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Martes, 13 de Noviembre de 2018

Contrapunto.com

Arte y Cultura

Con el linaje y herencia musical y educativa de El Sistema, el joven director convenció al jurado

Rodolfo Barráez: Mi premio es la alegría que le regalo a Venezuela aunque sea por un día

Rodolfo Barráez: Mi premio es la alegría que le regalo a Venezuela aunque sea por un día
Rodolfo Barráez lleno de alegría confiesa que en la prueba final en México se dijo: "ya a estás alturas no puedo cambiar nada, ahora lo voy a disfrutar y ya me siento premiado” - Fotos: Cortesía Música UNAM

Este domingo por la tarde mantuvo en vilo a los venezolanos en todo el mundo, pero él, pese a la ansiedad por conocer los resultados, nunca dejó de sonreír. Y esa alegría de hacer música fue lo que convenció al jurado en México

En 2004, el medio musical venezolano recibió con gran alegría la noticia del triunfo de un joven director formado en las filas de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela creado por el maestro José Antonio Abreu. Era el primer premio de la Competencia Mahler para Jóvenes Directores en Bamberg, y el ganador era un muchacho hasta ese momento desconocido para muchos venezolanos y para el mundo. Hoy es una estrella mundial entre las batutas: Gustavo Dudamel.

Pero este domingo 23 de septiembre de 2018, 14 años después de aquella “hazaña” de Gustavo, y luego que otros directores formados en esa gran empresa productora de talentos (como Diego Matheuz, Christian Vásquez, Rafael Payare, entre muchos otros) van por el mundo destacándose en los escenarios más importantes, el linaje de las batutas de El Sistema vuelve a imponerse y a darnos otra satisfacción, más sentida, emocionante, necesaria, bienvenida y bendita en estos tiempos aciagos del país, como lo es el primer premio que acaba de ganar en Ciudad de México el joven maestro Rodolfo Barráez.

Fue un domingo de tensión y emoción. Ya no solo para el medio musical y cultural venezolano, sino para muchas otras plazas artísticas del mundo, porque ya El Sistema es una marca made in Venezuela replicada y adoptada por más de 70 naciones, y entonces donde se plante un músico venezolano allí hay talento puro, formación, pasión y excelencia.

Por supuesto que las redes sociales también hicieron lo suyo y fue un domingo para que, desde Berlín hasta la Patagonia, todos los venezolanos estuviéramos unidos deseando y cruzando los dedos, esperando el momento en el que anunciaran que nuestro chico, ese joven en jeans y de sonrisa permanente, fuera nombrado como el ganador del Concurso Internacional de Dirección Orquestal de la Universidad Autónoma de México. De hecho su nombre estuvo todo ese día incluido en el trending topics.

Esa misma noche del domingo, con la bulla de la celebración y escuchando las felicitaciones al fondo, desde el DF Rodolfo Barráez narró para Contrapunto su experiencia. Y tan emocionado estaba que por esa palabra comenzamos la entrevista.

—¿Qué emoción te acompañó durante toda la competencia y sobre todo desde el viernes 21 pasado cuando ya te ubicaste entre los tres finalistas?

—La experiencia es muy bonita porque uno llega a la competencia con los mismos sueños de los otros colegas: ganar, tener uno de los premios, conseguir oportunidades, nuevos conciertos, y eso genera ansiedad en unos y en otros. Pero lo confieso: para esta competencia yo estaba muy tranquilo. Me tocó compartir la habitación precisamente con François López-Ferrer, el tercer finalista, y entonces conversamos tanto y uno se da cuenta de que la vida de otros directores es la misma que transita uno; entonces los días fueron pasando y las rondas eliminatorias se sucedieron, y una tras otra, y siempre mi nombre era el primero que mencionaban, por el orden alfabético y entonces ya no había mucha tensión. Luego llegó el viernes y cuando me mencionaron entre los tres finalistas ya para mí ese era un premio, el haber superado a otros 90 competidores. Ya estaba completamente sereno para este último día del domingo. Y antes de subirme al podio me dije a mí mismo: “ya hice todo lo que tenía que hacer… ya a estas alturas no puedo cambiar nada, ahora lo voy a disfrutar y ya me siento premiado”.

