http://www.facebook.com/OrdenVenezuela

Martes, 12 de Diciembre de 2017

Contrapunto.com

Opinión

El ojo mecánico

La mejor actriz para la peor cantante

La mejor actriz para la peor cantante
Meryl Streep interpreta a la fallida cantante soprano Florence Foster Jenkins - Imagen tomada de ctmmagazine.com

Frears, un maestro de las emociones, cuenta la historia de esta dama de la alta sociedad neoyorquina a partir de los códigos de la comedia, pero al ir descubriendo las capas más profundas del personaje, revela la tragedia personal de una buena mujer...

La película “Florence Foster Jenkins” aclara desde ya la posibilidad de otra candidatura al Óscar para su protagonista, Meryl Streep. Sería su nominación número 18 a un premio que ya se ha llevado a casa en tres ocasiones

Gracias al Festival de Toronto, el panorama con respecto a los premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Estados Unidos, los famosos Óscar, comienza a hacerse más nítido.

Y aunque todavía haya que esperar hasta el 24 de enero de 2017 para conocer los nombres de los nominados a la estatuilla –entre los que se podría escuchar el nombre de la cinta venezolana Desde allá, según un reportaje publicado por el portal especializado Indiewire acerca de las candidatas a Mejor Película de Habla No Inglesa–, no me cabe la menor duda, y esta afirmación la hago a título personal, que en el renglón de Mejor Actriz figurará Meryl Streep, quien vuelve a demostrar en Florence Foster Jenkins su capacidad para encarnar a personajes que se debaten entre dos realidades extremas, en esos dilemas de la vida cuando irremediablemente se debe aceptar lo que no se desea aceptar.

Recuérdese, por ejemplo, el caso de Joanna Kramer (de Kramer vs. Kramer) en la que el personaje compuesto por Streep se debatía entre asumir la patria potestad del hijo que tuvo con Ted (Dustin Hoffman) y causarle al chico un duelo permanente al alejarlo de su progenitor, o ir en contra de sí misma y permitir que el chico se quedara con su papá.

Una encrucijada que también se pudo ver en La decisión de Sophie, en la que la actriz de New Jersey encarnó, desde el dolor de la culpa, a una sobreviviente polaca del holocausto que debió decidir a cuál de sus hijos salvaría de ir a un campo de concentración.

Sin que se trate de un axioma en relación con la técnica actoral de Streep, la muerte temprana de su primer esposo, el también actor John Cazale (falleció de cáncer en 1978), parece haber representado para la intérprete un punto de inflexión que le ha permitido trabajar sus personajes desde emociones y sentimientos extremos, a veces opuestos, en las antípodas.

En su más reciente trabajo, Florence Foster Jenkins, del cineasta británico Stephen Frears, Meryl Streep combina, trasmuta, sus capacidades histriónicas tanto para la comedia como para la tragedia, al encarnar con un verismo impresionante a la “peor cantante del mundo”, la mujer que da título al filme y que, durante las primeras décadas del siglo XX, utilizó la herencia que le dejó su padre para hacer realidad su sueño: convertirse en cantante lírica… sin tener el talento para ello.

Frears, un maestro de las emociones, cuenta la historia de esta dama de la alta sociedad neoyorquina a partir de los códigos de la comedia, pero al ir descubriendo las capas más profundas del personaje, revela la tragedia personal de una buena mujer que insiste en realizar su sueño de convertirse en una connotada soprano. Y como telón de fondo, realiza el fresco de una sociedad hipócrita, interesada y superficial que aplaude desde El Club Verdi (un lugar creado y sostenido con el dinero de Foster Jenkins) los desafinados agudos de la mujer.

Peor aún: mientras ese público de oficio ovaciona a la mecenas, la comidilla generalizada puertas afuera del teatro es que Florence es, sin duda, la peor cantante del mundo. Y eso lo sabe su esposo, St. Clair Bayfield (Hugh Grant), un actor mucho más joven que ella y, también, tan poco talentoso como su mujer, con la que se casó por conveniencia y sabiendas de que lo suyo sería una relación platónica, sin contacto íntimo, sin hijos y, por supuesto, con una amante que, a pocas cuadras del hotel donde vive Florence, lo espera cada noche.

Pero Stephen Frears no es un cineasta de blancos y negros absolutos. Siempre busca los grises, los matices. En este caso, la ambigüedad de los sentimientos, pues Bayfield no sólo ha desarrollado una increíble capacidad para comprar a un público que se rinda ante los desatinos artísticos de su esposa, sino también para procurarle a Florence los maestros –notables todos ellos– que por unos dólares acepten guiar a la poco agraciada soprano, y hasta los críticos que alaben su trabajo en la prensa. En el fondo, el oportunista esposo está dispuesto a hacer realidad los deseos de su mujer, actitud que termina asumiendo el pianista que ambos contratan para que la acompañe en su formación y hasta en su gran concierto en el Carnegie Hall de Nueva York, Cosme McMoon (Simon Helberg, el Howard en la serie The Big Bang Theory).

De aquel concierto se guarda memoria en los archivos del Carnegie Hall. Una velada repleta de soldados que regresaban de la guerra (el filme se ambienta en 1944), quienes a los primeros acordes de la frágil Florence estallan de la risa hasta que la misma inocencia y transparencia de la “artista”, que en el escenario entrega todo de su escaso talento sin otro propósito que agradecerles el que hayan defendido a su país en las trincheras europeas, aminora la carga destructiva de sus burlas.

Frears ha sacado lo más hondo de una historia real que hasta pudiera resultar anecdótica. Su Florence Foster Jenkins es una revisión de temas como los principios, la ambición, el arte, el poder del dinero y el verdadero amor, que no importa que jamás se haya consumado sobre el lecho de una cama… Y Meryl Streep ha sido en esta ocasión la mejor aliada que pudo encontrar en su camino.

Lee también en El ojo mecánico: Olivier Assayas: la mirada sensitiva | El derecho a ser | El populismo de la Villa | “Y el Óscar es para…” (I) |


Las opiniones emitidas en esta sección son responsabilidad de los columnistas. Su publicación no significa que sean compartidas por Contrapunto.com.

Contrapunto.com respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y al uso de un vocabulario libre de insultos y de contenidos inapropiados a la luz del sentido común y las leyes. En consecuencia, nos reservamos el derecho de editar o eliminar los textos o comentarios que incurran en estas situaciones.

http://www.gotasdeayuda.com/
http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/