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Miércoles, 29 de Marzo de 2017

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Entrevistas CTP

La artista representará en varios países la obra sobre la vida de la cantante francesa

Mariaca Semprún: "Piaf es mi protesta contra las adversidades que vivimos en el país"

Mariaca Semprún:
"La cultura y el arte son refugios maravillosos en tiempos como los que estamos viviendo en Venezuela", afirma - Fotos: Anthony Ascer Aparicio

La actriz y cantante, protagonista de exitosos musicales, entre ellos "La Lupe", y actualmente de la obra "Piaf, voz y delirio", afirma que su rol en la sociedad es "ofrecer un bálsamo a la gente para que podamos levantarnos y seguir"

En la existencia de la actriz y cantante venezolana Mariaca Semprún pareciera no tener cabida la palabra obstáculo. Desde que era una niña practicó el logro de sus metas; entre ellas, convertirse en una artista integral. Tampoco los relojes parecen imponerle “tiempos muertos” en su proceso creativo y laboral. Durante los últimos 20 años la actividad cultural venezolana ha contado y disfrutado sin descanso de su rico y bien entrenado instrumento vocal, o de su talante natural y sorprendente cuando se desdoblada en exigentes personajes, bien en un largometraje, en telenovelas, en una obra teatral o en su fascinación: los musicales.

Ella puede ser una mujer de mil rostros y cuerpos sobre el escenario, y, a la vez, una cantante de múltiples tonalidades y registros: de las líricas y dulces interpretaciones en musicales como La Novicia Rebelde o El violinista en el tejado, puede transmutarse en la visceral cantante cubana La Lupe, y de allí ser la igualmente intensa intérprete francesa Edith Piaf.


Teniéndola frente a frente, esta mujer sencilla, buena conversadora y reflexiva se percibe, además, como una venezolana que siente un compromiso y una responsabilidad con el país. Durante la entrevista en la sede de Contrapunto a Semprún no se le escapó la dura coyuntura que también ella padece como cualquier ciudadana. Con la misma seriedad que aborda sus personajes, sus producciones discográficas y todos los proyectos que se propone, está plenamente consciente del rol que los artistas pueden cumplir en estos momentos aciagos de la nación.

Detrás de los éxitos de Mariaca hubo una esmerada formación “que todavía sigue y sigue”. Su educación como música transitó primero por el violín, luego la viola y después el canto coral en el Colegio Emil Friedman; posteriormente el canto lírico y el género de la ópera con la maestra Aída Navarro. Más tarde, ya casi al final del bachillerato, la actuación acaparó gran parte de su tiempo en la Compañía de Lily Álvarez Sierra.

–Debiste ser una niña muy inquieta y seguro tus padres vieron en ti el talento artístico desde pequeñita… más aún si te inscribieron en el Colegio Friedman– le comentamos para enterarnos de sus inicios.

–Noooo. Mis padres no se plantearon en ningún momento que me dedicara al arte. Para ellos la formación musical que recibí en el colegio era un complemento muy bueno, pero hasta allí. Mis padres, un ingeniero y una bióloga, no tenían nada que ver con este mundo. Aunque siempre hubo una cultura musical en casa, ellos nunca pensaron que yo podía ser parte de este medio, más bien le tenían miedo, pánico al hecho de que yo me dedicara a esto. Era un temor de padres ante el ambiente artístico, pero a mí me gustaba hacer casting, sacrificaba mis recreos por ir a cantar y por tocar en la orquesta, y estaba en todo lo que tuviera que ver con un escenario... eso era lo mío.

La menor de cuatro hermanas (ella es morocha) narra que, cuando llegó al final del bachillerato, decidió dedicarse por completo al canto, y, paralelamente, al teatro infantil. “Me tomé en serio el canto lírico: daba recitales, llegué a competir internacionalmente y cantaba desde el Ave María en una boda hasta con grupos de música urbana, con bandas. Yo tenía un grupo juvenil que se llamó Contrastes y nos invitaban para amenizar las fiestas… y de allí me iba al día siguiente a hacer un performance en la plaza de los Museos. Yo estaba en mi mundo y poco a poco fui avanzando en mi carrera”, rememora.