Rodolfo en el momento de uno de los sorteos cuando comenzaban las pruebas eliminatorias

—¿Y qué fue lo que pudiste hacer para ganar?

—Para mí la preparación para un concurso no solo depende del mes antes cuando eres seleccionado para participar, que fue este el caso. La preparación para un concurso viene de años atrás; me preparé para esto desde que yo comencé a tocar violín, desde que me formé en las orquestas de El Sistema; también cuando comenzaron a darme la oportunidad de dirigir a esas grandes orquestas como la Simón Bolívar, o a las infantiles y juveniles de nuestro país. También está el hecho que desde pequeño nosotros en El Sistema nos formamos escuchando y aprendiendo a tocar con los grandes compositores, entonces las obras que exigían en la competencia ya muchas las conocía. Esa fue la formación que tuve para esta competencia.

Pero también la preparación está dentro de uno mismo: mucha fe, muchas ganas de superarme, muchos deseos de ganarme la vida con lo que elegí hacer y disfrutar lo que hago, sentirme pleno y feliz haciendo música. Entonces te confieso algo: yo no dirigí para una competencia, dirigí a la orquesta para sentir nuevamente el placer y la emoción de hacer música y sonidos hermosos. Y este domingo, cuando era de esperarse que yo sintiera un sustico, me dije: “Pues ya, voy a ser sincero conmigo mismo y voy a hacer lo que yo se hacer: disfrutar, danzar la música y compartir con la orquesta”.

—¿Crees que todo eso que acabas de señalar te permitió ascender y colocarte por encima de los otros competidores y finalmente ganar?

—Esto lo puedo responder con las mismas palabras del jurado, cuando al final de la premiación ofrecieron una rueda de prensa y les preguntaron a los maestros qué estaban buscando ellos en un director ganador. Y ellos respondieron: un director que pudiera sacar lo mejor de la orquesta, que pueda hacer de la música una experiencia hermosa y de nivel y, por supuesto, que reuniera las exigencias técnicas.

Recuerdo que durante las pruebas y rondas, algunos maestros me comentaron que uno de los aspectos que estuvo a mi favor fue la seguridad con la que yo pedía lo que quería a los músicos de la orquesta, que aunque el jurado no estuviese de acuerdo con lo que yo estaba exigiendo, ellos estaban apreciando mi relación y sinergia con la orquesta.

Con los dos finalistas: la asiática Jiajing Lai (segunda) y François López-Ferrer (tercero)

—La Orquesta Filarmónica de la Universidad Autónoma de México está integrada por músicos entre adultos y mayores, al menos de mucha más edad que tu. ¿Cómo te sentiste ante esa característica? ¿Cómo maneja un joven director el hecho de tener al frente a maestros y profesionales de mucha más trayectoria y los mejores en sus instrumentos?

—Esa es otra de las enseñanzas que nos dan en nuestro Sistema de Orquestas y Coros de Venezuela: el respeto y la admiración pasa por hacer música al más alto nivel posible, y en ese punto las edades se conjugan, es decir, la relación de uno como director joven con una orquesta de músicos mayores es una experiencia de hermandad, de crecimiento, de compartir lo que unos y otros tenemos, de aportar unos la sabiduría y otros la frescura, y esa no es una experiencia nueva para mí. Dirigir a la Simón Bolívar, con maestros grandes, admirables, sabios, pioneros del Sistema, es una de la pruebas que nos colocan para que aprendamos.

—En esos momentos en los que ibas a comenzar la prueba final, el concierto decisivo, ¿recordaste algún consejo del maestro José Antonio Abreu o de tus profesores, de la maestra Teresa Hernández, con quien te iniciaste en la dirección orquestal, o de tu maestro de violín, José Francisco del Castillo?

—Sí, era un secreto, pero ya no lo es porque te lo voy a decir aquí: recordé que el maestro nos decía, al comienzo de un concierto, que disfrutáramos cada minuto del concierto haciendo una comunión de alegría entre el director, los músicos y el público. Recordé que el maestro Abreu nos dijo: “si tienes 30 minutos úsalos para ofrecer música hecha con amor y pasión”. Y disfruté este concierto final, a mis anchas. Y ahora que te digo esto, pienso que algo se accionó para que el jurado se decidiera por mí y creo que fue la alegría y amor con la que pude dirigir.

