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Domingo, 10 de Diciembre de 2017

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Arte y Cultura

El creador reflexiona sobre el momento que vivimos como sociedad y mira hacia la esperanza

La voz del artista Paul Amundarain: "La sociedad debe vencer sus miedos"

La voz del artista Paul Amundarain:
El artista venezolano, Paul Amundarain, quien reside en Miami, presenta en el Espacio Cerquone, en Caracas, la muestra "Símbolos rotos" - Fotos: Jonathan Lanza
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  • Nabor Zambrano
  • Domingo, 16 de Julio de 2017 a las 12:48 p.m.

Entre las propuestas expositivas "sueños de la modernidad" y "vidrios rotos", Amundarain logra sellar la impronta de los símbolos arquitectónicos de una Caracas que no vivió, pero que explora a través de la fotografía y el video

Paul Amundarain (Caracas, 1989) no pensó, porque no lo conocía, porque no lo había leído, en Manuel Díaz Rodríguez a la hora de acometer su más reciente proyecto artístico "Símbolos rotos". El autor modernista que cabalgó entre los siglos XIX y XX y que legó una obra referencial, Ídolos rotos y Sangre patricia, tampoco vislumbró que un resquebrajado busto de El Libertador hallado furtivamente, inspiraría a un joven artista conceptual un siglo más tarde de su accionar entre letras y ficciones. Los unen, eso sí, los aciagos y turbulentos tiempos políticos de contrastantes estados emocionales propios de desavenencias de gentes díscolas.


–No, no se me ocurrió, pero ahora quiero leerlo. ¿Dónde lo consigo?

–Acércate a la Pulpería del libro en Chacaíto y si no lo tienen, a lo mejor Rafael Ramón Castellanos guarda como un incunable alguna edición, quién quita que dedicada por el mismísimo autor a, digamos, Teresa de la Parra.

Espacio Cerquone, un joven emprendimiento de arte ubicado en la quinta 117 de la avenida San Felipe de La Castellana, irrumpe en el incierto panorama de las artes apostando con un artista joven, poco conocido en el país y munido de un discurso rotundo y estridente hasta donde lo puedan sugerir espacios emblemáticos del país vueltos añicos. Empezando por ese busto chiquito, de placita, acaso de instituto educativo, agrietado y desvencijado pero que a manera de intervención el artista sutura con materiales nobles que por ello mismo no esconden la tragedia del escoñetamiento nacional.


La exposición unifica dos propósitos: "Sueños de la modernidad" y "Broken Mirrors", este inspirado, desarrollado y resuelto entre Miami, donde reside desde hace varios años, y Venezuela, donde se cristaliza. Previamente, la presentó en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, MACZUL, sin pensar en el destino trágico que significó el reciente desvalijamiento de la prestigiosa institución. El artista asocia el rito de romper vidrios a la superstición popular, aunque en justicia hay que reconocer que las obras salieron de Maracaibo intactas y en perfecto estado. Los delincuentes habrían preferido las computadoras, los aires acondicionados, cosas de valor que no requirieran certificados de autenticidad.

Los estudios de arquitectura no concluidos de Amundarain en la Universidad Central de Venezuela, fortalecen el discurso que evidencia modernidad, desarrollo, esperanza, orgullo, espejismo, desencanto y quiebres sociales con sus secuelas de pobreza y abandono patrimonial. Allegro con brío.

El artista se reencuentra con la ciudad, porque es la ciudad de Los Ilustres y la UCV, la Caracas admirable de las Torres del Centro Simón Bolívar y los murales de Cruz-Diez y las obras arrechísimas de Jesús Soto y Alejandro Otero; es la ciudad del Teatro Teresa Carreño. No es el país el que asistió boquiabierto al espejismo del “despegue” urbano y que lo constataba con el rito de pisárselas pa’ Caracas con que los interioranos venían a constatar los sueños de grandeza cumpliéndose con sus pulpos y arañas, toninas narvaescas y quepis de estadio, los hilos con que Gego tensa el Parque Central para que esta experiencia habitacional excepcional no se venga abajo con la ranchificación pisándonos los pisos. Marcia funebre.

El artista pues se reencuentra con la ciudad que no vivió pero que exhuma en fotografías de dimensiones en gran formato con la intervenciones apoyadas en técnicas modernas y aún poco exploradas. Por eso también las fotografías del dictador Marcos Pérez Jiménez y de Carlos Raul Villanueva cuya formidable impronta desplaza en reconocimiento a los Malaussena (los Ilustres) y Cipriano Domínguez (las Torres de El Silencio). Scherzo.

