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Jueves, 21 de Septiembre de 2017

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Pero no bombardeen Bello Monte

Pero no bombardeen Bello Monte
Imagen tomada de http://www.noticiariobarahona.com -

¿Invadirán las fuerzas norteamericanas a Venezuela? ¿Entrarán por playa parguito o playa pantaleta? En este artículo Ricardo Azuaje muestra cómo Venezuela ha sido un país conformado como una sucesión de invasiones

Domingo 13. Desde el viernes tengo otra vez esta canción en la cabeza, repitiéndose como un tema de ambiente musical de ascensor, o de consultorio dental, cada vez que dejo de concentrarme en algún asunto como toda la locura que ronda a Venezuela, qué van a almorzar los muchachos hoy, cómo hago que Iván se acueste antes de las dos de la mañana, qué carajo son exactamente las PASO (por la que los argentinos están votando hoy), o qué clase de genio maligno se encuentra detrás de las acciones de Diosdado, Maduro, Tibisay o esa macro banda delictiva conocida como la constituyente. ¿Putin?

Si querés escucharé a la bbc, aunque quieras que lo hagamos de noche,

Y si quieres darme un beso alguna vez, es posible que me suba a tu coche. Pero no bombardeen Barrio Norte.


Con algunas variaciones en la letra, como la mostrada en el título del artículo y obviamente vinculado con el salvavidas lanzado por Trump a la agonizante ideología chavista. La ideología, porque en la práctica cada vez se muestran más aferrados al poder y decididos a arrastrarnos a un final estilo Alemania nazi. El chavismo tenía años esperando por una declaración así por parte de los Estados Unidos, por lo menos 15 (desde el golpe de 2002, cuando tardaron demasiado tiempo en unirse a la condena de la OEA), pero ni Bush ni Obama le dieron el gusto.


Lunes. Estoy temiendo al rubio ahora, no sé a quién temeré después. Aunque sí antes. Creo que fue en 2016, cuando en medio de un creciente desprestigio, solo equiparable a la inflación, el desabastecimiento o a la devaluación del Bolívar, el gobierno decidió recurrir al tópico del patriotismo balurdo reviviendo el tema sobre nuestro derecho histórico a depredar el territorio de los akawaios y arawakos que actualmente explotan compañías mineras estadounidenses y canadienses con permiso del gobierno guyanés (el Esequibo). Las fanfarronadas de Maduro llevaron hasta a movilizar unidades lanzamisiles a Tumeremo y a orillas del río Venamo, o del Cuyuní, donde imagino que posteriormente fueron robadas por los pranes locales, los jefes del “Sindicato”, desmanteladas o recicladas en las minas, o vendidas al ejército guyanés por algún avivado oficial fronterizo de la GNB, que hay de sobra.


La explosión nacionalista duró tan poco, o fue desplazada por un nuevo escándalo tan rápidamente, que apenas me dio tiempo para pensar un par de títulos: “No bombardeen Playa Parguito” y “Pero no bombardeen Quebrada de Jaspe”, y para quedarme tarareando varios días la canción de Charlie, cuando todavía no imaginaba que terminaríamos en Buenos Aires (y sin podernos defender).


Los gurkhas siguen avanzando, los viejos siguen en t.v., los jefes de los chicos beben whisky con los ricos mientras los obreros hacen marchas en la plaza como sin saber.


Hace años que no sigo los avances de la industria militar, los milagrosos desarrollos en el arte de matarnos más y mejor que nos distingue del resto de los animales, por lo que para imaginar un ataque a Venezuela tendría que recurrir a los recursos de un Fontanarrosa, un Nazoa (Aníbal), o un Gomas (Otrova), e inventar la sorpresiva llegada por Paraguaipoa de un grupo de Phantom Dragonbol XTZ (Naiboa Evolution) volando a cualquier altura porque los radares en Venezuela desde hace años solo sirven para vigilar los aviones de la DEA y para robarse la señal de DirecTV; respaldando el desembarco de tropas de retaguardia (porque las de élite o las regulares las están guardando para Corea del Norte o para perseguir niños mexicanos y salvadoreños en la frontera), que al poner su planta insolente en nuestro territorio se sentirán desconcertadas, en primer lugar por la falta de resistencia, dado que las FANB sólo están entrenadas para atacar civiles desarmados y apenas protegidos con escudos de cartón; por la presencia de un gordito realizando varias maniobras estilo Jackie Chan con una réplica de la espada de Bolívar, hasta terminar mamado en la playa e identificarse como Padrino López; y finalmente por la impresión que da el país de ya haber sido invadido y arrasado (oye tú).


Ante tal panorama –el del gordito ridículo y un país barrido por la corrupción de punta a punta– los gringos desistirían de la “operación quirúrgica” y nos abandonarían a nuestra suerte, que no es tal.


Martes. Venezuela como una sucesión de invasiones, desde los caribes hasta los cubanos, pasando por las emigraciones europeas y por los desplazamientos locales que siguen propiciando la conquista y el saqueo de los territorios indígenas, actualmente comandados por Maduro y el malandraje acuartelado en la ANC, el CNE y el TSJ, bajo el nombre de Arco Minero del Orinoco (AMO). Continuadores de la tradición de invadir, extraer y huir cuando ya no puedan aferrarse al poder, o cuando ya no quede nada por robar.


Otras invasiones: la del militarismo sobre la sociedad civil desde que nos dejamos seducir por Chávez, o tal vez desde antes (caso del perezjimenismo); la usurpación de los poderes públicos por parte del ejecutivo; la del desaliento y la desesperanza sobre un futuro digno y justo para todos; la de la mentira, la de la violencia y la corrupción.


Sin duda, somos víctimas de la injerencia de lo peor, de lo peor de nosotros, y de los cubanos.

Pero no bombardeen Bello Monte, al menos no Colinas.

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