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Martes, 25 de Septiembre de 2018

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¡Arrival, carajo!

¡Arrival, carajo!
Imagen tomada de http://2o3cosasquesedecine.blogspot.com -

Si no han visto La llegada (Arrival, 2016) y no quieren ser víctima de un espoilerazo, mejor sepárense ya de estas líneas de anticipación y retroceso

Acabo de ver La llegada (Arrival, 2016), el film de Denis Villeneuve protagonizado por Amy Adams y basado en un relato de Ted Chiang y he quedado impactado por algo en particular.

La película, con muy buena recepción por parte de la crítica y los espectadores, trata sobre la aparición de una docena de naves enormes, con forma de semillas de guama, en distintos lugares del planeta y de los esfuerzos por establecer comunicación con los extraterrestres. De entrada descartan a Chomsky porque está ocupado recogiendo firmas con Danny Glover para avalar un régimen del norte de la América del Sur tan corrupto y autoritario que también parece estar viajando en el tiempo, pero pa’trás, y recurren a una lingüista y a un físico teórico que eventualmente descubren que los calamares –parece ser el género al que pertenecen los visitantes–pueden moverse en el tiempo, o ver lo que va a pasar, y es un don que puede trasmitirse a través del conocimiento de su lenguaje, lo que también explica que aterrizaran antes del triunfo de Trump, cuando los coroneles negros como Forest Whitaker todavía tenían comando asignado y no había cerca ningún profesor de secundaria armado por la NRA para disparar a humanos y extraterrestres que no crean en el creacionismo.

Asumo que si han llegado hasta acá es porque vieron la película, o porque tienen un componente sadomasoquista que también explicaría que estén leyendo esta nota ociosa en vez de estar metidos en una de Muñoz Molina, Gisela Kozak, Alberto Barrera o cualquiera de las otras columnas de Contrapunto, con seguridad más serias e interesantes que este texto donde procedemos a revelarles que una de las doce naves se detiene sobre Venezuela, sin haberse accidentado, deliberadamente. Rusia, China, Australia, Pakistán, Sudán y Venezuela. Lo de Sudán también es insólito, pero eso se lo dejo al escritor nubio de “Cable al norte”, la columna que escribe mientras se prepara para sortear el Mediterráneo en una de las balsas de Weiwei.

La pregunta que nos hacemos tanto los investigadores del IVICh (El Instituto Venezolano de Investigaciones Chavistas) y los emigrados empeñados en fundar el Centro de Estudios Venezolanos “Atilio Borón Vive (pero allá)” (el CEVA), es: ¿Por qué sobre Maracay? He aquí algunas respuestas propuestas:

1. Supieron de los golfeados de Cagua.

2. Intentan liberar a Baduel.

3. Traen leche en polvo, carne uruguaya y caraotas nicaragüenses (en el doblaje de este artículo para Argentina: porotos negros del pedófilo sandinista).

4. ¿Se pararon a preguntar por dónde se va para Cata y Cuyagua?

¿Por qué no Caracas? Esa pregunta se la hicieron los del Ivich, porque para nosotros está clarísimo: cada vez que abrieran la puertica, con o sin gravedad, desaparecería algo y además, tarde o temprano, uno de esos macrocalamares terminaría abducido y convertido en un gigantesco asopado de marisco, para saciar el hambre de los vecinos de Catia, El Valle, Chacao y hasta La Urbina (“¡Date con todo que no tiene espinas!”). O un mega risotto negro, para aprovechar la tinta.

Vamos a suponer que lo del lenguaje de los heptápodos es cierto –si no la han visto y les gusta la ciencia ficción de verdad tienen que verla, es buena–, no un subterfugio para entrompar Venezuela (cuando en el film se comienza a hablar de saqueos lo primero que se menciona es nuestro país, así de realista es Villeneuve), y el asunto es tratar de traducirlo. En el caso de Venezuela la cosa sería bastante cuesta arriba, porque no debe quedar ni un, no digamos profesor de lingüística o de idiomas, sino de las Escuelas de Letras. Todos están en Francia, México, República Dominicana, Perú, Estados Unidos, o muertos en Choroní. A menos que la parada en Maracay haya sido precisamente para buscar a mi profesora de Castellano de segundo año en el Valentín Espinal, Alida de Rodríguez, que claro que les hubiera resuelto ese calamar, pero tendrían que haber llegado cuarenta años antes, porque ya debe estar muerta.

Claro, es posible que también hayan contado con la extraordinaria habilidad de los venezolanos para adivinar películas y palabras a través de juego de mímica o dibujos, como el “Pictionary”, y eso explicaría el gesto con las manos universalmente conocido de Jeremy Renner, que podría traducirse como “voy a picarla en silabas”.

Otra hipótesis más creíble que lo del lenguaje atemporal es que once naves estarían solo como mamparas para encubrir la acción de la principal, la que flota sobre la ciudad cuartel de Venezuela, y sería una acción enmarcada en la invocación de la Carta Intergaláctica, hecha por Almagro ante la incompetencia mostrada por la OEA y la ONU y frente al cinismo interestelar de la dictadura y sus aliados internacionales (las naves sobre China y Rusia sería como para decir: “ustedes se me quedan tranquilitos y apuntan el gas nervioso para otro lado”).

Sabemos que algo van a hacer y que varios de los tenientes coroneles detenidos la semana pasada seguramente eran una avanzada alienígena fácilmente reconocida (ese maldito e indoblable dedito meñique); que esta vergüenza para la raza humana en que ha devenido el chavismo no va a continuar, que esto no se va a quedar así y algo harán una vez que terminen con los golfeados, o dejen ese inquietante diálogo usando la mímica con Zapatero.

Y ahora, como un homenaje al formato de la serie de alienígenas más famosa de los años sesenta, Los Invasores, los dejo con un

EPILOGUE

(tendría que hacer el efecto de la grietica, pero nunca he sido bueno con el power point, o el photoshop)

Si están interesados en otra de mis críticas cinematográficas tengo una sin escribir sobre La forma del agua o “Todo lo que querías saber sobre la vida sexual del monstruo de la Laguna Negra, si viste las películas cuando tenías once años”, que incluiría la debatible afirmación de que el guión fue escrito para Del Toro por Javier Bardem mientras seguía imbuido por su rol de villano en la última película de James Bond, aquélla donde mataron a Judy Dench y hasta Daniel Craig se quería morir.

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