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Viernes, 21 de Septiembre de 2018

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

Óscar 2018: historias de criaturas en rebeldía

Óscar 2018: historias de criaturas en rebeldía
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La selección de este año es de lo más inclusiva, quizás por la presión mediática que recibe la institución que organiza los Óscar que ha tenido que hacer frente a acusaciones de racista, machista y otras yerbas.

Llegamos a la categoría reina de los premios de la Academia: Mejor Película. Diferentes entre sí, en las 9 candidatas prevalece el viaje, más o menos accidentado, del héroe o la heroína que defiende su integridad con todo en contra

Pensar que en solo nueve películas se resume lo mejor del cine de 2017 suena, por lo menos, injusto y descabellado. Sobre todo en una industria como la estadounidense donde se producen al año más de 300 filmes. Ese es un contrasentido que siempre acompañará al Óscar.

Como quiera que sea, también en la novena de obras que compiten por la estatuilla de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Estados Unidos, está representado un tipo de cine diferente en formas y contenidos al arsenal de blockbusters que los grandes estudios ofrecen a las audiencias mundiales durante los restantes once meses del año en que no se habla de los Óscar.


La selección de este año es de lo más inclusiva, quizás por la presión mediática que recibe la institución que organiza los Óscar que ha tenido que hacer frente a acusaciones de racista, machista y otras yerbas. Por supuesto, el tema de esta temporada ha sido el de los acosos sexuales en la industria, pero la verdad sea dicha, el asunto ha sido tratado con más hipocresía que verdad.


En la contienda a Mejor Película, la obra favorita para ganarlo ha sido dirigida por un cineasta de origen mexicano. A ésta la sigue un filme de suspenso/terror con la puesta en escena de un debutante negro. Y a la aludida se suma el drama intimista concebido por una mujer, la quinta en aspirar al trofeo máximo en la historia del Óscar. Hasta una cinta de aliento europeo y temática gay figura en la justa, junto a un drama bélico de atmósfera asfixiante, la impecable recreación de un tour-de-force entre unos medios de comunicación y el poder político, una historia de amor de elegancia victoriana, otro biopic sobre Winston Churchill, y para rematar, una dignísima representante de ese cine independiente que sabe cómo hurgan en el alma de una sociedad sin condescendencia.


Con este artículo damos por terminada la serie sobre los aspirantes al Óscar. La verdad se sabrá el domingo 4 de marzo. Mientras tanto, bien ha valido la pena elucubrar en torno a uno de los galardones más populares en materia cinematográfica. Claro, no siempre lo más popular es lo mejor, pero ni modo: es poco lo que se puede hacer ante el deslave mediático que despiertan los premios de la Academia de Hollywood. Lo peor es la resaca, lo que sigue después de la gala en el Dolby Theatre de Los Ángeles: más héroes inventados por Marvel, más comedias descerebradas, más terror morboso, más dramas edulcorados y más mediocridad.


Revisemos, con piquetes de sarcasmo, cuáles son las nominadas al Óscar a Mejor Película, qué oportunidades tienen, qué las favorece y las perjudica y, por qué no, a cuál película le daríamos la estatuilla desde esta cómoda posición de miembros “metiches” de la Academia.


La forma del agua. Hasta los momentos ha sido la favorita de todos los premios que se otorgan esta temporada. Sin embargo, el de Mejor Película se le ha hecho escurridizo. Como ya se dijo, el mexicano Guillermo del Toro ha llegado a la cumbre de su fantasiosa exploración de la imaginación humana enfrentada a difíciles circunstancias históricas. Solo a este artista bonachón se le ocurre revivir al monstruo de la Laguna Negra para convertirlo en la mitad de una historia de amor con una tímida pero decidida muda, en tiempos en que Estados Unidos puso toda su intelligentsia al servicio de la Guerra Fría. El filme posee imágenes de gran belleza, con cámaras que se deslizan ágilmente por estrechos pasillos y no pocos golpes de efectos (apariciones repentinas). De tener un hándicap, éste sería que su discurso no lograr conectar del todo con el presente.


Three Billboards outside Ebbing, Missouri. Golpe certero del cine “indie” en los Óscar, que ya se alzó como Mejor Película en los Globos de Oro y los Bafta. Y tiene todo para ganar el Óscar; una historia absolutamente deslumbrante, un elenco entregado sin medidas a sus personajes, una puesta en escena naturalista, pero no exenta de cinismo y, sobre todo, la imprescindible visión de una sociedad en la que la justicia se imparte no para proteger a los ciudadanos, sino para encubrir a quienes violan las leyes aun representándolas. Y a eso hay que agregar más, un mensaje en el que pocos han reparado, pero que la actriz Frances McDormand se ha encargado de recordar: mientras la gente no reaccione y no se rebele en contra del poder, nada cambiará. ¡Qué falta nos hace a los venezolanos entender esto!