–Te dedicaste por muchos años a los musicales y a prestar tu voz y tus facultades como actriz a varios espectáculos. Entre ellos, muchas funciones de El violinista sobre el tejado, hasta llegar a lo que eres hoy: una artista integral. Pero tu nombre y tu apellido seguían aún un poco ocultos para las grandes audiencias. ¿Tu llegada a la televisión tuvo que ver con esa búsqueda de más popularidad?

–Claro, la televisión me dio el alcance de público que necesitaba para mi carrera. Por años me dediqué a musicales y al teatro, pero ambos medios no tienen esa pegada mediática. La televisión no era mi interés. Lo hice porque era una forma de apoyar mi carrera teatral; si la gente sabía quién era yo, sería más fácil convocar a las audiencias hacia el teatro. Debuté en la televisión como en el 2006: primero en Televen, con Gato Tuerto, y de allí salté a Venevisión con La vida entera, en el rol de Mariví. Luego vinieron como cinco telenovelas más, entre ellas Harina de otro costal, Mi ex me tiene ganas y La mujer perfecta, que fue la que me dio a conocer mucho más… ya yo iba por la calle y la gente me reconocía.

"Después entré en el cine, pero nunca dejé de cantar, ni de actuar en el teatro o en la televisión, porque siempre me ha gustado trabajar en paralelo. Hice mi primer largometraje, La pura mentira, de Carlos Malavé, y luego vinieron como cinco o seis más. Entre ellos, El malquerido. La más reciente que acabo de filmar es la de Miguel Ferrari, La noche de las dos lunas”, explica Mariaca.

–Cine, musicales, canto, conciertos, teatro, televisión… uno te imagina como si fueras una sirena o un pez que puede nadar en varios mares, varios mares de las artes escénicas. ¿Cómo haces para hilar tu energía entre uno y otro medio, entre uno y otro género? ¿Qué te exigen esos diferentes escenarios?

–Justamente, una de las tareas que yo deseaba emprender y quería lograr para ser una mejor actriz, o artista integral, era manejarme en los tres ámbitos. Los tres medios tienen complejidades diferentes. En teatro tienes a la audiencia en vivo, no hay forma de arreglar algún error o de repetir un parlamento mal dicho, y tu energía como actriz tiene que ser tan grande que debe ocupar todo el teatro hasta el último asiento. En la televisión tienes tres cámaras; debes tener la conciencia del sonido, de los diferentes planos, por ejemplo. Y no digamos el cine. Todavía el cine es más complejo porque es más íntimo, estás ante una pantalla gigantesca que magnifica todo: las emociones, la voz, los ojos.

"Aunque los tres medios me gustan y los asumo con el mismo rigor, yo me confieso animal de teatro. El teatro es como mi casa, donde me formé, donde sentí las primeras pasiones por el oficio; es donde yo puedo desarrollar lo que realmente hago, que es el teatro musical", sentencia.

–Tenemos pocos artistas en Venezuela que conjugan estas tres áreas, y que en tu caso también incluye la danza, ya que sabemos que también te has formado con Anita Vivas. ¿Tienes alguna inspiración, influencia de alguna de las grandes artistas del teatro musical?

–Desde que tengo uso de razón Julie Andrews ha sido mi inspiración y, por supuesto Meryl Streep, la reina de las reinas. No solo es la gran actriz que es, sino también una artista multidisciplinaria. Es muy común ver esta práctica y orientación en grandes trayectorias artísticas de Hollywood, pero aquí es más raro.


Terca y voluntariosa

–¿Qué planificaste de tu destino, de este camino de vida que escogiste?

–Fui muy terca desde chiquita. Tenía demasiado claro qué era lo que yo quería hacer, y a pesar de que mis padres le tenían pánico al medio artístico, me empeciné tanto que logré dedicarme a esto. De hecho, he podido empezar mi carrera mucho más temprano, pero estudié diseño gráfico para complacer a mis padres, por respeto, por todo lo que me han brindado. Pero una vez que les entregué el título, les dije: “Yo les garantizo que no me voy a morir de hambre siendo una artista”. Y poco a poco yo me dediqué a estudiar y a hacer todo lo que humanamente he podido aprender, captar, observar y experimentar para poder avanzar cada vez más en mi trabajo.

