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Martes, 12 de Diciembre de 2017

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Arte y Cultura

"Luz y fuego que dejan huella en el tiempo" nos devuelve a una de las más destacadas ceramistas

La inagotable Nohemí Márquez: "Sentía que mis manos eran para la escultura"

La inagotable Nohemí Márquez:
"Yo quise ser una escultora en cerámica y siento que mi obra no tiene el menosprecio frente a una obra de madera o de hierro o de bronce", dice esta señora artista, Nohemí Márquez - Fotos: Jonathan Lanza
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  • Nabor Zambrano
  • Domingo, 19 de Noviembre de 2017 a las 12:39 a.m.

La reconocida ceramista venezolana, en pleno dominio de sus facultades a sus 84 años de edad, muestra a partir de este domingo, en la galería D’Museo, su producción de este año acompañada por los fotógrafos que han registrado su obra

El pequeño tamaño y decidido verbo de Noemí Márquez no lo dicen todo de su voluntad artística. Ni de la firmeza de sus convicciones. Habría que conocer sus afanes incansables del taller que es donde vida y arte se funden en una inseparable circunstancia.

Noe, como le decía entre amorosa y enérgica Reina Herrera (era bien jodida), y así firma sus piezas, una huella más en el tiempo y en el universo de su barro, Noe con el rabito de la e buscando expandirse procurando una eme inexistente que condena a la i a su desaparición, retiene un contenido ¡uffff! ante lo que sus propios ojos ahora constatan en la sala y encuentran aprobación en las miradas de Alberto Asprino y José Francisco Cantón, los curadores: lo que bajan del transporte, lo que salió de la quema, lo que parió este año febril y angustiante y lo que, jura y perjura, será su última exposición individual, lo que se llamará Luz y fuego que dejan huella en el tiempo y que la galería D’Museo exhibirá a partir de este domingo en el Centro de Arte Los Galpones. (El “¡carajo!” se queda suspendido en su mirada pícara porque de sus labios no sale una interjección altisonante. No se pelea 24 horas con la tierra que la nutre de sabiduría).

84 años de edad, más de la mitad dedicados a amasar arcilla, hablarle con sus manos a la tierra, pactar su moldeado, hacer la vigilia de la quema robándole valiosas horas al sueño, pensar y reflexionar sobre temas para que la forma los aprehenda, cónchale, una faena infinita de producir con la convicción del alto valor de la tierra en la construcción de la historia del arte y de la humanidad. Lo cree y lo defiende a pie juntillas.


Huellas imborrables es como el subtítulo que define la propuesta de Noe, la que ocurre de la conjunción del trato con el barro, tienes que tener una arcilla adecuada y amasarla muy bien; ella elabora tiras sobre puestas propiciando el tamaño final de la pieza. En la etapa del fuego se habla de resudamiento para eliminar humedades interiores, pilómetros y conos, y vigilias que comienzan a las 6 e la mañana y terminan a las 12 de la noche, aunque cada media hora hay que supervisar la quema a través de unas mirillas que te piden aire, que reclaman gas, que te sugieren altas o bajas temperaturas hasta que a manera de parto feliz la misma pieza te anuncia que está viva.

Noe ya no utiliza el esmalte otrora necesario en la etapa de la producción utilitaria; ahora encuentra que el óxido es inmejorable para resaltar las texturas donde no faltan sus huellas en al primer acto de firma y autoría. Son hijas naturales del encendido trópico que las inspira en comunión con los elementos de rigor: aire, fuego, agua y tierra. Piezas de tamaño ambicioso que comunican el techo con el piso, que propician el recorrido visual del público, que son en sí mismos un reto a la elaboración de piezas de un solo tamaño retando la resistencia de los materiales. Ni pensar en ensamblajes, la obra es única e indivisible.

–A mi siempre me gustó la escultura –dice a manera de balance Noemí Márquez- Y aunque adoro las piezas utilitarias no sentí nunca que tuviera una habilidad para el torno. Me gustaba, lo hacía y adoraba la pieza utilitaria, pero yo lo que sentía era que mis manos eran para la escultura. La cerámica no te da para vivir, se hace por amor al arte, a menos que estés en un medio donde estén habituados a la pieza hecha a mano y constantemente reemplazan sus necesidades culinarias, una tetera, un vaso, una jarra. Un coleccionista siempre buscará primero una pieza de hierro o madera o bronce; pocas veces una de barro a menos que se trate de piezas prehispánicas. En esta exposición he puesto mucho énfasis en la huella que deja la mano del ceramista. Por eso el conjunto se llama Huellas imborrables, porque esas huellas que tus manos dejan en la arcilla van a endurecerse, a volverse casi piedra a través del fuego, te van a dar esa sensación del ceramista que trabajó la arcilla o la piedra.

