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Martes, 28 de Marzo de 2017

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Lo digo en voz alta: algunas reflexiones sobre el manterrupting

Lo digo en voz alta: algunas reflexiones sobre el manterrupting
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El "manterrupting" se trata de un raro fenómeno que seguro sufriste y aún no conoces

En el año 2009, la cantante Taylor Swift ganó el premio MTV Movie Awards por el Mejor Video Femenino. Como era de esperarse, la homenajeada batió palmas y se apresuró a subir al escenario para agradecer el galardón frente al público que vitoreaba su nombre. Fue entonces cuando el también cantante Kanye West se lanzó al escenario y le arrebató el micrófono para pronunciar un monólogo. “¡Pero Beyoncé tenía uno de los mejores videos de todos los tiempos!”, gritó mientras levantaba el puño, mientras Swift, a su lado, aguardaba entre impaciente e incómoda tomar la palabra. Lo logró solo varios minutos después y solo luego que West se asegurara de dejar bien claro su punto de vista sobre si merecía o no el premio y provocar risas con su improvisada intervención. Al final, una avergonzada y un poco aturdida Swift logró hacerse con el micrófono y dedicar un sincero agradecimiento al mundo de la música, que por supuesto tuvo poco que hacer frente al avasallante momento protagonizado por West.

Claro está, Kanye West no es la primera personalidad pública en hacer algo semejante. Durante el segundo debate de las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses, el ahora recién electo mandatario interrumpió no menos de 18 veces a Hillary Clinton, alzando la voz y cortando el discurso de su contendiente, a pesar de las repetidas llamadas de atención de los moderadores. No obstante, Trump demostró de nuevo que su actitud misógina es mucho más compleja e incómoda de lo que puede analizarse a primera vista y que simboliza, un tipo de comportamiento de claro menosprecio de la mujer que encuentra un considerable eco en nuestra cultura. Después de todo, el nuevo presidente estadounidense no hizo otra cosa que repetir una conducta que millones de mujeres en el mundo sufren a diario en el ámbito doméstico y laboral. Una sutil agresión de la que se habla poco pero que simboliza un claro menosprecio a la identidad femenina que se normaliza con tanta frecuencia que suele pasar desapercibida.

A la distancia, ambas situaciones podrían parecer un sketch, parte del show televisado e incluso en el caso del debate presidencial, un momento de pura y dura competencia entre contendores políticos. Pero en realidad, se trata de dos de los ejemplos más notorios de un fenómeno bien conocido por buena parte de las mujeres del mundo. Uno al que deben enfrentarse a diario en medio de cierta confusión que resulta difícil de explicar. Porque hasta ahora, el hábito de interrumpir, cuestionar y evitar que una mujer pueda expresar sus ideas formó parte de esa serie de planteamientos nebulosos que suelen asumirse como parte de una confusa versión sobre la forma en que nos comunicamos. El fenómeno es tan común que incluso recibe un nombre dentro de la cada vez más extensa terminología sobre la infravaloración de la mujer en medios masivos y redes sociales. Se denomina manterrupting a la interrupción innecesaria de una mujer por un hombre. Un término que se acuñó luego de comprobarse una y otra vez que no solo se trata de un hábito común, sino que además tiene un considerable significado en las relaciones de poder entre géneros.

Dicho así, parece una idea fruto de la paranoia, la victimización y la exageración que se le suele atribuir al feminismo, pero en realidad se trata de una circunstancia que comienza a ser analizada dentro de parámetros de la necesaria igualdad y equidad dentro del mundo laboral y cultural. Porque más allá del hecho de la dinámica natural de cualquier forma de comunicación, hay toda una dinámica que afecta y lesiona la forma como las mujeres expresan sus ideas y que parece directamente relacionada, con el respeto y la valoración que se le brinda a su capacidad intelectual. Hace poco, Adam Grant profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Whartonanalizaba en un editorial de la revista del New York Times, la dificultad de la mujer para defender sus ideas en el ámbito profesional, en el que debe enfrentarse con frecuencia a señalamientos y, sobre todo, una forma muy sutil de infravaloración de sus ideas. La investigación de Grantque incluyó análisis de conversaciones, debates y argumentaciones de mujeres en espacios de poderseñala que la mujer en el ambiente profesional suele encontrarse en lo que llama “la cuerda floja intelectual”. Debe lidiar no solo con el hecho que no se le escucheo se le trate de manera condescendientesino también que se le considere demasiado “agresiva”, “mandona” y otros tantos conceptos que intentan limitar no solo el valor de sus ideas sino la manera en que las argumenta.

¿Cuántas veces una mujer prefiere callar para no parecer agresiva, violenta o desagradable? ¿En cuántas ocasiones debe defender sus ideas frente a la actitud paternal de quienes le rodean? ¿Cuántas mujeres en cargos de poder deben redoblar sus esfuerzos por hacer visibles sus argumentos y puntos de vista para enfrentar ese aparente techo de cristal que discrimina y sectoriza la opinión femenina bajo una perspectiva tradicional? ¿Por qué lleva tanto esfuerzo a una mujer atravesar las críticas sobre la forma como expresa su forma de pensar para lograr que sean tomadas en serio?