–Podrías decir que tu clave ha sido el aprender cada día más: nada sobra, todo es importante.

–Nada sobra en un actor. A un actor le toca hacer y representar de todo: ser ingeniero, médico, pelotero, nadador, cantante, astronauta, y mientras más información tengas, mientras más sabes, mientras tu cuerpo haya aprendido a hacer más roles, más solvente serás como actor y como artista integral.

–¿Cómo has “surfeado” con tu fama, con esa imagen pública que se ha afianzado durante los últimos 15 años con el boom Mariaca Semprún?

–Yo soy muy poco amiga de la fama. Sí disfruto del reconocimiento del público y del feedback sobre el trabajo que uno hace. La fama tiene aristas buenas, pero otras oscuras; entre ellas, que cualquiera se siente que puede opinar, y más ahora con la redes sociales, cualquiera se siente con el derecho de poder comentar lo que sea de tu vida, de tu físico, de tu trabajo. Hay tanta, pero tanta libertad a través de las redes, que ya se ha convertido en libertinaje. He tenido que lidiar con eso y hacerme una carne muy gruesa, también por mi vida personal y por la vida de mi pareja. Al principio me torturaba y me arruinaba el día, pero te confieso que actualmente ya no le doy importancia, aunque igual es duro porque hay mucha gente que lo que quiere repartir es odio.

–Y más si la pareja (el escritor y poeta Leonardo Padrón) también es mediático y famoso en nuestro ámbito.

–Si no fuera una personalidad como Leonardo Padrón no les interesaría; les interesa porque lo conocen a él y a mí. Pero ya tenemos siete años juntos, somos una pareja estable y sólida y hemos aprendido a poner las críticas y comentarios en su lugar.

–Los maracuchos dicen: “Viví con él”. ¿Cómo ha sido para ti vivir con un poeta, además de ser también un escritor de televisión?

–Para mí ha sido una experiencia maravillosa, porque yo estoy muy enamorada de él. Pero más allá de su oficio, de su nombre y prestigio como escritor y poeta, está el ser humano que es Leonardo y que es lo que a mi realmente me cautiva. Vivimos una cotidianidad muy bonita, y el ser artistas los dos nos ha permitido ser muy compañeros. Esto hace que los dos nos acompañemos en nuestros oficios. Él me apoya y me comprende; cuando yo me monto en un escenario, entiende de qué se trata y siempre tiene una crítica constructiva. Además, vivir con un poeta tiene su cosa romántica y muy agradable.


Mariaca "Edith Piaf" Semprún

Mariaca Semprún cuenta que se sorprendió cuando el director venezolano Gabriel Díaz (residenciado en Alemania) y la productora Dayana Piñeros le propusieron hacer La Lupe en un unipersonal. “Estás loca, yo vengo de hacer La novicia rebelde… ¿cómo voy a pasar a ser “la Yiyiyi?”, le dijo a la productora. Pero finalmente se dijo a sí misma: “¿Y por qué no? Total, son seis funciones y chao… pero la cosa se convirtió en un éxito y me metí en la piel de la cantante cubana y me encantó hacer ese trabajo”.

En Piaf, voz y delirio, Mariaca Semprún aborda el drama, el amor, la pasión, el dolor y la nostalgia que poblaron la existencia de la francesa Edith Piaf. Este rol ha sido tal vez el de mayores desafíos actorales y musicales. En escena, Mariaca se va transformando de niña en adolescente y de allí en la mujer y la cantante que murió siendo muy joven, pero con un caminar lento y una visible joroba en su espalda. Mediante un recorrido por las canciones como "La vida en rosa", "Milord", "No me arrepiento de nada", "Los amantes de París", "La foule", "Padam" o "Himno al amor", Mariaca debe hacer gala cada noche de una voz magistralmente cercana a la de Piaf.

En La novicia rebelde, Mariaca desplegó toda su preparación musical en canto lírico y registros más clásicos


¿Cómo se te puso delante Edith Piaf?

