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Miércoles, 29 de Marzo de 2017

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Opinión

La experiencia de leer | Narrativa, ensayo, filosofía

La literatura en peligro (1/2)

La literatura en peligro (1/2)
Foto: Narcisa García -

Lo que está en peligro cuando se amenaza la literatura es nada menos que la humanidad.

En tan solo cien páginas, y en una traducción que se siente magnífica, Todorov alega por una enseñanza de la literatura que no se regodee en sí misma o sea reducida a propaganda ideológica, en fin, que contemple la existencia humana

I

Erudito. Elegante. Riguroso. Cálido. Sean las palabras de las que un lector echará mano al leer a Todorov. No al Todorov de los símbolos, los signos lingüísticos o los géneros del discurso. Al Todorov de mirada ubicua, lenta, apacible y de voz contestataria, que combina la experiencia personal con el goce de leer, y a su vez da cuenta del orden o desorden que nos rodea. Lee el mundo desde los libros y a los libros desde el mundo, y al lector solo le queda sorprenderse, abrir la libreta de notas y tomar apuntes, hasta sincerarse y descubrir que debería entonces transcribir todo el libro. No sobra una palabra. En cada línea se concentra una reflexión, un saber, un dato, un testimonio, una cita insoslayable que desmiente, desarma y sacude las fosilizadas maneras de ver un texto, para arrojar luz sobre las cosas del mundo con la sensatez del sabio.

El filósofo búlgaro recientemente fallecido, Tzvetan Todorov [nos estamos quedando solos, George Steiner y Pietro Citati son quizás los dos pensadores aún vivos que leen el mundo como un libro. Pensadores porque son lectores. Quizás sus muertes sean el punto final de una forma de pensar irrepetible] ensaya una advertencia sobre la naturaleza de la lectura y su enseñanza como el propio título del libro anuncia: La literatura en peligro (Galaxia Gutenberg, 2009). Libro de recuerdos, libro que contagia la pasión por conocer, por saber, saber que entraña belleza, que humaniza y cuyo fin es él mismo en tanto en cuanto nos acerca los unos a los otros. No para el abrazo fraterno, la condescendencia y la tolerancia de los necios, sino para entendernos y poder soportarnos mitigando la incomprensión y haciendo la vida un poco menos miserable; y también un llamado de atención a aquellos que les toca en las aulas de colegios y universidades formar a quienes serán futuros profesores de literatura y tendrán la responsabilidad de transmitir conocimiento.

Ese poco menos podría ser posible en y desde los libros. Lo que está en peligro cuando se amenaza la literatura es nada menos que la humanidad. La lectura de los grandes libros —y de los pequeños también— procuran una experiencia vicaria que es asimilada como propia, es la posibilidad de crear empatía con lo distinto, de vivir experiencias que nunca —por lo corta que es la vida— podríamos vivir, los personajes de las novelas matizan lo que los discursos planos uniforman, la poesía se detiene en lo mínimo para dar cuenta de lo universal, y la filosofía abstrae el mundo para intentar ordenarlo. Todorov recuerda cuando decidió dedicarse a leer, cómo en su casa siempre estuvo rodeado de libros, cuando llegó a la Universidad de Sofía en 1956 bajo el totalitarismo comunista, y cómo pudo dedicarse a estudiar Letras y presentar una tesis que pudiese esquivar el férreo orden ideológico dedicándose a la propia materialidad del texto, a las formas lingüísticas, evadiendo toda alusión ideológica y así poder viajar a París y abandonar la dictadura: "Las clases de literatura eran un cincuenta por ciento erudición y en el otro cincuenta, propaganda, ya que las obras tanto del pasado como del presente se valoraban en función de su conformidad con el dogma marxista-leninista. Había que mostrar en qué medida esos textos ilustraban la ideología correcta, o en qué medida no lo hacían". Todorov se dedicaría el resto de su vida a hablar de libros, sería su profesión. Y combatió toda fuerza que pretendiera reducir el arte a herramienta para, o el arte como negador del mundo, ensimismado. Y solo lo podía hacer en libertad, Francia le brindó lo que la Bulgaria roja le negó.

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