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Lunes, 20 de Agosto de 2018

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Arte y Cultura

Contrapunto descubre 11 de las 22 obras que se presentan en la nueva edición

Corran de una sala a otra: Contrarreloj el Microteatro trae variedad en su 15va temporada

Corran de una sala a otra: Contrarreloj el Microteatro trae variedad en su 15va temporada
Alexxey Córdova se destaca como Romeo en la pieza "¡Yo no escribí eso!" que se presenta en la sala 5 de Urban Cuplé - Fotos: Jonathan Lanza - Contrapunto
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  • José Gabriel Díaz
  • Viernes, 20 de Julio de 2018 a las 1:12 p.m.

Al evento le ha tocado compartir el espacio con una feria escolar que, a la vista, estorba y roba protagonismo, haciendo enrevesado su recorrido

El Microteatro vuelve a escena casi sin descanso. Las 22 propuestas nuevas están en la cartelera del teatro Urban Cuplé, ubicado en el CCC Tamanaco a la espera del aplauso. El recorrido deja una sensación agridulce. Se aprecia que algunos actores siguen creciendo a partir del ejercicio repetitivo, con personajes ya realizados que muestran esta vez nuevas facetas de vida. También hay los que se han vuelto referente obligado, casi marca, por su constancia en la actividad. Ocurre lo mismo con directores, productores y guionistas. Y quedan los que inician el recorrido de esta carrera kilométrica que ya comienza a cansar.

El público asiste intermitente, de martes a domingo, y como ocurre en cada edición, hay piezas agotadas que no necesariamente son las mejores. Van disfrutar de las opciones, pero también para ver y dejarse ver, sin descartar la posibilidad de conocer gente, tomarse o comerse algo y hasta ligar.

Se suman 15 ediciones y esta parece la más chucuta, pues les ha tocado compartir el espacio con una feria escolar que, a la vista, estorba y roba protagonismo (en otras ocasiones ha pasado con menos intensidad). El "Micro" se ve minimizado y complejo en su recorrido.

El hecho de recortar el espacio, pero no la oferta, ha hecho que algunas salas sean más pequeñas y que el ruido se cuele por las rendijas de separación de las paredes improvisadas. Nada que los actores no sepan controlar para evitar la distracción del público.

En una jornada completa pueden ser apreciadas ocho piezas. Pero hay que advertir que es maratónico hacerlo sin descanso, pues se reduce el tiempo para la reflexión o el comentario. La carrera empieza a las 6:15 pm, con la primera, y termina a las 10 pm, con la última. Y costoso, claro, si no se aprovecha el 3 por uno de los primeros días de la semana.

En general trabajan dos elencos, ruleta rusa que puede marcar la empatía o desprecio hacia una obra, pues algunos actores se lucen en papeles idénticos que otros no logran desarrollar.

La diversidad sexual, diáspora, diferencias políticas, crítica a la televisión, creación y representación de personajes, conflictos de pareja, asesinatos y delincuencia, transformismo, escasez, enfermedad y muerte, transgresión y cuernos, se reinventan y reciclan con menos escarcha que en otras ediciones.

Aquí van nuestros comentarios de 11 de las 22 obras que pudimos ver esta semana. Haga su ruta de obras.

Grosera (sala 2). Escrita por José Simón Escalona, se trata de un monólogo bastante rudo que critica la situación política y social del país, vivido a partir de una mujer cuya ideología es contraria a la de su esposo. Kevin Jorges se luce en la actuación pero deja qué desear en las transiciones que realiza emitiendo la voz del otro personaje. En el texto no cabe una grosería más y la risa aparece a partir de la inconformidad que, por 20 años de matrimonio, ha sufrido esta doña que odia a su marido por ser chavista.

El más famoso (sala 3). Newmaker Quintero, Adrián González, Dave Capella y Digber Dávila, protagonizan la historia que aborda un conflicto entre dos animadores de canales distintos y el juego de una telespectadora que logra tener, en sus manos, el control de la escena. Es de las opciones más divertidas.

Estado civil divorciado (sala 4). Exagerada en expresiones, esta historia –protagonizada por José Luis Dávila y Andrés Eloy Izarra– dispara la risa a ratos. Ambos personajes se ven demasiado caricaturizados y eso aniquila la diversión. Hacen bien su trabajo de proyección y lograr evitar que se filtre el ruido de la tarima principal pero quizá, producto de eso, se aprecia todo como muy engolado. La historia es trivial de dos machos domados por las mujeres, aunque quieran tirárselas de duros.

