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Viernes, 09 de Diciembre de 2016

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Jóvenes de Valles de Tuy mantienen a sus familias a punta de reciclaje

Ellos hacen el trabajo sucio: reciclan en El Guaire y viven de la basura

Ellos hacen el trabajo sucio: reciclan en El Guaire y viven de la basura
"La primera vez que me metí tuve ronchas, ahora hasta me baño en el río" - Fotos: Daniel Blanco
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  • Daniel Blanco
  • Jueves, 01 de Diciembre de 2016 a las 3:57 p.m.

La principal arteria fluvial de Caracas sirve de hogar a un grupo de jóvenes que dedica su día al reciclaje de papel. Bañarse en el río y pasar roncha son gajes del oficio

“Cachorro” y su grupo ganan 50.000 bolívares cada semana. Su trabajo, recorrer las calles de Caracas para recolectar kilos de basura y vender el material que se pueda salvar. Cada tonelada reciclada, se cotiza en 25.000 bolívares.

Los jóvenes, oriundos en su mayoría de Valles del Tuy, viven desde hace un tiempo en la urbanización Las Mercedes e hicieron de las riveras del Guaire su hogar. El monte que bordea la arteria fluvial sirvió a los recicladores para instalar refugios improvisados y cocinas, mientras el río sirve de baño a los trabajadores.

La faena del grupo inicia de madrugada, cuando los conserjes de los edificios ubicados en Chacao y Baruta sacan la basura. El desecho de las oficinas es el objetivo de la mayoría, el papel es el material mas fácil de separar, reciclar y vender.

Los más experimentados conocen bien la basura y saben que entre las bolsas negras hay otros tipos de recompensas. "Los metales y las piedras preciosas están caras y se venden rápido", comenta uno de los sujetos que hace vida a los márgenes del Guaire, mientras sus compañeros funden un pedazo de metal.

"Recogí una vaina rara de la basura, por el peso me di cuenta de que era un pedazo de cobre recubierto en aluminio", nos dijo un recolector que prefirió no identificarse. Mientras, el aluminio termina de fundirse y los recicladores le arrojan agua para enfriar el cobre.

Separar lo valioso de lo que no sirve toma todo el día. El grupo se divide en tres. Unos recolectan, otros separan y al tercero le tocan temas logísticos. A este último le toca desde pedir comida en las panaderías, hasta mantener la seguridad en el campamento. "El que robe se va pal río", dicen al unísono los recolectores.

Los alimentos que llegan al campamento suelen venir de las panaderías del sector. "Siempre nos regalan algo, los motorizados también se acercan y nos dan fresco o agua; lo demás lo tenemos que sacar de la basura" comenta "Cachorro".

Las consecuencias de consumir alimentos sacados de la basura es lo que menos preocupa a los recicladores. Probar un bocado de comida que alguien desechó es lo de menos, cuando les toca lidiar diariamente con roedores, serpientes e insectos. Uno de los más jóvenes fue atacado la mañana de este jueves por un enjambre de abejas. Sin novedad, es parte de lo que saben les puede pasar.

"Acá pasamos mucha roncha, es un trabajo humilde pero honrado. Lo único que pedimos, aunque nunca nos den respuesta, es el apoyo de empresas o del Gobierno para tener mejores herramientas de trabajo, lo que hacemos beneficia a la comunidad", expresa el recolector del grupo que más tiempo le ha dedicado a este oficio.

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