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La invención del petro

La invención del petro
- Foto: EFE
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  • Ricardo Azuaje
  • Miércoles, 06 de Diciembre de 2017 a las 1:27 p.m.

La idea de una segunda moneda naturalmente es de clara procedencia cubana, donde desde hace tiempo existe el dinero de los pendejos, el peso cubano o CUP

No sé cuál será la versión oficial, la que estarán registrando los biógrafos de Nicolás o los que están levantando el expediente de sus crímenes o extravagancias, pero estoy casi seguro de que la idea de ponerle el nombre de “petro” a la nueva moneda paralela anunciada recientemente en una cadena, tiene que haber sido idea de uno de los argentinos afines a la revolución chavista: Maradona, Cristina, Bonafini, De Vido (o “Debido”, desde que le iniciaron el proceso) o aquel ideólogo que invitaba al ejército venezolano a hacer lo que ya estaba haciendo (asesinar civiles y apuntalar al régimen).

Maduro se habría referido a una criptomoneda tipo bitcoin, una moneda en red que funcionaría con respaldo de los recursos naturales del país que ya no pertenecen a los venezolanos, gracias a distintos acuerdos, negocios fraudulentos y venta miserable de lo que quedaba de soberanía económica, pero apunta en otra dirección, una que llevaría directamente a una isla con forma de caimán barbudo, y donde tienen una moneda “virtual” desde hace décadas, la de uso diario.

La idea de una segunda moneda naturalmente es de clara procedencia cubana, donde desde hace tiempo existe el dinero de los pendejos, el peso cubano o CUP, con el que puedes comprar Granma y montarte en una guagua, pero no adquirir una botella de Havana Club o algo de comer, y el CUC, destinado para el consumo de los turistas y para que los turistas consuman en restaurantes, hoteles cinco estrellas, taxis y otras maravillas de la revolución a la que los cubanos no tienen acceso, que puedes reconvertir en dólar cuando finalmente regresas a España, Orlando o Caracas, después de haber cabalgado las olas del mar en Varadero y de haberte dejado montar por la jinetería cubana, como se ha dado en llamar a la prostitución socialista tropical.

¿Pueden ver el panorama? Ya los venezolanos cuentan con su ineficiente pero políticamente eficaz sistema de racionamiento que vendría a ser esa combinación de las bolsas CLAP con el Carnet de la Patria, impuesto a través de un plan de hambre, fuego, hiperinflación, desabastecimiento y desaliento; ahora tendrán una moneda para ser usada por militares, funcionarios de alto rango del estado y del psuv, que en Venezuela vienen a ser la misma cosa, y el bolívar, con un valor inferior al papel en que se reproduce, por lo que seguirá siendo materia de contrabando hacia Colombia, o de souvenir para los turistas rusos, chinos, norcoreanos y persas que vengan a disfrutar de nuestro ron, nuestras playas de Falcón, Margarita y Los Roques, o de la jinetería venezolana (la carne de la patria).

Pero sin duda el origen del nombre de la nueva moneda, de este nuevo sistema de privilegios del siglo XXI, tan parecido al sistema de pago con fichas en las haciendas y latifundios del siglo XIX, como manera de sobreexplotar a los empleados y evitar que se fueran a otro lado, es claramente argentino. Las evidencias están a flor de labio: chori por sándwich de chorizo o choripán, mila por milanesa, buen finde por feliz fin de semana, la peli, la seño, el cole, el subte.

Es tan fácil imaginar a Madu y Mara intercambiando pases y pataditas en un baño del Salón Ayacucho –donde en un futuro no muy lejano, que bien podría ser el 2018, se conservarán enmarcados billetes de cien mil entalcados y todavía con cierta tendencia a enrollarse--, o en una cancha de fútbol desierta, apenas protegidos por una docena de agentes del G2, trescientos guardias de honor, el único helicóptero ruso que queda en pie y quizás una fragata española, y al pibe poniendo su mano divina en el hombro nefasto, e intentar decir en venezolano: “Coño, marico, ¿y si le ponés petro?”.

El petro. Cada vez más nos parecemos a uno de esos viejos chistes sobre Cuba que originalmente se vivieron como pesadillas: tendremos patria, o petro, pero no alcanzará para todos.

Los venezolanos sejo, o nosjo.

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