–Una simple regla de matemática nos indica que usted comenzó su carrera artística tardíamente, casi a los 40 años. ¿En que gastó sus productivos años anteriores? –le preguntamos a guisa de broma

–Yo entré a la Escuela de Artes Plásticas (Cristóbal Rojas) y estuve como ocho años allí. Yo tengo cinco hijos y las clases de arte puro eran mañana y tarde y, caramba, a una mamá de cinco hijos tu no le puedes estar exigiendo tanto tiempo. Entonces tomé los cursos libres hasta que pude ingresar a los de arte puro. Ahí conocí a Reina Herrera y a Sergio González, ambos tenían una gran pasión por la cerámica. Sergio te daba mucho entusiasmo, se maravillaba por cualquier cosa que uno sacara del horno. Reina era muy estricta, tenía su temperamento, te obligaba a hacer las cosas correctamente. Porque la disciplina para la cerámica está en el torno, en la pieza utilitaria; no en la escultura. Una pieza utilitaria es bastante difícil de hacer porque debe ser práctica por su uso doméstico para la manipulación y la limpieza. Y por eso me parece más difícil de hacer incluso que la escultura porque la escultura es algo de tu inspiración, cuentas con más libertad para hacerla; la pieza utilitaria tiene que tener ciertas normas para su uso diario. De manera que siempre he estado en ese medio de ceramista que hace piezas utilitarias aunque siempre privó en mi la escultura.


–Cuando se habla de Noemí Márquez ceramista, ¿no están escamoteando a la Noemí Márquez escultora?

–Yo siento que hay un menosprecio hacia una escultura que está hecha en barro frente a otra elaborada en hierro o en madera, pero ese es mi medio de expresión. Yo gané el premio del Salón de Escultura de Porlamar compartida con Manuel de la Fuente; estaba compitiendo barro con bronce. Cuando en Barquisimeto gané un premio compartido con Víctor Valera, Roberto Guevara dijo Noemí está abriendo camino ¿porqué? porque el barro se estaba imponiendo a una paridad de una obra como la del maestro Valera. Yo no quise nunca irme a otro material porque no me interesaba; yo quise ser una escultora en cerámica y siento que mi obra no tiene el menosprecio frente a una obra de madera o de hierro o de bronce.

–Las comparaciones nunca son felices, pero el arte que apuesta por el tiempo debe invertir en materiales duraderos. Una escultura de hierro, madera o bronce se puede restaurar, la del barro parece más vulnerable.

–Dime tu en que se basan las culturas del mundo. ¿En madera, en bronce, en hierro? No. En cerámica. Mire a México que tiene una cultura maravillosa; aquí mismo nuestra cerámica primitiva; ese es un norte. Yo siento que es ignorancia sostener que una obra que porque está hecha en barro no tiene el mismo valor de una de hierro o los demás materiales. Lo que se puede preservar en el tiempo tal vez es la temperatura que se utiliza en las obras. ¿Qué es lo más que se recuerda de las grandes civilizaciones? Una terracota, que tiene una temperatura muy baja. Las maestras alfareras de Lara queman en el piso con leña, qué se yo ¿y tu crees que por eso esas obras son menos válidas? Búscame un libro de la historia de las civilizaciones que te pongan como ejemplo las obras de hierro. De dónde salen, de dónde son.¡Búscamelo! Las culturas prehispánicas, de dónde vienen, ¡de la cerámica!.

–¿Dios fue el primer ceramista?

–Puede ser, el diseño nos lo hicieron de barro, no de bronce ni de hierro ni de madera. El mejor escultura del mundo es Jesús, o Dios, como tu quieras llamarlo, o en quien tu creas. En nuestra cultura la creencia es que fuimos hechos de barro.

En Luz y fuego que dejan huella en el tiempo, que comprende 24 piezas entre pequeños, medianos y grandes formatos, la artista exhibe como un hecho feliz el testimonio fotográfico que destacados maestros han registrado en el tiempo ya sea para una exposición o para un libro. Noe propició la oportunidad de hacerse acompañar por quienes le han brindado su luz: “La fotografía nos regala la realidad de un instante, un paisaje, un retrato, una escultura, un pueblo, una ciudad, un mundo, un presente, un pasado y un futuro para recordar”, lo testimonia en el catálogo Noemí Márquez.