¡Yo no escribí eso! (sala 5). Alexxey Córdova y Manuel Salazar se reencuentran esta vez para contar la disputa que se genera entre un escritor y un actor exitosos, unidos por una serie de secretos que se irán develando en el camerino. Juntos, para bien y para mal, son presos de su dependencia. Inconformes y cansados el uno del otro, su disputa genera por momentos la risa. Ambos actores interpretan con perfección cada personaje y es allí donde radica el valor de la pieza.

S.E.X.O. (sala 7). Estaban Ramírez, Deive Mendoza, Luis Marín y Leandro Campos protagonizan esta historia en elencos compartidos. Una propuesta de guion interesante que se ve un poco exagerada en algunas de las actuaciones. Todos hacen su mejor esfuerzo para lucir creíbles, a partir de un drama que roza con abusos, transformismo y maltrato. El personaje principal enfrenta un trastorno bipolar tras haber sido abusado por su padre. La fuerza que le falta obedece a la conexión entre los actores y una linealidad de la puesta en escena que alimenta los baches.

Dame duro (Sala 8). Domingo Balducci, Luis Carlos Boffill y Jorge Gordillo se intercambian la historia de amor tóxico entre una pareja gay. Las actuaciones son buenas y las historia diferente y reflexiva. Todo lo que parece no necesariamente es y queda la lección. Del amor a los golpes, de los golpes al arrepentimiento, del arrepentimiento a la ruptura y de esta al amor de nuevo. Un círculo vicioso que se desarrollo a partir del día que sus protagonistas deciden contraer matrimonio. Es interesante.

Cómo dejar la mariquera (sala 14). Liliana Meléndez protagoniza con César Caballero y Guillermo Canache en elenco compartido esta obra que desde el minuto uno hace reír. Es otro de los aportes de esta edición con unos actores que se lucen. Un agente nazi decide acabar con la homosexualidad a partir de un curso de formación. Aquello se sale de control cuando se apunta un personaje que no tiene remedio ni cura.

La sexóloga (sala 17). Mercedes "Pachula" Benmoha es de las actrices que llevan a cuestas varias temporadas de Microteatro. Busca la risa, como siempre, pero en esta ocasión lo hace a partir de las peripecias de una mujer que convive con un don especial: puede escuchar hablar a los genitales. Aunque la actriz parece reciclarse en ademanes y tono con otros papeles ejecutados, logra conectar y disparar la risa. Su voz a veces puede aturdir.


Cliché (sala 18). Pantomima, improvisación y Clown se funden en esta pieza que desarrollan dos personajes que conectan a partir de su pasión por el cine. Sin hablar, y con los implementos que van sacando de una maleta, reviven escenas inmortales de películas populares de todos los tiempos. Es protagonizada por dos elencos, uno de chicos y uno chico-chica (Aquiles Aldazoro, Jonathan Collet y Karla Fernandes). Sorprende al final el giro que da la historia y que hará que a más de uno se le agüe el guarapo. De las más recomendadas.

Por ellas. Hasta que la playa nos separe (sala 19). Un hombre con doble frente protagoniza una historia que hace reír. El guion está bien escrito y las actuaciones también. Hay dos elencos, eso sí. En la playa se disparan una serie de enredos a partir de las diferencias entre la relación que comparte el hombre con su esposa y con su amante. Vale la pena verla para reírse un rato. La iluminación y escenografía está bien lograda.


Chicas venganza (sala 20). Anaís Maucó, Bárbara Mijares y Verónica León protagonizan la pieza. Actúan con soltura y mantienen la tensión del drama que comparten sin chocarse. Un país inseguro es la excusa para revelar tres historias de robos y asesinatos que se cruzan a partir de sus víctimas quienes se encuentran para cobrar venganza. Es interesante la propuesta de escenografía, iluminación y vestuario. Pero hay vacíos que habrían podido haberse llenado con música. Invita a reflexionar sobre lo que somos capaces de hacer para llevar adelante un duelo producto de hechos abominables. Incluso dejar de tener miedo.

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/