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Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Contrapunto.com

Economía

La lógica del capital dejó de existir en Venezuela (I)

Carniceros de Quinta Crespo tienen la palabra: aquí todos estamos trabajando para comer

Carniceros de Quinta Crespo tienen la palabra: aquí todos estamos trabajando para comer
Aquí todos estamos trabajando todos los días para comer - Foto: Ernesto García
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  • Martha Uribe | @soylauribe
  • Sábado, 16 de Septiembre de 2017 a las 7:08 a.m.

Nadie sabe hasta dónde aguantará, pero el aumento de precios se convirtió en algo que la gente asume como natural. Compran porque pueden dejar de hacer muchas cosas, menos comer. Sin embargo, consumen menos y compran de todo "poquito"

Todo venezolano podría estar en la capacidad de hablar, con mucha propiedad, sobre la inflación, porque en este país cualquier producto o servicio puede subir de precio de un día para otro, tanto que es bastante probable que, para cuando usted esté leyendo este artículo, los valores aquí reseñados no sean los mismos.

En Venezuela, los precios experimentan cambios frenéticos, inclusive a diario. En algunos supermercados, el cambio de etiquetas ya es parte de la rutina de la jornada laboral. Los consumidores, aunque a rabiar, ya se acostumbraron. Cada producto que llega tiene un nuevo valor para el comerciante y por ende para el comprador. Un día le toca al estante de las pastas; otro, al de las salsas; al siguiente, el de los atunes, y así.

Para mayo de 2016, los vendedores de carne en Quinta Crespo le dijeron a Contrapunto que el producto estaba experimentando un incremento de entre 100 y 200 bolívares, semanalmente. Para esa fecha, el kilo de carne de primera costaba 12.800 bolívares.

Han transcurrido cuatro meses, y según esta tendencia, en promedio, el kilo debería estar costando 14.500 bolívares para el cierre de la segunda semana de septiembre de 2017. Sin embargo, para el martes 12 de este mes, el muchacho cuadrado, la pulpa negra, la chocozuela, el ganzo y el pollo de res ya marcaban 26 mil bolívares y hasta 28 mil. Los comerciantes consultados en Quinta Crespo advirtieron que para la semana siguiente ya estaría, como mínimo, en 30 mil bolívares. En las carnicerías y cadenas de supermercados, ya supera ese precio.

Gráfica: Douglas Martínez

En el popular mercado del centro de Caracas, el solomo, la punta y el muchacho redondo marcaban 28 mil bolívares y el lomito, 33 mil bolívares. El cochino marca hasta 39 mil bolívares, dependiendo de cómo lo pida.

Para mayo de 2017, los mayoristas de los mataderos industriales les vendían la carne a los comerciantes entre 7 mil y 7.200 bolívares. Para este mes, la factura muestra un incremento de 100%. "Esta semana (segunda de septiembre) el aumento fue de 1.200 bolívares el kilo en siete días", nos dijo un carnicero.


Santiago Chacón es de Los Andes y hace vida desde hace 40 años en el mercado de Quinta Crespo, en Caracas. Se toma su tiempo para explicar que a ellos como comerciantes los golpea por igual la inflación. La carne se aumenta en la misma medida que lo hacen los proveedores del producto, y de igual manera ellos sienten cómo los precios les pisan los talones cada vez que les toca comprar cualquier rubro para tener algo en la nevera y alacenas.

"Fíjate que acabamos de comprarles los útiles y uniformes a los tres nietos y gastamos 3 millones de bolívares", que son aproximadamente 110 kilos de carne.

Un carrusel de emociones

La gente se molesta y con razón. Chacón los entiende porque él frecuentemente se siente igual que sus clientes. "Si una semana compran carne a 24 mil y la siguiente a 28 mil, es comprensible que pongan mala cara". Eso sí, pese a la tristeza, la rabia o la preocupación, igual compran, "porque la gente tiene que comer, aunque no en las mismas cantidades".

La situación no es distinta para los comerciantes. "Nosotros hace seis u ocho meses comprábamos cuatro reses de carne a la semana. Ahora solo una y media", explica otro de los vendedores de Quinta Crespo. Dice que el producto no se puede acumular y que la decisión de comprar una u otra cantidad depende de las ventas de la semana anterior. "Todos por igual compramos, comerciantes y clientes; menos, pero compramos".

"Hace cinco años vendiamos de ocho a diez reces semanales", comentó otro vendedor a Contrapunto.

Gráfica: Douglas Martínez

El comerciante es enfático en afirmar que la desinformación ha hecho que los acusen de especuladores, de espalda a la realidad. "Existe todavía la idea de que los comerciantes logran hacerse de buen capital en un negocio como este, pero no es cierto. Aquí todos estamos trabajando todos los días para comer", dice Chacón.

La diferencia entre el precio de la res y la venta final se destina a pagar sueldos de trabajadores, seguro social, el derecho por el puesto en el mercado y el mantenimiento de las neveras que cuesta hasta 650 mil bolívares al mes, sin contar con los imprevistos, "como por ejemplo que haya un escape de gas".

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