El conjunto escultórico que se verá en D`Museo está integrado por 24 piezas de reciente creación

Clicks y fogonazos del analógico o el silencio inagotable de la memoria del digital, están atados a circunstancias de la jornada artística. Recuerda Noe como si salvara de una barca momentos magníficos de especies del diluvio de la memoria: Edgar Moreno hizo las fotos para su libro. Los registros de Antolín Sánchez, entonces un muchacho avispado de la Universidad Simón Bolívar que estudiaba con su hija, fueron hechos en la Sala Mendoza. Luís Lares hizo lo propio en la Sala TAC (Trasnocho). Las de Carlos Germán Rojas datan de una exposición, ella era público y él no podía quedarse tranquilo con su cámara. Manuel Pérez “Tucan” ¿hay que explicarlo? es el fotógrafo de los ceramistas. Laura Márquez es su hija, no hay fecha en el calendario para poses y sesiones especiales. Y María Isabel Morillo es además autora del video.

En la mesita contigua están los libros y los testimonios, todo conceptualmente envuelto en la tierra, Tierra esa materia eterna es uno de ellos. El otro La tierra convoca. Sigue Tributo a la tierra. Roberto Guevara, Juan Calzadilla, Nelly Barbieri, Antonio Arraiz (no confundir con el escritor), Víctor Guedez, Rafael Pineda, Juan Carlos Palenzuela y hasta Fernando Botero en pocas pero contundentes palabras han analizado rigurosamente su trabajo.



Un entrecerrar de ojos y Noe recuerda momentos estelares de las artes del fuego con sus competitivos salones, la labor gremial al frente de la alicaída Asociación Venezolana de Artes del Fuego que ella presidió en los años 80, los compañeros de ruta inolvidables comenzando por Cándido Millán, Belén Parada, Lamis Feldman, Zeka, María Luisa Tovar, Augusto Lange, Reina Herrera, Segio González quien extrañamente nunca mostró su obra. Los viajes, el Premio Nacional de las Artes del Fuego en 1998, la amistad.

Rolando Cabrera y sus hijos ingresan a la sala con un discreto bullicio aprendido por los años de trajín del transporte del arte. Aun embaladas con celo y previsión a prueba de los huecos de las calles de Caracas las piezas tienen un lugar asignado en el guión museográfico de Alberto Asprino y José Francisco Cantón, quienes también fungieron de curadores. Son más de cuarenta años en una lidia que los ha familiarizado con el transporte de las esculturas de Victor Valera, Henry Moore, Carlos Cruz Diez, Gego, Botero…Del taller al museo, a la galería, al coleccionista de estricta privacidad, a la sala de subasta, a la orgullosa pared del coleccionista en ciernes que retando riegos se anima a armar discursos dentro de cierta homogeneidad. “Los conozco a todos, muchos me dejan hasta las llaves de sus casas y jamás, jamás, se me ha estropeado una pieza. El arte es la vida de uno. Yo sé dónde están las mejores obras de arte en Venezuela”, dice orgulloso en medio del ajetreo de un montaje que exige celeridad y calma al mismo tiempo.

–Eso, estar en el taller –señala Noe a manera de conclusión-, es cómo decir, como la cura del alma. Uno entra al taller y se olvida de las preocupaciones, si no estas metida en lo que estas haciendo, estas como en el limbo, es como meterse en una cámara de silencios


Nohemí Márquez en su taller, repleto de creatividad y ambientado de pura disciplina y convicción artística

Noemí Márquez tiene una profunda formación artística. Aparte de su etapa caraqueña tomó cursos de cerámica avanzada en Skidmore College (Saratoga Springs, Nueva York) y en la Penland School of Crafts (Spruce Line, Carolina del Norte). Inicialmente produjo piezas con formas fantásticas y expresiones que vinculaban el elemento animal con lo vegetal; luego trabajó con piezas espaciales, especies de robots y platillos voladores.

Participó entre 1981 y 1993 en diversos seminarios con destacados ceramistas internacionales, entre ellos Warren Mackenzie, quien cambió su concepto de la cerámica utilitaria, y Tom Suomalainen, quien la induce a la cerámica escultórica

Ha participado en numerosas muestras colectivas, entre ellas el Salón Nacional de las Artes del Fuego, "View Points in Venezuela Ceramics" (Meeting Point Art Center, Miami, Florida, Estados Unidos, 1981), la I y II Trienal Mundial de Pequeña Cerámica (Zagreb, 1984 y 1987), "Venezuelan Studio Ceramics" (British Craft Centre, Londres, 1985), la II Exhibición de Cerámica Internacional (Museo de Bellas Artes, Taipei, Taiwan, 1985) y la Foire Internationale d'Art Latinoamericain (Bruselas, 1994). En 1995, en el marco de la muestra "Diez presencias de las artes del fuego en Venezuela" (GAN), interviene el área de la pileta con una serie de piezas de gran contundencia visual.

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