https://www.navicu.com/

Martes, 12 de Diciembre de 2017

Contrapunto.com

Opinión

Cable al sur | Literatura, política, memorias y otras ficciones

Para legislar la melancolía

Para legislar la melancolía
Hermann Escarrá, abogado constitucionalista -

Sobre la legislación del odio y el objetivo de los que odian para legislar

Yo no los odio. Me refiero a Cabello, Maduro, Flores, los Tareck (o Tarek), Padrino López, la FAN en general, el SEBIN en general, los hermanitos Rodríguez, la lista de sancionados por Canadá, los narcopolíticos seguidos por la DEA, los violadores de derechos humanos, Iris Varela, Aristóbulo, Rangel Gómez, los beneficiarios de las comisiones de Odebrecht, el fondo chino y los trenes fantasmas, los contratos con empresas rusas o iraníes, los que se están beneficiando de la venta de cédulas y pasaportes, los que renegocian los productos de las bolsas CLAP, los que pasan información al G-2 y hacen la vista gorda a la presencia de cubanos en los puertos, las notarías y uno que otro cuartel, los que avalan con sus artículos y libros toda esa miseria disfrazada gracias al resentimiento social y una ignorancia cultivada con una dedicación que si hubiera sido orientada al campo hoy nos mantendría lejos del desabastecimiento.

A Jaua, Escarrá y su trampa constituyente, los jueces del tsj –así, en minúsculas–, Pedro Carreño, Mario Silva, el Villegas malo, Rosales, Ramos Allup, Ledezma, María Corina, Patricia Poleo (a los cinco últimos no los odio por otras razones), el PSUV, Chávez, los hermanos de Chávez, la mamá de Chávez, las hijas de Chávez, más de un ahijado y posiblemente una mascota.

A los que están tras el negocio ecocida del Arco Minero, los asesinos de dirigentes yukpa, los homicidas por negligencia del pueblo warao, los que favorecen con su incompetencia y actitud de encubrimiento la expansión de enfermedades como el paludismo, la difteria, la tuberculosis o el sida, los que observan indiferentes las muertes de niños en los hospitales, de enfermos por falta de medicamentos, a los que miran indiferentes a otros venezolanos revisando en la basura, buscando algo de comer, a los que observan indiferentes las colas para comprar un par de canillas, una crema dental o un rollo de papel tualé.

A los patriotas cooperantes, los internacionalistas cooperantes, los que no han dejado de vivir del odio y el culto a la muerte, en la teoría y en la praxis, durante todo el siglo pasado y lo que va de éste, y no sólo no aprenden nada, sino que además lo celebran y conmemoran.

A los que están vendiendo PDVSA a trozos mientras se llenan la boca con caviar y con la palabra soberanía, los que exprimen hasta el último minuto a cada venezolano que se va, y son cada vez más los venezolanos que se van, aunque igual no se vayan, porque donde estén siguen pegados al país por sus teléfonos o los monitores de sus computadoras, por una emoción que oscila entre la tristeza y la amargura, y la sensación de haber quedado huérfanos, de una orfandad que ni siquiera podrá curar un eventual regreso.

Tampoco deseo mal alguno a Tibisay Lucena, Sandra Oblitas y aquellos miembros del poder electoral que favorecieron el último fraude, que dejaron a Amazonas sin representación parlamentaria para evitar la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional y que probablemente nos estafaron también en las últimas elecciones presidenciales. No, no odio a los que destruyeron la poca credibilidad que le quedaba al poder electoral.

De verdad, no los odio. Creo que el odio, el resentimiento, la ira, el deseo de hacer daño, están de su lado, son su patrimonio, su recurso emocional inagotable y bullente. Probablemente sea el régimen que más haya usado la palabra amor en la historia política de Venezuela, y el que menos lo haya practicado. Y sabemos que tras su ley el objetivo es claro: van contra la libertad de expresión y contra los partidos políticos que no se subordinen a la dictadura, van a incrementar su capacidad para ejercer el odio.

Olvidé a los de la Asamblea Nacional Constituyente, aunque todos deben estar mencionados más arriba. No odio a los miembros de la ANC, ni a los que favorecieron esa perversión, esa encarnación del golpe de estado que nos dieron a todos.

No les deseo la muerte sino un juicio justo, y una prisión con mejores condiciones que las del actual sistema penal venezolano (tampoco odio a los pranes ni a los jefes de las bandas de asesinos que han prosperado a la sombra de la revolución), o un exilio en algún país aliado, como Cuba, Irán, o Corea del Norte.

Mi odio, si es que alguna vez lo tuve, fue expropiado hace años. Si quieren administrar mis emociones, crearle un marco jurídico, van a tener que hacerlo para la tristeza, la nostalgia, la depresión y el duelo. Vamos, Escarrá, empieza a legislar la melancolía.

Lee también en Cable al sur | Literatura, política, memorias y otras ficciones: Siete pelos (Inmediaciones) | Novenario | Amigos invisibles | Por la ventana |


Las opiniones emitidas en esta sección son responsabilidad de los columnistas. Su publicación no significa que sean compartidas por Contrapunto.com.

Contrapunto.com respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y al uso de un vocabulario libre de insultos y de contenidos inapropiados a la luz del sentido común y las leyes. En consecuencia, nos reservamos el derecho de editar o eliminar los textos o comentarios que incurran en estas situaciones.

http://www.gotasdeayuda.com/
http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/