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Martes, 25 de Julio de 2017

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Opinión

Gastronauta

¿Por qué Jairo?

¿Por qué Jairo?
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Los muertos son usados como estandarte de la resistencia

Las protestas de opositores al gobierno de Nicolás Maduro se han cobrado, según cifras oficiales, ocho víctimas, entre ellas Jairo Johan Ortiz

La cama de Junior estaba destendida.

Junior le dice su padre a Jairo Johan Ortiz Bustamante a quien Carolina, su madre, lo llamó igual que a su esposo. Era como los niños que se crían con los abuelos, de alma vieja, pero a los que se les consiente dejar las sábanas desordenadas. Doce años tenía cuando Jairo se interesó por la poesía, y recurrió entonces a la voluptuosidad de la guitarra. El niño iría con su abuelo Melvi a recibir clases. Vivían en el piso uno de la torre cuatro, en el último de los verdes de Montaña Alta, Carrizal. Cuando se fueron de casa de los abuelos a hacer familia, a tan solo doce kilómetros, Carolina y Jairo se divorciaron. Junior tenía nueve años, aproximadamente. Entonces sufría de sobrepeso y se molestaba porque le llamaban gordo. Era de personalidad introvertida.

La cama de Junior estaba destendida.

El 7 de abril de 2017, Carolina volvió de Aruba, donde vive hace unos años. Estiró el esquinero, dobló la sábana y se sentó en la mitad del colchón a oler a su hijo. A descansar donde mismo él había descansado horas antes. Jairo no quiso irse con ella, ni con su padre a Barinas, “¿quién cuidaría de los abuelos?”; sin embargo tampoco se fue con Digna y Melvi cuando se mudaron a Guarenas. Viviría con su tía, aunque Carina estuviese más en casa de sus padres, ahora en el otro extremo de Miranda. Jairo, de 19 años, cursaba tercer semestre de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Nacional Experimental Politécnica, en La Yaguara. Aun así pensaba irse a Colombia, con su novia Oriana, a probar suerte.

Con Oriana estuvo durante todo el día, “el más feliz”, según la amada. Después de subirla al taxi que la llevaría a San Antonio, a eso de las siete de la noche, Jairo se devuelve a la casa, y deja cartera y celular. Luego, quedó en conversar con su amigo Alexander en la panadería Lady Pan en las adyacencias de Montaña Alta.

Eran las nueve de la noche, y las protestas contra lo que la oposición llamó un “autogolpe” arreciaban donde mismo, donde siempre, con víctimas nuevas.

A Jairo no le gustaba meterse en problemas. Era de opiniones firmes, pero no había rastro de una posición política tomada, prefería expresarse a través de García Márquez, Whitman, Neruda, Benedetti, Frida, Einstein, Dalí, Gandhi, Vallejo: “El dolor crece en el mundo, a 30 minutos por segundo”.

En el forcejeo entre manifestantes y la fuerza pública, Jairo era un espectador, nunca un manifestante. Treinta minutos pasaron para que un efectivo del servicio de tránsito de la Policía Nacional Bolivariana, de nombre Rohenluis Leonel Mata Rojas, llegase al frente de Jairo y desenfundara su arma de reglamento, y de un tiro, que su padre ubica en el corazón, cayera muerto. Treinta minutos después llegaría a la clínica contigua, para ser declarado muerto. “El dolor crece en el mundo, a 30 minutos por segundo”. Su prima Antonella lo reconoció.

La cama de Junior estaba destendida.

¿Por qué un policía de tránsito arremete contra un civil, durante una manifestación? Justamente, el diputado Diosdado Cabello había difundido a través de su programa televisivo, el mismo día en que muere Jairo Ortiz, la grabación telefónica de un grupo de opositores, que se hacen llamar “Los Próceres”, en la que planifican los sucesos que acabarían con la salida de Nicolás Maduro de la presidencia. Entre las acciones figuraba la infiltración de 80 policías al servicio del antichavismo.

El padre de Jairo, se quedó solo, con su nombre, acampando en la oscuridad, preguntándose por qué este hombre mató a su hijo. Él, después de colgarle el teléfono a María Corina Machado (al ver cómo esta publicaba la foto de su hijo muerto, tirado en el piso) y haber concedido una entrevista en Venezolana de Televisión, recibe amenazas contra su vida y acusaciones de vender la muerte de hijo al gobierno, y lo único que le daría un poco de sosiego sería saber por qué. En palabras de Vallejo, por qué tiene la vida en este su perro.

¿Con qué se tiende la cama cuando no hay tela que vele el dolor?

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Venezuela cumple diez días desde que los líderes opositores al gobierno de Nicolás Maduro llamaron a la calle a sus seguidores, en las manifestaciones que se conocen como “guarimbas”. La convocatoria se inicia después de que el Tribunal Supremo de Justicia asumiera las funciones de la Asamblea Nacional en desacato y luego las devolviera y la oposición tildara esta acción como un golpe de Estado. Las protestas se han cobrado, según cifras oficiales, ocho víctimas, cinco de las cuales son consecuencia directa de las manifestaciones violentas.

La escalada de violencia, protagonizada por la oposición, tiene como saldo la destrucción de patrimonio inmueble, saqueos a establecimientos comerciales, cientos de heridos, terrorismo.

Los muertos son usados como estandarte de la resistencia, contra la respuesta del Estado. Sin embargo, algunos familiares se han manifestado en contra del proselitismo político con la figura de sus deudos.

Y al momento de terminar este texto, el presidente hace público una serie de videos con “pruebas autorizadas por la Fiscalía y el Poder Judicial” de opositores presos, confesando haber recibido dinero del Partido Primero Justicia, a cambio de incendiar la Magistratura ubicada en Chacao, el 8 de abril.

¿A cuántos muertos estamos de acá a que las bestian sacien su sed?

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