https://www.navicu.com/

Viernes, 21 de Septiembre de 2018

Contrapunto.com

Arte y Cultura

La sintonía entre la Academia y el periodista Juan Antonio González

La soberbia sencillez de "Moonlight" se impuso a la pirotecnia de “La La Land¨

La soberbia sencillez de
- Foto: http://www.lebeaubug.fr/

"El filme de Barry Jenkins cuenta con contundencia la historia de la infancia, la adolescencia y la adultez de un joven negro que busca ser aceptado", escribió nuestro columnista de cine en enero; texto que reproducimos a propósito de su Óscar

El auténtico sentido del llamado cine independiente estadounidense está representado en la actual temporada de premios por el segundo largometraje de Barry Jenkins, Moonlight, drama que sigue en tres tiempos –la niñez, la adolescencia y la adultez– el devenir de un muchacho negro de Miami, donde también nació el director, que enfrenta las condiciones más adversas en su inquebrantable búsqueda de aceptación social y de una identidad coherente con sus sentimientos, su forma de ser y de pensar.

Pero no solo por el hecho de haber contado para su realización con un presupuesto de apenas 5 millones de dólares, Moonlight puede ser considerada una obra esencialmente indie. Más allá de ese dato, esta película, sencilla, sensible y profunda, se ubica en las antípodas del mainstream porque prescinde de las fórmulas de escritura de guión de uso tradicional en la gran industria hollywoodense.

La cinta está basada en la obra In Moonlight Black Boys Look Blue, escrita por Tarell Alvin McCraney, y en su adaptación al cine, Jenkins lograr mantener una sobriedad formal en la que no hay cabida para arranques que tomen por sorpresa al espectador, para giros inesperados en el desarrollo de la trama ni mucho menos para golpes de efecto, rupturas temporales o cualquier otro tipo de artificio narrativo.

La elegante pero también descarnada mirada que Jenkins aporta al Miami menos playero y más corrompido de las década de los ochenta –en plena ofensiva de Ronald Reagan contra el narcotráfico– es tan directa como el saludo que un discreto distribuidor de drogas le dirige a un gritón dealer que intenta quitarse de encima a un consumidor al borde de un colapso por la abstinencia obligada. La cámara sigue al proveedor en cuyo camino se atraviesa un escolar que huye de un grupo de muchachos que lo persigue. El chico que corre para no ser atrapado se llama Chiron (Alex R. Hibbert), pero todos lo conocen con el sobrenombre de “Little”. De ello nos enteramos luego de que, fuera ya del alcance de sus perseguidores, Juan, el distribuidor de drogas, lo encuentra encerrado dentro de un apartamento vacío; lo saca de ese refugio improvisado; lo invita a comer a una fuente de soda, y dado que no quiere decir ni una sola palabra, lo lleva a su casa donde su mujer le pregunta: “¿Quieres quedarte esta noche con nosotros y mañana te llevamos a tu casa?”. “¿Teresa?”, replica Juan…

Ha comenzado así el primer capítulo de Moonlight: “Little”, que describe la época de escolar del protagonista, un niño ensimismado, temeroso, tímido, callado, de baja estatura y muy observador, que cuando llega a su casa del colegio se encuentra con una madre que pasa la mayor parte del tiempo bajo los efectos del crack o con algún anónimo acompañante sexual.

Ese primer espacio íntimo de “Little” es sinónimo de soledad, de una soledad profunda que parece exaltarse aún más cuando el niño calienta un poco de agua en la cocina para darse un baño caliente, para sentirse resguardado en el mundo particular que él mismo es capaz de crearse dentro de la bañera.

De resto, “Little” sobrevive en una escuela pública donde es constantemente acosado por algunos de sus compañeros. Solo uno de ellos, Kevin, le dice que tiene que demostrarles a los demás que posee carácter, pues de otra forma lo seguirán agrediendo. Y vaya si el director Barry Jenkins sabe cómo hacer avanzar la historia, cuando “Little” y Kevin pelean, “de mentira”, y este le dice al final a su amigo: “Yo sabía que tienes carácter”.

Y ciertamente, Chiron aprende a cuidar de sí mismo, mientras su madre vive absorta en satisfacer sus adicciones. Por eso, prefiere pasar más tiempo en casa de Juan y Teresa que junto a su mamá.

Llega la adolescencia y se inicia el segundo capítulo de Moonlight: “Chiron”. Es el momento del descubrimiento de una sexualidad que para el protagonista, ahora encarnado por Ashton Sanders, resulta difusa, confusa. La situación con su madre se ha hecho insostenible para Chiron, quien la ve sucumbir sin poder hacer nada al respecto. La amistad entre él y Teresa se ha consolidado, pero es con un Kevin de 16 años que el ya superado “Little” descubre la atracción que siente por las personas de su mismo sexo. Una revelación que Jenkins pone en escena con poética delicadeza, quizá, la única que puede permitirse el protagonista en un entorno marcado por la violencia y el machismo. Solo un roce a la luz de la luna entre Chiron y Kevin cierra ese círculo de curiosidad que se transforma en deseo.

El tiempo transcurre. Chiron y Kevin se han distanciado luego de que este, obligado por su grupo de amigos, golpeara brutalmente a su breve amante. Llega la adultez, y Chiron, al que ahora da cuerpo, alma y tristeza el actor Trevante Rhodes, no es más que el producto del ambiente en el que creció. Ha asumido el “oficio” de Juan, pero su búsqueda de una aceptación que siempre le fue esquiva no terminará hasta que recibe una inesperada llamada de Kevin, ahora devenido en un cocinero, casado y padre de un niño.

Entre el “Little” asustado del principio de Moonlight y el Chiron que maneja un carro último modelo, que visita a su madre recluida en una clínica de desintoxicación y que se reencuentra con el único amor de su vida –un imposible–, media un abismo en el que solo es posible sobrevivir a través del perdón y la aceptación. El viaje de Chiron ha sido breve pero accidentado, triste, desolador, porque para nada es fácil ser negro y homosexual en una comunidad tan obtusa y conservadora como la afroestadounidense.

Ya había escrito en enero, sin temor a perder en todas las quinielas –me importa un bledo, pues ya no participo en ninguna– que la película de más humana, honesta, densa, la mejor escrita, dirigida y actuada es, y de seguro que no me equivoco, Moonlight. Una obra cinematográfica hecha desde la emoción, desde la poesía. Cine al cien por ciento.

Lea también Tras una equivocación, "Moonlight" fue electa como la Mejor Película del Año

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/