¡Huye! Esta magnífica película que combina suspenso y terror es lo mejor que se ha visto en años en cuanto a alegatos contra la supremacía blanca en Estados Unidos. Hay que decirlo con el mismo tono en que lo hace su director, el debutante Jordan Peele: en esta película, literalmente, un joven negro es devorado por una “bien vista” familia caucásica. Irónica, rabiosa, cuestionadora, libre… ¡Huye!, se coloca en las antípodas de ese cine sensiblero, almibarado y poco valiente que retrata el racismo en una sociedad que cambió a un presidente negro por un payaso blanco que se siente rey del mundo. Lo tiene difícil para llevarse el Óscar porque para los miembros de la Academia, el terror es un género menor. Esperemos por el batacazo.


Lady Bird. Confieso que al principio me costó conectarme sensiblemente con esta ópera prima de la cineasta Greta Gerwig, pero una vez que lo hice, me enamoré de su protagonista por el simple hecho de que en ella está representada esa inquebrantable necesidad de la juventud de labrarse un camino propio, definitorio. Gerwig y su esposo Noah Baumbach ( El calamar y la ballena) se han erigido en expertos en desentrañar dramáticamente las relaciones de pareja, con la profundidad que lo hizo en su tiempo Ingmar Bergman. En Lady Bird detalla con precisión ese complejo proceso por el cual una adolescente con aptitudes artísticas intenta zafarse de los roles que la sociedad, representada por su madre, le reserva a las mujeres. Grandes diálogos y dos actuaciones impecables: la de Saoirse Ronan, como Lady Bird, y la de Laurie Metcalf, como su madre.


Llámame por tu nombre. La más europea de las cinta en competencia, no porque la haya dirigido el realizador italiano Luca Guadagnino, sino porque sus personajes actúan con una madurez pocas veces vista en personajes estadounidenses. Una maravillosa puesta en escena que prescinde de efectos de cámara y montaje para detenerse en detalles como una mirada cómplice entre un adolescente en pleno descubrimiento de su sexualidad y un hombre adulto guapo y sensible o en torsos desnudos que invitan al amor. Elegante, serena, apasionada, deslumbrante, como dirían una reseña de Los Angeles Times. Y ciertamente lo es, pues más allá de la relación homosexual que tiene lugar en esta película, lo que termina ocupando el primer plano es la historia universal de cómo el amor logra transformarnos. Por supuesto, no tiene muchas posibilidades en los Óscar, no por su temática, sino por su espíritu, cercano a ese cine de sentimientos que nos dejaron maestros como Rohmer o Truffaut.


The Post: los oscuros secretos del Pentágono. El oficio de Steven Spielberg queda demostrado en esta película que, en tiempos de Trump, parece una advertencia en cuanto al poder de los medios de comunicación para acabar con gobiernos mentirosos y corruptos. La verdad es el tema del Watergate y otros similares ha sido tan explotado por Hollywood que ya uno comienza a dudar de la efectividad del llamado Cuarto Poder para poner a los políticos en su sitio. Como sea, esta obra en la que Meryl Streep no deja de maravillar, seduce por su vertiginosa narrativa y la volatilidad con la que el Rey Midas del cine hace mover la cámara entre los personajes y por los decorados. Eso sí, mucho talento, pero poca receptividad, míster Spielberg.


Las horas más oscuras. Es la más convencional de las películas que compiten por los Óscar, pues se trata de una biografía clásica cuyo mayor aporte es la encarnación que el actor Gary Oldman hace del primer ministro británico Winston Churchill. Si la propensión de los miembros de la Academia por las reconstrucciones históricas persiste, tendrá mucho chance de coronarse con la estatuilla, pero no creo que pase de llevarse, por lo menos, la que corresponde a Mejor Actor.


Phanton Thread. En Venezuela se estrenará con el título El hilo fantasma . La verdad es que no se entiende mucho por qué figura entre las nominadas a Mejor Película, siendo la más convencional de su director, el admirado Paul Thomas Anderson, quien en esta ocasión compone para su puesta en escena una especie de sutil coreografía muy a lo victoriano para centrarse en la complicada relación de un afamado modisto londinense con una mujer que subvierte su impecable mundo. Lo más llamativo de esta película es que podría representar la despedida del actor Daniel Day-Lewis. Nada más.


Dunkerque. Sensato como buen británico, Christopher Nolan ha dicho que no espera ganarse el Óscar por su incursión en el género bélico. Dunkerque es una magistral película, pero solo en su forma y en la manera como sumerge al espectador en una atmósfera de tensión e incertidumbre, pero en cuanto a su discurso, no pasa de ser un filme que ensalza la gallardía de las tropas aliadas y de los ciudadanos ingleses en un momento de la Segunda Guerra Mundial en que el ejército nazi las puso contra la espada y la pared. Para próximos proyectos, Nolan debería apegarse a historias que le permitan expresarse como un autor con ideas propias y no como un repetidor de los valores del establishment.


Gana: con toda justicia, Three Billboards outside Ebbing, Missouri.


Sorpresa: está entre Lady Bird y ¡Huye!


Olvido imperdonable: The Florida Project, que debería ocupar el lugar de Dunkerque.


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