El video "Símbolos rotos" producido con el apoyo de Ronald Guerrero en espeluznante blanco y negro, narra a manera de pórtico la ciudad de hoy que salvo por las marcas de los carros y la vestimenta del siglo emblemático y febril, se diría que es la de ayer y sus esplendores. Pero hay lobreguez y temeridad que la inquieta cámara acentúa en nerviosos movimientos y saltos de edición. En el fondo, el último movimiento de la Tercera de Beethoven le infunde al relato sin voz (¡la música y las imágenes son las voces que gritan saltándose los decibeles!) entre majestuoso y trágico. No es la versión deslumbrante con que Furtwangler estremeció los cimientos del Tercer Reich ni la arrebatadora gestualidad con que von Karajan eclipsaba en al sede de la Filarmónica de Berlin a un público leal hasta el fanatismo; Paul Amundarain escogió la versión de la promesa de la casa, Gustavo Dudamel, tan impetuoso como las leyendas que la Heroica acumula en la discografía de coleccionistas irredentos. El final casi se deletrea: allegro Molto -poco andante- presto. La noche de los cristales rotos le dio al país varias décadas de plazo cuyas cuotas la sociedad incumplió.

–Vengo trabajando en ese video desde hace tiempo. Desde enero estoy aquí en Caracas y el video es producto de la reflexión de reencontrarse con la ciudad. Nace de procesos de mi exploración como artista a partir de estudiar los símbolos que definen la ciudad. Yo estudié arquitectura y soy amante de las edificaciones y de todo este modernismo que hubo en Venezuela a partir de Marcos Pérez Jiménez. Estos símbolos son los que nos definen como cultura porque yo creo que al admirarlos y verlos uno puede reflexionar acerca de la grandeza que vivió el país y al contemplar estos edificios que están como en decadencia, hago la reflexión de que están rotos mas no destruidos. Entonces el video propone una reflexión acerca de cómo reconstruirlos tanto a nivel de pensamiento como a nivel literal.


–Se le concede gran preponderancia al hito de Pérez Jiménez aun cuando la mayoría de esos proyectos ya venían desde Medina Angarita y López Contreras: el Plan Rotival, el Museo de Bellas Artes, la Ciudad Universitaria, El Silencio…

Exacto, ese proyecto de país se viene gestando desde hace tiempo, siento que hay un punto crucial con la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y yo lo uso como símbolo. Mi obra siempre ha consistido en la reflexión acerca de los aspectos sociales, del barrio; mis primeros trabajos consistían en explorar lo que esas tramas urbanas generaban, desde mi punto de vista visual, y que yo me las apropiaba haciendo una especie de ensamblajes en alusión a los barrios. En esta etapa de mi trabajo hago como un zoom de la ciudad explorando los símbolos que la definen. Siento que esa etapa de Pérez Jiménez marca un antes y un después de nuestra historia contemporánea.

Paul Amundarain tiene varios años viviendo en Miami, lugar al que llegó por el mandato de un proyecto de vida, lo que excluye la idea de la emigración. Se siente parte de una generación un tanto huérfana y de difícil ubicación en ciertos contextos (estudios formales de arte, premios), por ello considera esta muestra como una reconexión con los orígenes y las vivencias artísticas que lo han nutrido además de comunicarse con el público.

–Encontré mediante este video una conexión directa entre ambos trabajos. El trabajo de los vidrios rotos habla un poco de la superstición y de cómo romper los miedos; el acto de romper vidrios es un acto desafiante. Entonces al unir los "Sueños de la modernidad" y los "Vidrios rotos" con el video, yo relato un poco la historia de la fragmentación de la ciudad a través de los vidrios rotos. Entonces yo siento que estamos en un momento que como sociedad tenemos que vencer los miedos y yo lo hago con la acción de romper los vidrios en mi obra y en mi trabajo.

Una caja de zapatos Nike intervenida presenta en vez de tapa un vidrio astillado, fragmentado. Las Torres de El Silencio tienen una sonrisa sugerente que miran al guzmancista Teatro Municipal. Los ranchos tienen una vista cenital, imperceptibles. Paul Amundarain se siente orgulloso de trabajar con las técnicas más avanzadas de impresión, como el laser, la impresión UV y la serigrafía, para no perder la relación entre lo artesanal y lo tecnológico, lo que aplicado al tema de la exposición armoniza la dinámica relación futuro/pasado.

–Mi mensaje a través de esta obra es el de que siempre vamos a tener la posibilidad de encontrar esa esperanza y ese camino que nos lleve a la materialización de nuestros deseos. Mi esperanza es que desde cualquier hecho, trágico o desde el caos, siempre puede surgir la belleza, el orden, la estructura. Hoy como sociedad podemos estar pasando eventos oscuros pero siempre va a haber un punto de luz, y ese sueño va a salir a relucir y podemos materializarlo.

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http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/