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Sábado, 18 de Noviembre de 2017

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Opinión

Diversidad en perspectiva | Pensamiento crítico contra las discriminaciones modernas

Venezuela y la maternidad obligatoria

Venezuela y la maternidad obligatoria
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Las mujeres en la sociedad venezolana se encuentran ahora más que nunca obligadas a convertirse en madres. No pueden prevenir y planificar los embarazos, pero tampoco pueden interrumpirlos

La sociedad venezolana, como bien lo ha señalado Samuel Hurtado en su libro La sociedad tomada por la familia, posee un carácter matrisocial, es decir, en la que existe un supersímbolismo y una sobresignificación de la figura materna. Desde esta perspectiva la mujer no es considerada tal hasta que no se hace madre, la maternidad es una institución, asumida como la única y verdadera realización de la mujer, pero también como proveedora de estatus, autoridad y respeto tanto familiar como comunitario, por lo cual la mujer que no quiere o no puede tener hijos es siempre percibida como incompleta.

De acuerdo a ello, las niñas desde sus primeros años de vida son socializadas para el rol materno, en primer término al proporcionarle juguetes e involucrarla en juegos que emulan la maternidad y la crianza, y más tarde convirtiéndolas en madres de sus hermanos. Estos hechos favorecen la configuración de la maternidad como el ideal, el sueño de toda mujer, lo cual además goza de gran aceptación social, aunque la madre se atreva a engendrar a muy corta edad, con dificultades económicas, problemas familiares, entre otros.

Esta perspectiva, aunada a la pobreza, la deserción escolar, las uniones tempranas, la violencia por razones de género, el limitado acceso a la anticoncepción (ya sea porque no se poseen recursos económicos para su adquisición o por la ausente educación sexual), y la inexistente o precarias políticas públicas específicas dirigidas a prevenir el embarazo adolescente, han convertido Venezuela según el informe Estado de la población mundial del Fondo de las Naciones Unidas para la Población, en el segundo país de América del Sur y el tercero de toda América Latina con la tasa de natalidad más alta en mujeres entre 15 y 19 años, específicamente 95 por cada 1.000, seguido de Honduras 101 y Bolivia con una tasa de 116.

Según datos nacionales, alrededor de 22% de los nacimientos que ocurren en el país son de madres adolescentes, 15% de estos embarazos ocurren en niñas con edades entre los 10 y los 12 años, y el 85% restante corresponden a adolescentes entre los 15 y 19 años de edad. Esta situación se ha profundizado en los últimos años ante el escenario de inestabilidad, desequilibrio y vicisitud económica y política que enfrenta el país, la precarización de la existencia, la escasez de anticonceptivos, y el mantenimiento de un marco jurídico que continúa criminalizando la interrupción voluntaria del embarazo; hechos que han favorecido el incremento de los abortos en condiciones de riesgo, en espacios insalubres, inseguros, sin información, sometiendo a las mujeres venezolanas a la incertidumbre de pasar a engrosar las estadísticas de muertes maternas.

Es decir, las mujeres en la sociedad venezolana se encuentran ahora más que nunca –y no solo por la idealización y los imaginarios construidos en torno a la maternidad–, obligadas a convertirse en madres. Adolescentes o adultas no pueden prevenir los embarazos porque no reciben educación sexual y no tienen acceso a los anticonceptivos (por su escasez y su alto costo); es decir, el Estado no garantiza su derecho a la planificación familiar, pero tampoco pueden interrumpir los embarazos no deseados que el Estado venezolano no les ha permitido evitar porque el aborto continúa siendo tipificado en el Código Penal como un delito.

No obstante, en este contexto, y obviando las alarmantes cifras de embarazo de adolescente, el alto costo de mantenimiento de un hijo, el 51% de mujeres sin ingresos propios (inactivas laboralmente según datos del INE 2015), desconociendo los preocupantes niveles de escasez de anticonceptivos y las defunciones por aborto, el presidente Nicolás Maduro recientemente ha llamado a la juventud a procrear: “Eso es lo que queremos, la patria estudiando, la patria trabajando y la juventud procreando. Venezuela tiene que crecer, tenemos 30 millones de habitantes, aquí pueden vivir 60, 70 millones de personas”. Esperemos pues que esta perspectiva oficial no contribuya a la profundización de la problemática del embarazo adolescente, la legitimación y mantenimiento de la penalización del aborto, así como a la criminalización y patologización de sexualidades alternativas, no heteronormadas y por tanto no reproductivas.

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