Para nuestra cultura, el hecho que una mujer tome la palabra y la iniciativa continúa siendo un fenómeno relativamente novedoso. Tanto como para que la pesada estructura de cómo se percibe a la mujer a nivel público siga teniendo un considerable peso en la forma como se analiza el rol femenino y sus alcances. Hasta hace menos de tres décadas, el desempeño laboral y profesional de una mujer parecía estar supeditado a la aprobación masculina y es quizás, esa percepción sobre lo que una mujer puede hacery los límites y restricciones a los que debe atenerselo que hace que el manterrupting sea aún motivo de discusión y análisis pero sobre todo incredulidad. Como si se tratara de una circunstancia corriente, el hecho de interrumpir y poner en tela de juicio las opiniones femeninas con más encono que las del hombre, continúa considerándose no solo algo debatible sino directamente inexistente.

La normalización de esas constantes y deliberadas interrupciones hace que sea complicado debatir el tema sin que tropiece con el tamiz de un enfrentamiento de género e incluso un debate entre estereotipos. No obstante, es un hecho que ocurren y que son cada vez más notorias: como la ocasión en que el actor Matt Damon interrumpió tantas veces las intervenciones de la productora Effi Brown durante un episodio de la serie Proyecto Greenlight como para provocar una protesta en redes sociales sobre su comportamiento. O cuando las constantes y groseras interrupciones del presidente de Google Eric Schmidt a la directora de Tecnología estadounidense Megan Smith provocó que el moderador del debate que ambos sostenían en el festival South by Southwest le llamara la atención de forma pública. En ambas circunstancias, las mujeres optaron por guardar silencio en una forma de evitar enfrentamientos y por último, el planteamiento de sus ideas pareció desvirtuarse en medio de la polémica que suscitó el comportamiento masculino. Al final, el manterrupting parece ser algo más que un mero impulso dialéctico y sí una opinión muy concreta sobre el peso y la relevancia de la capacidad intelectual de la mujer que lo sufre.

La coordinadora del Máster de Género y Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona, Juana Gallego, analizó el manterrupting en un artículo para el suplemento Verne del periódico El País de España en el que contextualizó el comportamiento como una conducta habitual llevada a un extremo concreto. “Cuando un hombre habla, el entorno da por sentado que tiene algo que decir, cosa que no ocurre cuando habla una mujer”, puntualizó y además agregó que la capacidad intelectual de una mujer se enfrenta la mayoría de las veces a la noción de importancia y relevancia que nuestra sociedad suele otorgar al hombre. Se trata de una especie de “principio de autoridad” que otorga significado y coloca en una situación de igualdad a cualquier idea expresada por un hombre y mucho más, si está dirigida a una audiencia de mayoría masculina. El análisis de Gallego coincide con un trabajo publicado el año pasado por el Journal of Language and Social Psychology en el que se analizaba desde lo probabilístico el hecho de que una mujer sea interrumpida en muchas más ocasiones que un hombre en situaciones idénticas. A la misma conclusión llegó la lingüista Kieran Snyder de la Universidad de Pensilvania, que logró comprobar en un detallado estudio que el hombre suele interrumpir con mayor frecuencia que la mujer y mucho más si su interlocutor es femenino. Y aunque es un hecho que nuestra sociedad no suele educar ni tampoco ensalzar la escucha atenta, hay un evidente desequilibrio en la forma como el hombre y la mujer son escuchados. Mientras que nuestra cultura otorga determinado valor a las ideas emitidas por un hombre, la mujer debe luchar contra el prejuicio de cómo se le percibe en nuestra cultura. En otras palabras, se asume de inmediato que lo que un hombre dice es mucho más importante y digno de ser escuchadoque lo que una mujer expresa. Un fenómeno que tiene su origen en el ámbito doméstico, donde la niña y la mujer la mayoría de las veces son discriminadas e invisibilizadas en beneficio del hombre. Juana Gallego insiste en que es necesario “dotar de poder también a las niñas”. Un tipo de autoridad más allá de la que suponen las concesiones que la sociedad otorga a la mujer a través del tradición considerar que su palabra o ideas sólo tiene importancia si tiene relación con sus hijos o incluso su papel domésticoy lograr su revalorización como individuo. Para Gallegos, la idea engloba una nueva noción sobre la participación pública. “Todo el mundo se sienta igual de autorizado a intervenir en ámbitos públicos”, puntualiza.

Se trata de un fenómeno de poder, por supuesto. Y más allá de eso, de la evolución del liderazgo y preeminencia de la mujer en esferas de Gobierno y en el mundo empresarial. Como bien señalaba Sheryl Sandberg, directora de operaciones de Facebook y fundadora de Lean Inorganización que promueve el liderazgo femenino—, el reconocimiento del valor de las ideas tiene una directa relación con la promoción de la mujer como elemento intelectual. “Cuantas más mujeres entran en las escalas superiores de las organizaciones, más gente se acostumbra a que las mujeres contribuyan y lideren”. Entre tanto, quizás sea necesario una toma de conciencia de la forma como el hombre suele escuchar y respetarlas ideas femeninas, pero también de cómo la mujer se hace escuchar. Como diría la escritora Soraya Chemaly, toda mujer debería asumir que sus ideas deben ser respetadas, una labor intelectual que Chemaly resume en una inteligente fórmula: “Deja de interrumpirme. Acabo de decirlo. No hace falta explicarlo”.

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