–Ambos proyectos llegaron a mí por sorpresa y por una propuesta. Luego del resultado de La Lupe, a ellos mismos se les ocurrió hacer Piaf; pero eso me dio más temor, porque ni francés sabía hablar, y más allá de "La vie en rose", yo no tenía mayor acercamiento a la música ni a la voz de la cantante francesa. Pero finalmente me enfrenté a un nuevo reto y acepté. Sin embargo, todo resultó de otra manera , a que ellos se marcharon del país y el equipo se desmembró. Para entonces ya yo había empezado con la investigación de Piaf y estaba “picada de culebra”, así que comencé a llamar a Claudia Salazar; a Mariángela Ruiz, amiga mía personal, y convencí a Leonardo (a quien tenía rato insistiéndole que escribiera para teatro). Así se armó este equipo poderoso que ha tenido también a Miguel Issa y a Hildemaro Álvarez en dos áreas claves: la puesta en escena y la música, respectivamente.

–Cuéntanos cómo fue el proceso para convertirte en Edith Piaf

–Trabajé el personaje parte por parte durante cinco meses. Fueron cinco largos meses en los que yo viví prácticamente aislada. Fui trabajando primero la voz, escuchándome en mis grabaciones, memorizando las canciones, aprendiendo el francés con un coach del idioma. Luego, con Miguel Issa, hice el trabajo gestual y del cuerpo, de los movimientos y fuimos probando hasta que encontramos una “carcaza” para los movimientos en escena.

La Edith Piaf que ahora conocemos en Venezuela es la de Mariaca Semprún... ¿Cómo ha ido evolucionando el personaje cuando van por la segunda temporada?

–El personaje está mucho más maduro, como ocurre regularmente cuando una obra va en temporadas. Piaf está mucho más crecida, más asentada, porque función tras función se va potenciando.


–¿Hay un proyecto internacional con Piaf, voz y delirio?

–Sí tenemos un proyecto de girarla. Afortunadamente se nos acerca gente que quiere llevarla al exterior. En el Miami Dade County será la primera presentación, el 1 de julio. Ya las entradas están a la venta y esperamos que nos vaya bien y completemos el aforo de 2.600 butacas. Y luego, aunque aún no tenemos fechas exactas, se plantea Nueva York, México, Colombia. Estudiamos presentarla en países como Chile y Perú.

–¿Y después de Piaf, qué viene? ¿Qué te gustaría hacer?

–Ya estamos en eso. Inmediatamente viene la grabación de mi segundo disco, que va a ser Tributo a La Lupe, basado en lo que hice en la obra. Este CD lo vamos a grabar con todos los hierros, con un Big Band latino, tradicional, con la producción de Alejandro Blanco Uribe y de Pedro Mauricio González, quien va a ser el arreglista. Va a ser un tremendo trabuco de músicos y queremos que esté listo para finales de año. Así quiero cerrar el ciclo de La Lupe y más adelante, quizá, grabe a Piaf.



Burbujas para sobrevivir

–¿Sientes que estás en tu momento, en tu mejor momento?

–Sí y no. Sí estoy en mi momento porque estoy haciendo lo que yo quiero, lo que siempre soñé y, mejor aún, estoy teniendo éxito. Ahora bien, considero que no estoy en mi momento porque siento que el exilio de tanta gente valiosa, tantos cantantes importantes, actrices de mi generación que se están quedando en el exterior nos perjudica a todos, porque son muchos los proyectos que se van cayendo.

–¿Cómo te afecta esto a ti, si estás reinando?

–Pero me hubiese encantado que hubiese muchísimas más ofertas culturales, y más competencia de la sana, de la estimulante. Me gustaría tener más referentes como Elba Escobar, por nombrar una de las grandes que están fuera del país, y compartir con ellas y alternar impresiones.

–Y te gustaría más que te vieran a ti haciendo lo que haces ahora…

–Claro, y participar con ellas en otros proyectos. Por ejemplo, tengo un proyecto con Karina y no lo podemos desarrollar... entonces a eso es a lo que me refiero como influencia negativa del exilio. También la situación económica influye, y son variables que no nos permiten hacer muchas más cosas y materializar un sueño dentro de las artes.


