https://www.navicu.com/?src=af

Viernes, 22 de Septiembre de 2017

Contrapunto.com

Opinión

La duda melódica

Mujeres y violencia de género

Mujeres y violencia  de género
Hombre de las cavernas. Ilustración: Santiago Verdugo. -

Sabemos incluso que existen sociedades en las que no se percibe dicha situación de manera negativa. Darse y devolverse las agresiones tiene a veces ciertos visos de supuesta “normalidad”.

  •  
  • Luis Barrera Linares
  • Domingo, 04 de Octubre de 2015 a las 5:30 a.m.

Aunque pudiera confundírsele con algún político de este tiempo porque portaba un mazo espinoso, Trucutú era pacífico; no parecía partidario de agredir a Ulanita, su pareja

Algunas veces se me ha acusado de “machisto” porque no me parece conveniente que las damas de mi entorno familiar acudan solas a establecimientos como los talleres mecánicos, las ferreterías y las licorerías. No ocurre siempre, pero hay ciertos empleados de tales comercios que sueltan la baba nada más ver a una fémina en “sus predios” y por lo general suelen fabular más allá de lo normal acerca de las razones por las cuales están allí. Sin embargo, bien claro estoy en que hay mujeres que en circunstancias adversas saben defenderse muy bien sin necesidad de acudir a auxilios masculinos. Mi madre fue una de ellas y con orgullo tengo frescas sus enseñanzas de señora de armas tomar.

Divago acerca de esto porque desde hace días mi tía Eloína ha venido “acosándome” para que escriba sobre ese polémico tópico que la contemporaneidad denomina “violencia de género”. No voy a entrar en la discusión (ya bizantinizada) de si en tal caso es pertinente o no la noción de “género” y debería diferenciarse de la de sexo. Mi rollo de hoy no es filológico ni semántico.

Cuando de niños leíamos las ya legendarias historietas de Trucutú —que así lo pronunciábamos, aunque en la escritura del cómic nunca vimos el acento en la u final—, la imaginación nos hizo creer más de una vez que, igual que algún político de los de la actualidad, aquel personaje portaba un mazo que le serviría tanto para defenderse de sus oponentes como para poner en cintura a su esposa Ulanita si esta cometiere algún desaguisado. Mas en honor a la verdad, nunca fue así. Jamás leímos que Trucutú se atreviera ni siquiera a insinuar que usaría su supuesta “arma de reglamento” ni contra su pareja ni contra nadie. Era un cavernícola más “civilizado” que muchos supuestos machos “modernos”.

Este extraño y curioso hábito de resolver los asuntos conyugales a punta de golpes y porrazos (físicos, lingüísticos, espirituales o de cualquiera otra naturaleza) es tan viejo como el frío. Sabemos incluso que existen sociedades en las que no se percibe dicha situación de manera negativa. Darse y devolverse las agresiones tiene a veces ciertos visos de supuesta “normalidad”. Hay además lugares en los que hasta es supuestamente “legal” hacerlo, digo, caerse a trompadas la pareja por la mañana y por la noche celebrarlo con amapuches sexuales. Y, más aún, en algunas partes del planeta (incluso en espacios latinoamericanos) debe haber todavía hombres y mujeres que piensan que la felicidad ha comenzado a disminuir cuando la contraparte (varón o hembra) ha cesado en sus ataques. O sea, en la interpretación de este tema, hay de todo como en botica.

Sin embargo, también es cierto que, al menos en el universo en el que sobrevivimos los hispanohablantes, golpear (física o verbalmente, con la actitud, o de cualquier otro modo) a quien convive o comparte con nosotros la vida constituye un acto que no habrían apoyado ni Trucutú ni Pedro Picapiedra. Hay mucha tela para cortar acerca de esto porque nadie puede negar que existen seres (¿humanos?) “pleitistos” que, ante cualquier desliz, le caen a palos, a puños, a regaños, a reprimendas, a uña o a chancletazos, a la pareja. Censurable, obviamente y sin discusión. Pero cuando el acto implica que, para tal propósito, el macho se aproveche de su supuesta superioridad y fuerza, pues más reprochable todavía.

Todo este regodeo acerca de tal tópico no es más que la excusa para celebrar las ciento cuarenta páginas del libro Cien mujeres contra la violencia de género, que acaba de ser publicado por Fundavag Ediciones (2015) y cuya compilación correspondió a tres re-conocidas damas del ambiente literario venezolano: Kira Kariakin, Virginia Riquelme y Violeta Rojo.

Este pequeño grandísimo volumen recoge las voces de una centena de escritoras venezolanas de distintas edades, profesiones, ocupaciones y pareceres. Mediante poemas o fragmentos de ellos, minicuentos, breves ensayos y otras tipologías discursivas, es posible encontrarse con una insospechada multiplicidad de variantes alusivas a la agresión, unas veces solapada o disfrazada, otras no tanto, de que la mujer suele ser víctima, a veces incluso de parte de otras de su mismo sexo. Vale la pena acercarse a este breviario, de rapidísima lectura y contundentes mensajes. Un solo botoncillo de muestra porque el espacio no da para más: “Pusilánime. Era de los que, ante un cuarto oscuro, ante la noche de unos hematomas, preferían cerrar la puerta y seguir su camino en vez de encender la luz”. Para conocer el nombre de su autora, una joven y excelente cuentista venezolana, sugiero acudir a la página cincuenta y cuatro del libro. Así aprovechan y lo disfrutan completo.

Lee también en La duda melódica: Mural de identidad: Venezuela | Yo peloteo, tú peloteas... | Escrache / Escrachar | Rata de dos patas |


Las opiniones emitidas en esta sección son responsabilidad de los columnistas. Su publicación no significa que sean compartidas por Contrapunto.com.

Contrapunto.com respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y al uso de un vocabulario libre de insultos y de contenidos inapropiados a la luz del sentido común y las leyes. En consecuencia, nos reservamos el derecho de editar o eliminar los textos o comentarios que incurran en estas situaciones.

http://www.gotasdeayuda.com/
http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/