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La teta sentenciada

La teta sentenciada
- Foto: Newsweek
  •  
  • Indira Carpio
  • Martes, 05 de Diciembre de 2017 a las 4:01 p.m.

Amamantar es un ejercicio amoroso, pero también implica un esfuerzo por parte de la mujer que asuma esta tarea. Esta práctica debe considerársele también como parte de la jornada laboral

El 30 de noviembre de 2017, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia resolvió un recurso de revisión, a través del cual establece que se debe conceder el permiso de lactancia materna hasta que la niña o el niño lactante cumpla los dos años de edad.

La sentencia sienta jurisprudencia en Venezuela. Convierte una práctica determinada al juicio del patrono, en una establecida y reiterada por los jueces, que tiene como antecedentes las leyes orgánica del trabajo (artículo 345) y la de protección y promoción de la lactancia materna (artículo 2). Ambas garantizan el derecho de la madre trabajadora a dar dos medias horas diarias si el centro de cuidados queda en el trabajo y dos horas y media si queda fuera del lugar en el que labora la madre. La segunda regula el tiempo, habla de los dos años.

Pero, lo que parece un victoria comporta un obstáculo. “Asimismo, para acceder al goce del descanso para el amamantamiento en el período de la alimentación complementaria, la madre deberá consignar al patrono los requisitos establecidos en el artículo 3 de la resolución conjunta n° 271, del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social y el Ministerio de Salud, de fecha 22 de septiembre de 2006 y publicado en Gaceta Oficial n° 38.528 (…) Para disfrutar de los descansos para amamantar a su hijo o hija, la madre trabajadora deberá presentar mensualmente ante el patrono o patrona un certificado de consulta de control de salud del hijo o hija, expedido por un centro de salud, en el cual se deje constancia de la asistencia oportuna a la consulta, del amamantamiento y, de ser el caso, de la condición de salud de la madre, su hijo o hija de conformidad con el numeral 2 del artículo 1 de esta Resolución”.

Esta “conquista” se supedita al control médico, social y económico, a los ojos de otro tercero.



Ya no es suficiente con pelear con el patrón. Además de ir y venir del trabajo para dar teta, tenemos que acudir a un médico que diga que sí, que efectivamente ejercemos nuestro derecho.

No solamente te pueden estar obligando a gastar un dinero extra, sino que una cuestión que debería ser promovida por el Estado se convierte en un pagaré, exigido por el patrono, cosa que pudiera funcionar en contra de la práctica de la lactancia materna, y la crianza en consecuencia.

Amamantar es un ejercicio amoroso, pero también implica un esfuerzo por parte de la mujer que asuma esta tarea. Esta práctica debe considerársele también como parte de la jornada laboral. Dar teta, aunque se asume como natural y en parte lo es, también está condicionado por presiones sociales (tanto para que se efectúe, como para que no) lo que incide en el rendimiento de la madre y en la salud de la criatura si se ejerce o se deja de ejercer bajo coacción.

Las mujeres y hombres que apostamos por una patria diferente, una más amorosa, trabajamos para que la crianza también cambie, y con ello las mujeres y los hombres del futuro. Esto empieza incluso antes de la gestación: información sobre la sexualidad en las escuelas, prevención de embarazos adolescentes –que nuestro país lidera en numeritos–, maternidad voluntaria, derecho al aborto, la lucha contra la violencia obstétrica, por un parto humanizado –humanizante diría yo–, permisos postpartos más adecuados a las necesidades de la vida recién nacida, lactancia materna prolongada, menos medicalización y más presencia amorosa.

Los logros tienen que ser plenos. Es suficiente opresión la que sufre la madre trabajadora con la doble jornada, más los obstáculos patronales para poder vivir y hacer vivir a sus hijos, como para que ahora se disfracen nuestras luchas con medias conquistas.

¡Lo queremos todo!

Con esta resolución no hay discusión sobre los dos años de lactancia para la mujer trabajadora, que ya estaban establecidos en la Ley de Protección, Promoción y Apoyo a la Lactancia Materna. Este se constituiría como el tiempo máximo para este permiso, pero queda solapado el hecho de que este derecho depende de la supervisión y control del propio Estado o empresa ¿Qué pasa con las madres que quieren dar tetero (que no es lo mejor que pueda suceder, pero que puede suceder) a sus hijos, mirándole a los ojos? ¿No es acaso una cuestión de piel, de cuerpo también? ¿Por qué cosa se vela: por la biológica, por la amorosa, o solo por la laboral? ¿Acaso permanecer ocho horas o más sin ver a un hijo, de pocos meses de edad, no es también un acto de violencia? ¿Se hace ley la violencia contra la madre trabajadora y su prole?

Levantemos nuestras voces, o seremos la culebra que se muerde la cola y termina por tragarse a sí misma.

No puede estar nuestra vida supeditada al logro del capital.

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