–Pero estás haciendo algo importante por el país y para los venezolanos, pese a todo lo negativo que está pasando…

–Sin duda alguna sé que soy privilegiada de poder ejercer este oficio en un país que está tan complicado como este, y quiero que la gente lo sienta como un regalo, que lo agradezca como un regalo, y te diga: "gracias por darnos estos buenos momentos en el teatro y por apostar por nosotros". Y, definitivamente, la cultura y el arte son refugios maravillosos en tiempos como los que estamos viviendo en Venezuela.

¿Cómo sobrellevas esta situación del país? ¿Cómo canalizas las emociones que producen la inseguridad, por ejemplo; el salir tarde de un ensayo o de una función, el alto costo de la vida, etc., etc., etc.? ¿Qué es lo que más te afecta?

–Me afecta en lo personal porque me desmotiva. Lo que pasa es que yo he tenido la bendición de generar estas burbujas, estos equipos de trabajo que funcionan como si fueran del primer mundo. Un engranaje de gente que trabaja y que está entregada completamente a favor y por la excelencia, y eso no es fácil conseguirlo porque aquí se imponen la inseguridad, el hambre. Pero son estas burbujas de mi trabajo las que me permiten sobrevivir.

"Mi paliativo para soportar esto es el estudio y el trabajo. Me aíslo totalmente. Solo salgo a trabajar, salgo a rodar la película y regreso a casa. Mientras yo trabajo todo esto, o yo estoy regalándole al público, pienso y siento que estoy cumpliendo con mi rol en la sociedad, y tengo que hacer lo mejor que esté en mis manos sin subestimar al público. Yo pensé que Piaf iba a ser más elitesca en cuanto a la asistencia y comprensión del público, y no ha sido así; entonces esto nos compromete doblemente. Más allá de mi derecho ciudadano de reclamar cosas, de protestar, de poder votar, tengo que hacer lo mejor que esté en mis manos para ofrecer al público un arte de excelencia.


Siempre se les exige a los artistas y a los intelectuales que digan algo, que protesten, que asuman una posición política… Pero resulta –y tú lo has dicho– que el trabajo de un artista es crear esos espacios de excelencia, de creatividad, de regalo espiritual y visual y de disfrute para la gente. ¿Cómo protestas en contra de esta situación de crisis?

Piaf es mi acto de protesta contra el sistema que no funciona. Piaf es mi protesta contra todas las adversidades que vivimos en el país. Mi protesta es generar una obra de excelencia y demostrar que, contra toda la avalancha de problemas que tenemos, las cosas se pueden hacer bien cuando hay una voluntad férrea. Mi protesta frente a lo que nos sucede a los venezolanos es poder expresar el contenido de esta obra: Piaf habla de una niña de la calle que logró convertirse en una estrella mundial, y que protegió a los judíos cuando la guerra; que fue una mujer que le dijo a la prensa de su tiempo: “Ustedes no entienden que nuestro único trabajo es hacer que la gente se olvide de sus problemas, aunque sea por tres horas”. Y eso es lo que estamos haciendo nosotros: ofrecer un bálsamo a la gente para poder levantarnos y seguir.

Respecto al medio cultural y a las propuestas artísticas, al esfuerzo que muchos creadores siguen haciendo o han hecho para mantener la oferta en este ámbito, ¿crees que ha sido buena, distinta, variada, suficiente, de nivel?

–No creo que es suficiente, pero me siento orgullosa del gremio artístico y especialmente del medio teatral. Es el gremio que no se ha detenido a pesar de la crisis. Aquí se acabaron todos los subsidios; se acabó el apoyo del Estado para agrupaciones que no fueran de la tendencia política del gobierno. Sin embargo, el artista venezolano ha sabido levantarse y generarse sus propios espacios. Allí están espacios como el microteatro, que es un pequeño huequito y allí se están generando discursos y propuestas. Se siguen propiciando y acondicionando lugares para que la gente tenga sus centros de esparcimiento.

"En cuanto a la oferta de teatro para mí gusto debería ser más variada. Es importante y necesario más teatro de autor, más teatro que pueda explorar o profundizar en discursos acerca de lo que son estos momentos del país. Un teatro que pueda sacudir a la gente, hacerla reflexionar y pensar, que es parte de nuestro rol como artistas", asevera.


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