un subgénero que suele apostar por la sencillez y la superficialidad. Todo un acto subversivo que sin duda abrirá las puertas para otro tipo de heroína y quizás una insólita percepción sobre el poder femenino que desde ya resulta promisorio por sus implicaciones e importancia dentro de la cultura popular. Una batalla que la Mujer Maravilla tiene más de cinco décadas librando.

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