Este es Rodolfo Barráez: seguro, carismático, con una sólida formación y hermosa imagen escénica

Con el mundo en su batuta

Complejas son las cualidades que debe tener un director de orquesta: desde temple y espíritu de líder, habilidades técnicas, conocimientos de cada instrumento y fila de la orquesta, manejo de los tiempos de un ensayo, psicología, encanto y poder de convencimiento frente a los músicos, clara y hermosa gestualidad, y ahora, hasta ser bien parecido y entrar a los escenarios cual divo o estrella.

Todas esas cualidades y más parece tener este muchacho falconiano, de madre gerente e ingeniera y padre político y periodista (fue alcalde de Coro). Él es el segundo de tres hermanos, quienes también estudiaron música pero tomaron el camino de la medicina como profesión.

Ahora este premio coloca a Rodolfo Barráez ante un abanico abierto de oportunidades. Ya van sonando por allí ofertas de ir a dirigir a Buenos Aires y a España, porque en estas competencias siempre hay “caza talentos”, y que en el caso de Barráez tendrán que contactar a sus representantes de Quatre Klammer (www.quatreklammer.com), la empresa internacional de representaciones artísticas que llevan dos venezolanos ampliamente conocidos en la gerencia musical, como lo son Arlette Dávila y Rafael Elster.

—¿Cuáles son las perspectivas que te abre este premio? ¿Qué quieres seguir haciendo musicalmente?

—A partir de ahora tengo seguros 20 conciertos con orquestas de México y otros países, como parte del premio; seguiré por supuesto mis estudios de Dirección y de ópera en Berlín; tengo que agendar las nuevas presentaciones con las clases de la universidad y con mis conciertos con orquestas en Alemania. Poco a poco veré cómo compaginar todo. Pero estoy muy feliz y agradecido por todas las oportunidades que tengo frente a mí.

Su foco actual son los estudios pero las propuestas tocan la puerta / Foto: Quatre Klammer

—¿Cómo quieres que sea tu estilo de director? ¿Piensas que tienes el mismo "molde" o solo son influencias de los directores del Sistema, como Dudamel o Matheuz o Vásquez?

—Yo me formé en una orquesta en la que tuvimos la oportunidad de tener a muchos directores importantes, desde el mismo Gustavo Dudamel hasta Claudio Abbado, Simon Rattle, entre otros grandes nombres. Y las improntas o influencias de ellos no las podemos obviar ni desconocer, son nuestros maestros. Entonces en estos comienzos uno siempre toma una cualidad de uno y de otros toma otros aspectos, hasta que el tiempo creo nos va dando nuestra propia personalidad, porque además, por más que uno quiera parecerse a otro director eso no funciona porque, por ejemplo, cada quien tiene un cuerpo diferente, una gestualidad distinta, una energía distinta y en fin, una personalidad que finalmente se desarrolla y sale. Y para terminar de responderte, al menos en mi caso, actualmente, me encanta transmitir lo que soy en el podio, con mi batuta: serenidad y alegría.

—¿Qué es lo más difícil de irse a Alemania, fuera de tu país?

—La parte más difícil es alejarse de la familia. Yo trato siempre de estar comunicado, cada vez que tengo chance. De resto creo que soy disciplinado y trato de llevar una vida de estudio y trabajo muy enfocada.

Venezuela desde Berlín, ¿cómo la ves, cómo se ve?

—Cada día que me levanto y leo las noticias, es muy triste porque cada vez son más desgarradoras las historias de lo que pasan los venezolanos en estos tiempos. Por eso una de las cosas que más me ilusionaba de ganar este premio, lo que más me estimulaba, era poder darle a los venezolanos una buena noticia. Mi premio es regalarle esta alegría a Venezuela al menos por un día.

Y ha sido impresionante la atención que he recibido de los medios de comunicación, de aquí de México y de allá; de la gente y lo que me escriben los venezolanos desde todas partes del mundo, cantidades de venezolanos que ni siquiera saben quién soy. Entonces, lo que más me ha alegrado es que pienso que este es mi pequeñito aporte, que estoy haciendo algo para dar alegría y orgullo en medio de esta dura situación que vivimos los venezolanos, y quiero que todos sientan que este premio es de y para Venezuela y para que los venezolanos lo disfruten como suyo.

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